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19 diciembre 2014

Sociedad enferma...

Creo que nuestra sociedad está enferma de exceso de información. Amontonamos datos y más datos que cada vez nos llegan en oleadas más grandes y por medios más sofisticados e inmediatos sin capacidad de procesarlos adecuadamente. El resultado es triste de contemplar, pues lejos de alcanzar la sabiduría, la excesiva información produce nuevas patologías. 
Un ejemplo es la ortorexia, la obsesión patológica por la comida denominada sana, biológica, orgánica o similar. Cada día medios de todo tipo depositan en nuestro imaginarios miles de imágenes, mensajes, ideas, eslóganes, etc. Que no somos capaces de comprender en su complejidad. En parte porque nos falta perspectiva, o porque nos falta tiempo y capacidad de decodificación de los mensajes que tratan, más allá de informarnos para que nos formemos nuestra propia opinión, de darnos la opinión ya formada para que la aceptemos como nuestra, es el funcionamiento de lo políticamente correcto, mensajes sobre lo que se debe pensar y creer como aceptable en la sociedad de hoy, de forma que el que discrepa, aunque sea razonadamente, es condenado a las nieblas exteriores. 
Otro ejemplo, el otro día un tertuliano llamaba imbéciles a los eclesiásticos que opinaban diferente a lo oficial sobre el tema de la homosexualidad, aquella vieja discusión de si es natural o adquirido. El otro apostillaba sugiriendo si esa opinión no debería ser un delito y, como tal, perseguido. El oyente solo puede asentir a tan sesudas interpretaciones, o ser proscrito también si discrepa. Ya se sabe, fuera hace frío, asiente no vaya a ser que… los mismos que se amparan en la libertad de expresión la condenarán si es para opinar diferente. Es la feria de los hipócritas llevada al extremo. En este lado de los creadores de opinión, la gente se siente bien y satisfecha consigo misma si percibe que su armario de ideas y conceptos, aquellos criterios que elige como los que conforman su visión de la vida y de los demás, son los correctos, los aceptados y aceptables. Está a favor de lo bueno y en contra de lo malo, de que la gente trabaje y no esté en el paro, de que haya sanidad y educación para todos, de que todo el mundo haga lo que quiera y sea feliz con ello (aunque eso implique conductas disfuncionales, mientras no les toque a ellos personalmente no es un problema), de que llueva en invierno y haga sol el verano, de que el protagonista mate al malo al final de la película y todo termine con las notas de una canción emocionante. Se viste siguiendo la moda, come o piensa que debe comer sano (la mayoría de las veces sólo esto último), va a los lugares donde va la gente y rehuye los espacios vacíos (como si la ausencia de masa humana le diera cierto vértigo). Y así en una larga lista de actitudes que procuran cambiar para adaptarse a lo socialmente aceptable, incluso cuando protesta y disiente lo hace de modo organizado, en la línea que se debe protestar y contra los que se debe protestar. Que si eso mismo lo hacen los otros, no es lo mismo, donde va a parar. El resultado es ese pensamiento mágico o whisful thinking que cree que pensar y opinar lo correcto y estar al lado de lo aceptable, hará que pase sin más planteamientos y sin un conocimiento certero de cómo es la realidad y cómo son los seres humanos. Que tampoco tiene que hacerse nada, basta con tener buenos sentimientos… 
Una gran crisis para este tipo de personas es cuando se dan cuenta de que tener buenos sentimientos no sirve de nada si no te lleva a actuar en compromisos concretos, si no se manifiesta en acciones. Eres lo que haces, no lo que piensas. Lo que eres por dentro sólo importa por lo que te hace hacer, lo demás es simple e inútil buena voluntad
La segunda gran crisis es cuando esta persona intenta hacer algo y tropieza con sus propios límites, por una parte descubre que las cosas parecen mejores en el mundo de las ideas, pero que en la realidad las cosas son sutil o bruscamente diferentes, empezando por sus propias resistencias y debilidades que le ponen por delante el desafío de mejorar. Y resulta que todo dentro del individuo va a resistirse a cambiar. Lo otro es más cómodo, el egoísmo de vivir instalado en la zona de confort de la opinión prefabricada y los eslóganes de moda se resiste a dejar el sofá de una vida anodina y borreguil. Pero es lo que hay si quieres ser algo más que un estúpido depósito de ideas y opiniones ajenas, de conceptos políticamente correctos y a la moda. Y la gran pregunta para despedirme hoy, ¿están cómodos en su zona de confort?

15 febrero 2013

Nos importan más los perros...

