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17 marzo 2012

Sin embargo el necio...

Cuando el dedo del sabio señala la luna, el necio se queda mirando al dedo. Una frase atribuida a R. Tagore y que explica bastante bien la naturaleza del ser humano. No de todo el ser humano, pero de bastantes que pululan por ahí, que es como se explica su ir y venir por el ancho mundo.
La Iglesia en España ha sacado como parte de la campaña para promover las vocaciones sacerdotales con motivo del día del seminario, un vídeo promocional en que un grupo de sacerdotes "pintan" como puede llegar a ser la vida del sacerdote. Dicen un montón de cosas y entre ellas, quizá la menos profunda de todas es que es "un trabajo fijo", cosa que se comenta en plan broma desde los años ochenta que yo recuerde. ¿Qué resaltará el periodista de guardia? Pues eso, que "la Iglesia promete un trabajo fijo" a quien se haga sacerdote. Todo lo demás, lo que realmente cuenta y es clave, pasa por alto. Demostrando el grado de estupidez a que llegan ciertos profesionales y la insufrible levedad de quienes trabajan en los medios. Pero qué se puede esperar de un país en que en una red social como twitter una blasfemia llega a "trending topic", que demostremos a cada rato el famoso adagio: "el necio (el estúpido, el imbécil) es más peligroso que el malvado, porque nunca descansa y estos últimos sí".
He dicho.

24 junio 2010

"La última cima", lo que hay que ver...

Hay que tener narices para atreverse a contar las cosas como son, como se atreverán...

24 junio 2009

Descanse en paz

Ayer estuve en el funeral de Jacinto. A pesar de sus enfermedades y de haber estado varias veces a las puertas de la muerte, no esperaba este desenlace. A. V. recordó conocerlo "desde que apenas era un adolescente asustado", también yo era, en la misma época, uno de esos adolescentes llenos de miedos e ilusiones que empezaban a buscar sentido a la vida.
Dedicó gran parte de su vida a servir a los demás de distintas maneras y no se resignaba a que su salud le impidiera hacerlo, era lo que peor llevaba, no poder seguir ayudando entre otros a los scouts a los que pertenecía. Ahora descansa en paz. Que la misericordia del Padre lo reciba.
Al fin y al cabo resucitó Jesús y en él todos nosotros, nos veremos en el eterno campamento.

20 octubre 2008

El Domund 2008

OMPE - Novedades
De Domund.org:

Ayuda a los Misioneros
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Ayuda a los misioneros, porque ellos no quieren nada para sí, sólo para a aquellos a quienes sirven. El DOMUND lleva más de 90 años haciéndolo, y sabe que apuesta sobre seguro. Sabe que es la mejor forma de llegar a los olvidados de la tierra, a quienes pasan hambre en la dolorida África, a los leprosos de la India, a los campesinos olvidados de América Latina, a los afectados por los desastres naturales.

Ayuda a los misioneros, porque el mejor programa de ayudas es invertir en personas como ellos, que están siempre allí antes, durante y después de la catástrofes; que comparten la vida de aquellos a quienes sirven, aprendiendo su idioma, compartiendo sus sonrisas y sus lágrimas.

Ayuda a los misioneros, porque su compromiso es de por vida y su anhelo más íntimo es morir al pie del cañón, el día en que Dios tenga a bien llamarles, entre aquellos a los que dedicaron sus afanes y desvelos. El DOMUND son ellos, son cada uno de los misioneros que ha abandonado su tierra para encontrar el rostro de Dios allí donde se les necesita.

Ayuda a los misioneros con un donativo

06 octubre 2008

De lama reencarnado a seminarista

De lama reencarnado a seminarista (Religión Digital).

J. Ginés Rodríguez cuenta en La Razón la historia del lama-seminarista. «Sin ser budista, a los siete años, por las noches, ya meditaba y repetía oraciones budistas, sentado en posición del loto», explica Juan, un valenciano de 26 años que acaba de entrar en un seminario levantino. «Cuando yo tenía 8 años, llegó a casa un lama tibetano. Dijo que yo podía ser la reencarnación de un lama, un maestro ermitaño tibetano del siglo IV llamado Tan-ñon-Gon-Chen-Tulku-Rimpoché. Mis padres, católicos no practicantes, sólo sabían del budismo que no era una religión oscura. Decidieron darme una formación paralela, discreta, sin publicitar mi caso», relata.

Por las mañanas Juan iba a un colegio salesiano. Por las tardes tenía dos tutores, lamas budistas de la tradición Nygma-Pa. «Me formaron para ser lama, es decir, maestro. Mucha meditación, enseñanzas budistas y también artes marciales. Estudié tai-chi, kung-fu y aikido con un sacerdote taoísta. De él aprendí el taoísmo como filosofía, pero no como religión, porque yo era budista», especifica Juan.

A los 15 años le nombraron oficialmente lama. Al ser la reencarnación de un lama sanador, a menudo le llevaban a rezar por personas enfermas.
«Hace unos cinco años, un matrimonio hindú vino con su hija a Barcelona, donde yo vivía entonces. La niña tenía una dolencia que no sabían cómo combatir. Traían todo tipo de informes médicos, psiquiátricos, neurológicos... nada respondía a su caso, que tenía una causa espiritual.

Durante 13 horas la traté según el ritual budista sin conseguir nada. Entonces, la madre habló en español -lengua que no conocía- y dijo ?¡En el nombre de Jesús libera a mi hija!? Madre e hija cayeron inconscientes. Al despertar la niña estaba perfectamente, sanada, y la madre no recordaba haber dicho nada. Aquello me impactó».

Juan sólo conocía a Jesús de las clases de los salesianos, un sabio como otros; sus milagros eran sólo cuentos. «Salí a pasear, a reflexionar, con mi túnica azafrán. Un mendigo me llamó, me dio un libro y me dijo ?ábrelo?. Era la Biblia. Lo abrí al azar y me salió el texto del milagro que Jesús hizo en Gerasa. Entonces entendí que mi vida era seguir a Jesús». Sus maestros budistas le dejaron marchar hace cinco años. «Pensaban, y aún piensan que volveré al budismo», comenta Juan.

Unos capuchinos le enseñaron lo básico de la fe. «Me impactó el Dios Padre de Jesús, su amor. Y el testimonio de Jesús en la Pasión, su coraje, su entrega. Hay muchos maestros, pero sólo Jesús ha muerto por nosotros», señala con vehemencia.

Hizo ejercicios espirituales con los jesuitas y fue voluntario con los enfermos del Cottolengo de Barcelona. «Después me hablaron de un seminario que parecía muy serio. Un médico amigo mío, diácono permanente, me preparó una cita con el obispo y así entré. ¿Mi vocación es diocesana o monástica? Aún no lo sé, pero en el silencio y el estudio del seminario pienso descubrirlo».