Tengo esto un poco abandonado, el vértigo de la información diaria, la inmediatez de twitter y facebook, que las tareas diarias se me hayan multiplicado sin buscarlas, en fin que no me da tiempo a poner por escrito lo que me gustaría.
Pero para los lectores impenitentes que vuelven a echar un vistazo, quiero compartir este retazo de mi blog radiofónico sobre asuntos que se quedan viejos en un par de días. A ver si sigo:

"Mientras absolvían al doctor Morín por el homicidio de niños de hasta siete meses, esta semana pasada ha habido gente manifestándose en Sevilla a favor de los perros abandonados… y uno no puede menos que pensar que algo no funciona en el sentido de los valores ante tal desatino.
En cierto programa de televisión alguien afirmaba que trataba a su mascota como un miembro más de su familia, de ahí a tratar a un miembro de su familia como si fuera una mascota hay muy poco trecho.
¿Les parece que exagero? Lo mismo hemos pensado en otros momentos respecto a asuntos parecidos. Cuando en los ochenta se despenalizaron los tres supuestos del aborto basados en la salud de la madre, la viabilidad del feto o la concepción por violación, el argumento era el dilema que suponían esos casos. El aborto era algo malo que se consideraba un mal menor en ocasiones muy concretas. De repente y tras unos años de progresiva deshumanización y entronización del egoísmo y el confort personal como estilo de vida, hemos llegado a considerar el aborto no como un mal, sino como un derecho. Es decir, ha pasado del código penal al de los derechos humanos sin que nos podamos explicar exactamente por qué. ¿Y les parece que exagero si digo que empezamos tratando a las mascotas como miembros de la familia y acabaremos tratando a miembros de la familia como mascotas? Visto lo visto es cuestión de tiempo, me temo."

 A esto le falta una observación que me reservo para otro post. Saludos.

08 marzo 2012

Del amor y del trabajo

Christopher Lasch: «La mejor defensa contra los terrores de la existencia es el consuelo doméstico del amor, el trabajo y la vida familiar, que nos vinculan a un mundo independiente de nuestros deseos aunque sensible a nuestras necesidades. A través del amor y del trabajo, como Freud hacía notar en una anotación característicamente mordaz, podemos sustituir el conflicto emocional arrasador por una insatisfacción común y corriente. El amor y el trabajo nos capacitan para explorar un pequeño rincón del universo y llegar a aceptarlo como es». 
Eso sí, conviene reparar en que la sociedad en la que vivimos «tiende a devaluar esos pequeños consuelos o bien a esperar demasiado de ellos. Nuestros criterios acerca de lo que es “trabajo creativo y con sentido” son demasiado exaltados para que puedan sobrevivir el desengaño. Nuestro ideal del “verdadero enamoramiento” deposita en las relaciones íntimas una carga que resulta imposible sobrellevar. Exigimos demasiado a la vida y nos exigimos demasiado poco a nosotros mismos».

Christopher Lasch. La cultura del narcisismo (The Culture of Narcisism, 1979; revisión y posfacio del autor de 1990).

10 enero 2012

Abraza la vida

Hay formas de decir las cosas, algunas más duras y otras más hermosas y no por ello menos eficaces. Esta campaña lo demuestra. Gracias a los amigos de Google+ que comparten estas cosas.

02 enero 2012

Novedades

Tengo que reconocer que a mi también me pasa. Me fascina lo nuevo, como diría Spock, debe ser algo atávico y compartido por la inmensa mayoría de la especie humana. No me atrevo a decir que por todos porque seguro que alguno que es inmune a tal atracción.
Si miramos alrededor, vemos que todo está continuamente reinventándose. Incluso las cosas más habituales lucen, con cierta periodicidad, la etiqueta de "¡Nuevo!" para volver a atraer la atención de los habituales o de los indecisos. Abren un nuevo local de lo que sea y, al menos durante un tiempo, concita la atención de las masas. Aunque hay que reconocer que el poder de la novedad tiene un efecto limitado y muchas veces la marcha de la multitud es tan rápida como su llegada.
Estrenamos año nuevo y como cada principio de año sentimos la ilusión de lo nuevo, el cosquilleo de empezar algo, como si hubiera realmente un "algo" en blanco, virgen y sin usar que tuviéramos que llenar de alguna cosa. Como si hubiera alguna novedad real en lo que hacemos a partir de la "hora mágica" en que los dígitos cambian. Buenos propósitos, deseos de felicidad, incertidumbres, todo se agolpa... para, en demasiadas ocasiones, caer en el olvido unas semanas después, justo como tantas novedades que dejan de serlo.
Y aún sabiendo todo eso, no puedo evitar desear que algo cambie y, a la vez, me pregunto si seré capaz de movilizar las energías necesarias para el cambio. Porque querer que algo pase y esperar que suceda sin hacer nada es cosa baldía, evidentemente. De momento me gustaría renovar el esfuerzo por ser un poco menos "erizo" con los cercanos y los lejanos, aunque ese efecto secundario de la timidez es muy complicado de gestionar.
Bueno, ya está bien la parrafada, que tengan todos ustedes un feliz año nuevo y se aseguren que sea así para los demás. Como bonus del día el vídeo de las bolitas que corre por ahí, hay algo hipnótico en su movimiento...

11 junio 2011

Neurótico sin remedio

Me ha venido a la mente este relato breve de Toni de Mello en "El canto del pájaro":
"Durante años, fui un neurótico sin remedio, y todo el mundo me decía una y otra vez que tenía que cambiar por mi propio bien. Y entonces yo me enfadaba, me sentía culpable y no lograba cambiar.
Lo peor era que mi amigo del alma también me exhortaba a que cambiase, pero con él no me podía enfadar, y me sentía triste e impotente.
Hasta que un día mi mejor amigo me dijo: `No cambies, no cambies. Te quiero tal como eres, y nunca dejaré de quererte aunque no cambies'.
Sus palabras 'No cambies... Te quiero tal como eres...' me sonaban a gloria, y me sentí liberado interiormente de un gran peso; y ¡oh maravilla! CAMBIÉ".

Tengo amigos y amigas que, por mi bien, me instan a cambiar. Siempre he tenido esos amigos. Llevo toda la vida intentando cambiar y, si me pongo a hacer balance, debo a sus buenos consejos muchas de las buenas cosas que hay en mi y el haberme dado cuenta de cosas que tengo que controlar o dejar atrás. Han sido en muchos momentos como un espejo que me permitía ver todo lo que en mí era o es erróneo y fallido.
Yo mismo he jugado ese juego de querer cambiar a mis amigos. Pero ya no más. No puedo evitar opinar porque la alternativa es parecer que te importa un bledo lo que les pase y no es eso, pero nada de intentar cambiar a nadie, eres así y estoy contigo así como eres. Y si no es posible, pues aquí paz y después gloria, hablemos de otra cosa.
Pero me cuesta, me resulta complicado aceptar tanto buen consejo y tener que empezar disculpándome por ser como soy cada vez que encuentro a alguno al que he defraudado por no estar a la altura. Esa culpabilidad, como si hubiera fallado a un compromiso no escrito.
Luego están los que dicen "nunca cuentas nada" y tienes que demostrarles (más que recordarles) que cuando lo has intentado has tenido que callar porque al final ellos tenían tanto que contarte y expresar de sí mismos que no tenían paciencia para escucharte como tú lo necesitabas. O han acabado aconsejándote cuando tú lo que necesitabas era simplemente que te escucharan.
No sé, creo que tengo amigos/as que no merezco (no estoy a la altura) y que en algunos momentos soy un neurótico sin remedio al que debían dar por perdido.
O no, quién sabe.
Feliz Pentecostés.

12 septiembre 2010

Novedades del blog

Entre los cambios que he introducido para esta nueva temporada, podéis ver que en la sección de comentarios de cada artículo aparece una lista de botones que nos permite compartir el contenido en las redes sociales más habituales. Los botones son los que incluye blogger por defecto: gmail, blogger, facebook, twitter y buzz. Aparecen para cada artículo.
Igualmente he añadido un botón con el conocido "Me gusta" de Facebook en cada artículo y hay uno general en la columna de la izquierda para el blog en conjunto. También he cambiado el "widget" de Twitter que tiene ahora otra apariencia.

Ya saben, las redes sociales es lo que se lleva... hasta cierto punto, ¿no les parece?


Vía 233grados.com.

03 julio 2010

Amistad y familia (I)

MARY: "La amistad, dicen, es el modo que tiene Dios de pedir disculpas por tu familia."

In plain sight (2008)

Lo he encontrado en el "Diario de Mr. MacGuffin" y no he podido menos que coincidir con la frase. En algunos casos y en algunas casas, sólo la amistad hace llevadera la familia. Y me refiero a los amigos y amigas de fuera del entorno familiar, por supuesto. Quizá más de uno que lee esto pueda también estar de acuerdo en que hay un momento en tu vida en que aparecen los amigos, tal vez siempre estuvieron ahí, pero sólo en ese momento "aparecen" en el sentido de que te percatas de la importancia que tienen, del valor de su escucha, su atención y su disponibilidad. Cosas a las que procuras responder porque la amistad es un camino de doble sentido. La amistad es estar siempre en deuda e ir sembrando deudas en el corazón de los demás incluso sin querer o sin darte cuenta.
Cuidemos a los amigos, he dicho.

01 julio 2010

No es que odie a la gente...

...es que estoy más a gusto cuando no hay nadie cerca."

(Visto en Microsiervos, no he podido resistirme a ponerlo aquí).

25 abril 2010

Ven aquí

Pues eso, a veces me toca decir esto, a veces me gustaría que alguien me dijera esto. Sólo eso.

01 abril 2010

Amar verdaderamente

"Si amas algo,
déjalo en libertad.
Si vuelve, es tuyo.
Y si no,
Nunca lo fue"
(Proverbio oriental)

José Vicente BONET (1)
Revista SalTerrae.

Las relaciones necesarias
La persona humana es necesariamente relacional: nace y crece, vive y muere en relación con otras personas y otros seres, en una interdependencia insoslayable. Yo-soy-yo-en-relación con los demás y con lo demás. Y no puede ser de otra manera. Ser persona significa ser con-otros.
Tal vez sea eso lo que quería decir Ortega al afirmar: "Yo soy yo y mi circunstancia". O como ha dicho, a modo de glosa, un pensador contemporáneo: "Lo que soy no sería (no sería yo humano) sin la circunstancia social que me reconoce e inmortaliza" (F. Savater).
Así pues, el mapa de nuestras vidas puede ser visualizado simbólicamente como una red interminable de conexiones más o menos fuertes con otros seres humanos que nos necesitan y a los que necesitamos para sobrevivir y para vivir. "Yo sólo existo en compañía de mi prójimo; solo, no soy nada", ha dicho con toda razón un teólogo (A. Torres Queiruga); y el filósofo antes citado, tachado de individualista, cuerdamente nos recuerda que "es idiota quien cree que puede ocuparse bien de sí mismo cuando se despreocupa de todo lo demás que le rodea" (F. Savater).
Los zapatos que calzo, el vestido que llevo, la casa que me cobija, el pan que me alimenta, el libro que me enseña, etc., etc. me remiten a otros seres humanos (muchos probablemente desconocidos) que han hecho posible la existencia de esos zapatos, ese vestido, esa casa, ese pan, ese libro... que yo reclamo como míos y que no son exclusivamente míos.
La interdependencia se acentúa cuando consideramos el desarrollo integral de la persona. Nos es literalmente imposible crecer y madurar como personas sin la colaboración de otra u otras personas. "Así como las manzanas maduran con el sol, los hombres maduramos en presencia de otra persona, en colaboración con ella" (G. Torrente Ballester). "Presencia", "colaboración", no dependencia o imposición.
De entre las innumerables relaciones que tejen la urdimbre de nuestra existencia, prestaremos atención a las relaciones amorosas de pareja y de amistad íntima. En ambos casos, tan ricos y tan enriquecedores, acechan también peligros que las pueden deteriorar y aun destruir. Y aunque son diferentes, lo que vamos a decir puede adaptarse provechosamente a ambas.
Las relaciones peligrosas
La cita inicial nos invita a dejar en libertad a quienes amamos. Dejar al otro -o a la otra- ser libre conlleva el riesgo de que ese otro u otra se aleje tanto que el hilo que nos unía se vaya adelgazando hasta el punto de romperse. Si sucede tal cosa, tal vez la razón esté, como sugiere la cita, en que la fortaleza de la relación era más aparente que real.
El peligro opuesto en una relación amorosa es que una de las partes intente absorber a la otra y poseerla exclusivamente, de tal manera que ya no haya una relación entre dos personas únicas, libres y autónomas. Ninguna persona que se precie quiere abdicar de ser quien es cuando se adentra en una relación íntima. Y aunque esté dispuesta a unirse con la otra, no está dispuesta a fundirse con la otra y desaparecer en ella. Quiere, con todo derecho, mantener su intransferible autonomía como persona, soñar sus sueños, proyectar sus proyectos, dar alas a sus aspiraciones personales.
Está dispuesta, sí, por amor, a adaptarse en libertad, a potenciar y ser potenciada, y a colaborar en un proyecto común, dialogado y consensuado. Como dice Saint-Exupéry, dos personas se aman no sólo cuando se miran amorosamente la una a la otra, perdiendo de vista al resto del mundo, sino también cuando miran juntas en una misma dirección.
Se dice a veces que los matrimonios y amistades íntimas que duran son aquellos en los que uno de los cónyuges o amigos se resigna a ser la sombra del otro, la voz de su amo. ¿Tiene que ser así? ¿Conviene que sea así? ¿No puede ser de otra manera? Invitamos al lector a que intente responder sinceramente a estas preguntas a la luz de su propia experiencia.
Las relaciones enriquecedoras
Damos por supuesto, para comenzar, que para que una relación interpersonal sea enriquecedora se ha de fundar en el respeto: respeto a sí mismo, respeto a la otra persona, respeto a la relación.
Pocas formulaciones de lo que aquí entendemos por"relaciones enriquecedoras" nos parecen más afortunadas que la de Virgina Satir, importante psicoterapeuta norteamericana especializada en la familia. Dice así:
"Quiero amarte sin asfixiarte,
apreciarte sin juzgarte,
unirme a ti sin esclavizarte,
invitarte sin exigirte,
dejarte sin sentirme culpable,
criticarte sin herirte,
ayudarte sin menospreciarte.
Si puedo tener lo mismo de ti,
entonces nos podemos
realmente encontrar
y enriquecernos mutuamente".
Esta declaración de intenciones, tan admirable como difícil en la vida cotidiana, apenas necesita aclaración o comentario. Lo que requiere es un esfuerzo denodado y continuo para ponerla en práctica.
Sin embargo, para facilitar esa práctica, comentemos brevemente algunas de sus frases lapidarias.
* "Amarte sin asfixiarte": el amor es peligroso. Su ímpetu puede ser tan arrollador, tan invasor, tan posesivo, que mutile o aniquile a la persona amada.
* "Apreciarte sin juzgarte": el aprecio genuino y equilibrado de las conductas del otro alienta, anima, sustenta. Los juicios globales de su persona son tan injustos como ineficaces.
* "Unirme a ti sin esclavizarte": el amor tiende a la unión de las personas que se aman, pero puede caer en la trampa de querer esclavizar la una a la otra, con grave detrimento de la relación.
* "Invitarte sin exigirte": el amor, o se da libremente o no es amor verdadero; por tanto, crece no por imposición, sino por invitación.
* "Dejarte sin sentirme culpable": si por "dejarte" entendemos un distanciamiento temporal y provisional, que puede ser saludable para la relación, está claro que no hay por qué sentirse culpable. Pero si entendemos una separación definitiva, la frase puede ser también aplicable a situaciones extremas: si el amor se ha extinguido realmente, ¿no sería mejor dar por terminada la relación?
* "Criticarte sin herirte": en el contexto de una relación amorosa, me atrevo a decir con Martín Descalzo que sólo tenemos derecho a criticar al otro si lo amamos de verdad y, por tanto, tenemos la obligación de hacerlo con amor, indicando lo negativo de la conducta del otro sin descalificar hirientemente la globalidad de su persona.
* "Y ayudarte sin menospreciarte": ayudar y dejarse ayudar desde la igualdad compartida es enriquecedor. De lo contrario fácilmente se insinúa el menosprecio, que tanto puede dañar una relación.
En otro lenguaje, una relación de amor es enriquecedora si en ella priman la fidelidad y la libertad mutua. Fidelidad de corazón y libertad de hecho, pues "dos personas se aman sólo cuando son realmente capaces de vivir la una sin la otra, pero eligen vivir la una con la otra" (M. Scott Peck).
Una relación de amor es enriquecedora cuando cada una de las personas implicadas deja a la otra ser como es, sin empecinarse en que cambie y sin forzarla ni manipularla para que cambie; cuando, además, está siempre dispuesta a colaborar en cambios mutuamente deseables y posibles.
Concluimos, pues, invitando a nuestros lectores a reflexionar sobre aquella anécdota que Tony de Mello cuenta en El canto del pájaro con éstas o parecidas palabras:
"Durante años, fui un neurótico sin remedio, y todo el mundo me decía una y otra vez que tenía que cambiar por mi propio bien. Y entonces yo me enfadaba, me sentía culpable y no lograba cambiar.
Lo peor era que mi amigo del alma también me exhortaba a que cambiase, pero con él no me podía enfadar, y me sentía triste e impotente.
Hasta que un día mi mejor amigo me dijo: `No cambies, no cambies. Te quiero tal como eres, y nunca dejaré de quererte aunque no cambies'.
Sus palabras 'No cambies... Te quiero tal como eres...' me sonaban a gloria, y me sentí liberado interiormente de un gran peso; y ¡oh maravilla! CAMBIÉ".
¿Nos dice algo esta parábola?


Se me ocurre un comentario. Todo esto está muy bien y es verdadero, pero no es verdadero para mí hasta que yo no vivo la experiencia del amor y la amistad, del gozo y del fracaso, del tener y el perder. Las meteduras de pata, los intentos de posesión, el planificarle la vida al otro o dejar que el otro me la planifique y luego rechazarlo porque me asfixia. Son pasos que se dan en el intento de llegar a ser amigo-amante-amado/a. Sólo cuando de alguna manera he vivido esto, me he dado cuenta de lo que hacía, de lo que me hacían, sólo cuando he pensado y reflexionado sobre lo que me estaba pasando, sólo cuando he experimentado todo eso y más, sólo después puedo hablar con sentido con palabras como las del texto anterior. No son instrucciones, son claves para entender mejor lo que me pasa, lo que nos pasa, para que no renunciemos al amor, pero tampoco a la inteligencia, a entender qué es eso que vivo y amar también con cabeza, no sólo con corazón.

(Rafael que hoy no tiene tiempo de un artículo más trabajado, más adelante será, ustedes disculpen)
1. Jesuíta,psicólogo, Valencia.

08 septiembre 2009

Es lo que necesitas


"All You Need is Love", cantaban The Beatles. Creo que es cierto, en el fondo incluso los más agresivos comentaristas necesitan cariño.

14 mayo 2009

Piensas así...


Algún debate reciente en los comentarios me ha recordado una situación no sé si muy similar, pero que alguna relación tiene con el debate.
Hace ya unos años mantenía una discusión bastante viva con una persona que se empeñaba en demostrarme lo equivocado y erróneo de cierta forma de ver las cosas. No recuerdo el tema a debatir y no es importante en este momento, podía ser política, religión, futbol, sexo o lo que se les ocurra, da igual. Lo que cuenta es que mi oponente de entonces estaba muy enfadado con cierta forma de ver las cosas y me estaba "echando la bronca" por pensar o mantener esos criterios. Cuando pude intervenir en su torrente de razones y no tan razones, le dije que vale, pero que yo no pensaba de esa manera que él suponía, es más, estaba dispuesto hasta a darle la razón en gran parte de lo que argumentaba... Pero cual sería mi sorpresa cuando, en vez de rebajar el tono, siguió insistiendo, "no, no, yo sé que tú también piensas de esta manera". Me quedé un poco perplejo, a mi "oponente" no le importaba la realidad, él ya tenía claro como son las cosas, si no resultaban ser como él las pensaba, no era importante, la cuestión era dejar sentada su visión por errónea que fuera.
No es la primera vez que me pasa, gente que ya sabe lo que pienso, cómo pienso y en nombre de quién o qué pienso, el resto es conocido, leña al mono que es de goma.
Intelectualmente patético, qué se le va a hacer. Así nos va y la generación LOGSE va a ser tremenda en este sentido.

06 marzo 2009

Soy una roca

Un día de invierno,
de un diciembre oscuro.
Estoy solo
mirando desde mi ventana
a las calles que hay abajo,
a un manto silencioso
de nieve recién caida.
Soy una roca,
soy una isla.
He construido muros,
una fortaleza poderosa
en la que nadie puede penetrar.
No necesito la amistad,
la amistad causa dolor,
desprecio la risa y el amor.
Soy una roca,
soy una isla...

No hablo de amor,
Pero he oído las palabras antes;
Duerme en mi memoria.
No perturbaré los sentimientos que dormitan
Que han muerto.
Si no hubiese amado nunca habría llorado
Soy una roca,
soy una isla...

Tengo mis libros
y mi poesía para protegerme;
Estoy resguardado en mi armadura,
escondido en mi habitación, seguro dentro de mi matriz.
No importo a nadie y nadie me afecta.
Soy una roca,
soy una isla...

Y las rocas no sienten
Y las rocas nunca lloran.
A winter's day
In a deep and dark December;
I am alone,
Gazing from my window to the streets below
On a freshly fallen silent shroud of snow.
I am a rock,
I am an island.
I've built walls,
A fortress deep and mighty,
That none may penetrate.
I have no need of friendship; friendship causes pain.
It's laughter and it's loving I disdain.
I am a rock,
I am an island.
Don't talk of love,
But I've heard the words before;
It's sleeping in my memory.
I won't disturb the slumber of feelings that have died.
If I never loved I never would have cried.
I am a rock,
I am an island.
I have my books
And my poetry to protect me;
I am shielded in my armor,
Hiding in my room, safe within my womb.
I touch no one and no one touches me.
I am a rock,
I am an island.
And a rock feels no pain;
And an island never cries.
Simon and Garfunkel.




15 febrero 2009

No me entero...

Entre presuntos espías que no se sabe qué, a quién ni para quién espiaban a ciencia cierta (cada cual se los coloca a unos en función de sus intereses electorales, claro). Presuntos cazadores de caza mayor (tiro al político de la oposición, es la nueva modalidad). Crisis que ya no es nada de presunta, como bien relata mi paisano Manolo. Se cuelan un par de noticias que me dejan perplejo. Por una parte anda rondando en los mentideros políticos la propuesta de convertir el aborto en un capricho durante las primeras catorce semanas del embarazo, a la quince ya es protegible, la ley pinta la raya y que se fastidie la realidad. Con esto se resolvería el problema de hecho de que en España, el negocio de la muerte que es el aborto, funciona sin control y sin escrúpulos desde hace años. Con eso, no resuelven el problema de que en España se aborta en cualquier momento del embarazo como se ha descubierto repetidamente a poco que alguien se preocupe de si se cumple la ley. Infanticidios sin control y vivimos tan tranquilos, con lo que pintar un plazo de "gratis total" para luego seguir haciendo la vista gorda no es sino una utilización partidista de la muerte de esos niños que nunca fueron. Para rizar el rizo de la indigencia moral es que niñas desde dieciséis años ya podrían abortar sin consentimiento paterno. Eso sí, siguen sin poder comprar tabaco ni alcohol (¡ja!), pero decidir acostarse con quien sea y sobre la vida humana sí que pueden, debe ser que son decisiones sin mayor importancia, no como el tabaco o el alcohol. Y si les parecía poco lo estupendo que son nuestros políticos defendiendo a la juventud de los verdaderos males que les aquejan, el PNV va a proponer elevar la edad del consentimiento por encima de los trece para mantener relaciones con un/a mayor de edad. ¿Quién dice que el estado no se preocupa de nuestros niños? Puestos a juntar lo trágico, lo sublime y lo ridículo, deberían unir a la prohibición del alcohol y el tabaco, la del sexo: prohibido mantener relaciones sexuales a los menores de edad, así todos los asuntos estarían resueltos a la vez. Y nos ahorraríamos la pasta gansa que estamos gastando regalando pildoras del día después como caramelos a las niñas que vienen a las urgencias los domingos por la mañana.
He dicho.

09 diciembre 2008

Tal vez S.

Hoy ha vuelto a llamar a la puerta. S. no es el chico más listo de sexto curso, ni el mejor deportista, ni el más a la moda. Ni siquiera tiene móvil como la mayoría de sus amigos. A S. le cuesta comprender las instrucciones más sencillas y repite una y otra vez las cosas para acordarse. Pregunta una y otra vez lo mismo como para estar seguro de que es en ese lugar, o a esa hora que le han dicho. Al principio me sorprendió lo que después se ha vuelto evidente, S. responde al afecto con total entrega. Ha bastado que sintiera amabilidad y respeto, algo de juego y un poco de buen humor para que responda como sabe, buscando una excusa para pasar por casa y preguntar por J., "¿ha venido J.?", suele preguntar con un tono de voz un poco demasiado alto. "Voy a decirle una cosa", arguye como excusa para entrar y estar un rato con J. Si no está pregunta repetidamente a qué hora va a volver.
Lo curioso es que, ahora que lo pienso, en el mundo perfecto huxleyano al que nos dirigimos, probablemente S. no nacería. Alguien cortaría de raíz su gestación de notar a tiempo (¡a qué tiempo, Dios mío!) que S. tiene lo que hoy llaman "necesidades educativas especiales" y presenta una cierta "discapacidad intelectual". Hermosas palabras que ocultan los denostados términos de retraso y subnormalidad, como quien pone una sábana piadosamente sobre el cadáver.

05 diciembre 2008

Convivir con tus manías

Hace unos días leí este artículo en el blog Historias de la Ciencia y no he podido resistir citar el párrafo que pongo más adelante. Demuestra una sensata percepción psicológica del ser humano y sus limitaciones para la convivencia. Si lo miro bien, me siento reflejado, cada vez que he tenido que convivir con gente en espacios limitados durante un tiempo prolongado he sentido esa tendencia a que mis propias manías se interpusieran en el camino de lo importante y frustraran el trabajo de equipo y la necesaria colaboración para que todo funcione. Sin embargo, conocer las propias limitaciones y ver venir esas tendencias es necesario para convivir con los demás y contigo mismo.

Este es el párrafo en cuestión:

Von Braun, aparte de preguntarse por las consecuencias físicas de la sensación de ingravidez, también se daba cuenta que no utilizarían sus músculos y sabía de los problemas de las personas postradas en la cama o escayoladas. Pero lo que más le preocupaba era el aspecto psicológico:

¿Puede un hombre mantenerse sano si permanece encerrado durante más de treinta meses con muchos otros hombres en un área abarrotada del tamaño tal vez el doble de su sala de estar? Al compartir con una docena de personas una pequeña habitación completamente aislada del mundo exterior, al cabo de unas semanas las animadversiones se multiplican. Al cabo de unos pocos meses, sobre todo si la selección de los ocupantes de la habitación se ha hecho al azar, es muy posible que alguien se desquicie. Las pequeñas manías -la manera en que un hombre hace crujir sus nudillos, se suena la nariz, se ríe, habla o gesticula- crean una tensión y odio que podrían conducir al asesinato.

27 noviembre 2008

Lo cotidiano y el recuerdo

Ayer estuve en el funeral y todavía estoy impresionado por la muerte de Javi Herrezuelo, tan repentina y prematura. Nadie debería tener que enterrar a su hijo, hay algo de antinatural en ello, es una herida de difícil cura, y el lamento por el hijo no es fácil de agotar. A los demás sólo nos queda apoyar y rezar por su familia y amigos porque él ya tiene Valedor.
Sin embargo, lo cotidiano se echa encima, hoy atentados y muertes en Bombay, terrorismo islámico contra occidente una vez más. Odio irracional al que algunos buscarán justificación, somos así, queremos explicarlo todo, incluso lo inexplicable. Cuando no podemos, negamos la evidencia y a otra cosa.
Antes de antier, una de las voces de la "hiprogresía" nacional hacía apología de la violación, con una chanza sobre las violaciones de religiosas durante la guerra y la Madre Maravillas que tan con el trasero fuera a dejado a nuestros parlamentarios (sí, ha demostrado que se impone el sectarismo sobre la tolerancia y el sentido de la historia). Ah, me refiero a Almudena Grandes, que lo único que tiene grande por lo visto es la boca para decir sandeces y desear fusilar a los que no piensen como ella. Es lamentable, una vez más. Hay quien glosa el hecho mejor que yo.
Antier, el día contra la violencia hacia la mujer. Bueno, a mi me da que hay que estar contra toda violencia, que cuando nos dejamos crecer las actitudes violentas contra alguien, luego no sabemos que hacer con ellas, salen contra todos, contra los hombres, las mujeres, los niños, los del partido contrario, los del equipo de fútbol de enfrente, los rubios, los morenos, los calvos y todo lo que se encarte. Sin embargo nadie estudia que profunda frustración hace que la gente sea violenta contra la persona a la que, precisamente, dice o decía querer. Hay algo que no vemos y así no podemos curarlo.
No sé, a veces lo cotidiano es un asco.

05 junio 2008

¿La verdad? Como si le importara a alguien.

Encuentro el blog del sacerdote encargado de la programación religiosa de la COPE. He leído algunos de los artículos y me gusta su tono y su capacidad para ser justo y verdadero. El problema es que ser justo y verdadero no es políticamente correcto en el día a día de este burdel en que se han convertido los medios de comunicación en general, incluida la COPE. Aunque si quiero ser yo también justo y verdadero tengo que decir que no todos ocupan sus lechos de lenocinio con el mismo merecimiento. No voy a hacer clasificaciones porque no tengo estómago para escuchar a todos. Me hacen gracia los incondicionales de cada cadena o de cada locutor que los defienden a capa y espada, pero poco más voy a decir.
Hay un comentario de M.M. Bru en su blog sobre los obispos que me recuerda una anécdota vivida en el instituto. De aquí sale el título de este artículo, que no es sino un lamento a modo de desahogo porque yo creo que la verdad importa y que no es relativa aunque se ponga ese latiguillo como excusa para no buscarla ni informarse. La anécdota es como sigue: un profesor se ha casado recientemente, por supuesto por la Iglesia aunque no cree en nada, todo coherencia y sinceridad en palabras y acciones, por lo que se ve ha tenido charlas pre-sacramentales y en ellas le ha tocado algún ponente de lo más rancio que ha venido a dar una explicación sexista de la relación matrimonial, por supuesto en la que la mujer no queda bien. Probablemente el encuentro ha sido más largo y se ha hablado de bastantes más cosas, pero él ha cogido esa parte y la ha interpretado siguiendo el consabido método de generaliza que así aciertas. Para concluir: según él, el ponente ha justificado la infidelidad (no con sus palabras, sino que él deduce de ellas que se justifica así), lo ha hecho porque como el noventa por ciento de la gente se divorcia (sic) así la gente no se siente tan impulsada a divorciarse si aguanta cierto grado de infidelidad y no se alejan de la Iglesia, con lo que la Iglesia (nuevo salto a lo general) justifica la infidelidad masculina con la intención antes dicha. Y como a él no le parece absurdo su razonamiento, es que debe ser verdad.
El problema es que el ponente se perdió hablando de la sexualidad masculina y femenina explicando la diferente forma en que la experimentan uno y otro sexo. Como si fuera una moderna herejía las diferencias entre uno y otro en el nuevo tiempo de la igualdad. Con lo fácil que le hubiera resultado ser coherente y no tener que escuchar nada de eso. Pero supongo que con la crítica oculta el verdadero problema.
Vuelvo al título, qué importa la verdad, qué importa todo para nadie. Buscar la verdad supone una nueva forma de ascesis en el tiempo que vivimos.

15 diciembre 2007

La mirada con que miras...


"Cuenta una historia que a la entrada de un pueblo estaba sentado sobre una roca un viejo con su bastón, un hombre cuya faz reflejaba el paso de los años. El viejo se pasaba todo el días sentado sobre esa roca y de repente un día apareció un joven en un automóvil, freno ante él y le preguntó:

- Perdone viejo, ¿Lleva usted mucho tiempo viviendo en este pueblo?
- Toda mi vida - contestó el viejo.
- Verá es que vengo de otra ciudad y he tenido que trasladarme por motivos de trabajo. Perdone pero ¿Podría decirme como es la gente de este pueblo?.
- Pues verá usted - dijo el viejo pensativo - no sabría decirle. ¿Cómo era la gente de su ciudad, de allá de donde viene? - preguntó.
- Ah, pues maravillosa - contestó el joven - Son fantásticos, lo niños juegan por la calle, la gente siempre está alegre, los vecinos se ayudan. Todo allí era felicidad.
- Pues verá - contestó el viejo - puede usted alegrarse, la gente de aquí es exactamente igual.
- Muchas gracias viejo.

El joven arrancó su coche y entró en el pueblo. Al poco rato llegó otro joven en otro automóvil, de nuevo se volvió a parar delante del viejo y le preguntó:

- Perdone viejo, ¿Lleva usted mucho tiempo viviendo en este pueblo?
- Toda mi vida - contestó el viejo.
- Verá es que vengo de otra ciudad y me he tenido que trasladar por motivos de trabajo. Perdone pero ¿Podría decirme como es la gente de este pueblo?.
- Pues verá usted - dijo el viejo pensativo - no sabría decirle. ¿Cómo era la gente de su ciudad, de allá de donde viene? - preguntó.
- Ah, pues horrible - contestó el joven - Son terribles, los niños corren por la calle, la gente camina entristecida, los vecinos ni se conocen. Todo allí es amargura.
- Pues verá - contestó el viejo - lo siento, pero aquí la gente es exactamente igual, lo lamento.
- Muchas gracias viejo.

El joven arrancó su coche y entró en el pueblo."

Y es que en definitiva mucho de lo que nos pasa depende más de nuestra mirada sobre las cosas, de nuestros prejuicios que de la realidad en sí. Hay una frase en el Nuevo Testamento que dice que a los que creen todo les aprovecha para el bien, incluso los obstáculos del camino o las malas experiencias. Pero la condición es tener fe, confiar profundamente, una actitud positiva y una voluntad de no dejar que el mal te domine.