El último nivel de metáfora en
los libros de Alicia es éste: que la vida, vista racionalmente y sin
ilusión, aparece como un cuento carente de sentido relatado por un
matemático idiota.
Vía Microsiervos.com
Una bitácora personal e intransferible. Me permitan decir que soy dueño de lo que digo, no de lo que la gente entiende.
"Saruman: Has librado muchas batallas y arrebatado muchas vidas, Rey Théoden, y has hecho la paz después. ¿No podemos llegar a un acuerdo como antaño hicimos, mi viejo amigo? ¿No sellaremos la paz, tú y yo?
Théoden: Tendremos la paz. Viviremos en paz, cuando respondas por la quema del Folde Oeste, y por los niños que yacen muertos en él. Tendremos la paz, cuando la vida de los soldados cuyos cadáveres fueron descuartizados y tendidos muertos frente a las puertas de Cuernavilla, sean vengados. Cuando pendas de una horca, como festín de tus propios cuervos, tendremos la paz."
"Janus Senus" (nombre ficticio) fue un hitleriano convencido. Nunca levantó la voz contra ningún exterminio ni brutalidad del régimen nazi. Cuando estuvo en la cárcel soviética, colaboró con los comunistas organizando la misma convivencia de sus compañeros y denunciando a quienes le parecía que no eran buenos nazis. Al fin y al cabo a alguno había que sacrificar por el bien de todos. Liberado al fin, nunca se arrepintió ni pidió perdón por su nazismo y su colaboración tal vez más entusiasta de lo razonable con el régimen totalitario soviético. Sin embargo sus dotes de buen poeta han hecho que ahora se le considere un "referente ético"."Zeus ha terminado todas las cosas –dice un verso órfico-, y Baco les ha dado remate. Este remate es la creación de la belleza".La belleza es la única finalidad aquí abajo. Como Kant dijo muy bien, es una finalidad que no contiene ningún fin. Una cosa bella no contiene ningún bien que no sea ella misma, en su totalidad, tal como se nos aparece. Vamos hacia ella sin saber qué pedirle. Nos ofrece su propia existencia. No deseamos otra cosa, la poseemos, y sin embargo deseamos más aún. Ignoramos totalmente qué es eso que deseamos. Quisiéramos llegar hasta detrás de la belleza, pero no es más que superficie. Es como un espejo que nos devuelve nuestro propio deseo de bien. Es una esfinge, un enigma, un misterio dolorosamente irritante. Quisiéramos alimentarnos de ella, pero solo es objeto de la mirada, aparece a cierta distancia. El gran dolor de la vida humana es que comer y mirar sean dos operaciones diferentes.Ya los niños cuando miran largamente un dulce y lo toman para comerlo –casi lamentándolo, pero sin poder evitarlo- sienten ese dolor. Quizá los vicios, las depravaciones y los crímenes sean casi siempre (o siempre, en esencia) tentativas de comer la belleza. Comer lo que solo hay que mirar." (...)
En Microcosmos dice Claudio Magris que «los cafés son una especie de asilo para los indigentes del corazón» y, algunos de sus propietarios, «son también benefactores que les ofrecen un amparo provisional frente a la intemperie». Más adelante señala que, en nuestro mundo, el bar y la iglesia son «dos lugares liberales, en los que no se pregunta, al que entra, de dónde viene y bajo qué bandera o distintivo milita; en la iglesia no hace falta además ni siquiera pagar la consumición, encender una vela está aconsejado pero no es obligatorio». Más aún, señala: «Tal vez hoy las iglesias sean uno de los sitios en los que se respira más libremente».
"(...)Hay una palabra que nadie acepta, y que sin embargo es clave: vulnerabilidad. Hemos elegido, deliberadamente, vivir en una sociedad vuelta de espaldas a las leyes físicas y naturales, y también a las leyes del sentido común. Vivir, por ejemplo, en una España con diecisiete gobiernos paralelos, donde 26.000 kilómetros de carreteras dependen del Ministerio de Fomento y 140.000 de gobiernos autonómicos, diputaciones forales y consejeros diversos, cada uno a su aire y, a menudo, fastidiándose unos a otros. Una España en la que el Servei Meteorològic de Catalunya reconoce que no mantiene contacto con la agencia nacional de Meteorología, cuyos informes tira sistemáticamente a la papelera. Una España donde, según las necesidades turísticas, algunas televisiones autonómicas suavizan el mapa del tiempo para no desalentar al turismo. Una España que a las once de la mañana tiene las carreteras llenas de automóviles de gente que dice que va a trabajar, y donde uno de cada cuatro conductores reconoce que circula pese a los avisos de lluvia o nieve. Una España en la que quienes viven voluntariamente en lugares llamados –desde hace siglos– La Vaguada, Almarjal o Punta Ventosa se extrañan de que una riada inunde sus casas o un vendaval se lleve los tejados. Por eso, cada vez que oigo a un político o a un ciudadano de infantería cargar la culpa de una desgracia sobre los meteorólogos, no puedo dejar de pensar, una vez más, que nuestro mejor amigo no es el perro, sino el chivo expiatorio."
"El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia, puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más buenos que malos y, a decir verdad, no es ésta la cuestión. Sólo que ignoran más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible."
Albert Camus. "La peste."
Anotación de Nicolae Steinhardt fechada en 1971:
«No lo sabía —la respuesta de aquellos a los que se les habla de tortura, de los campos de concentración, de las cárceles, de las confesiones forzadas de los acusados, de los internamientos de políticos en manicomios—, no es una disculpa válida. Nadie está obligado a inventar la pólvora o a descubrir la teoría cuántica. Pero, por otra parte, una inteligencia elemental es un deber. Sobre todo para un cristiano, que tiene que estar siempre alerta ante las tentaciones. Y la estupidez es una tentación. Y no sólo para un cristiano. Y esto a causa de una constatación experimental objetiva: nadie sabe nada, pero todo el mundo lo sabe todo.
La ignorancia, la estupidez, el paso a ciegas por la vida y por las cosas, o el paso indiferente son cosa del diablo. El samaritano no ha sido sólo bueno; también ha estado atento: ha sabido ver».
Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.
"Nada enriquece tanto los sentidos, la sensibilidad, los deseos humanos, como la lectura. Estoy completamente convencido de que una persona que lee, y que lee bien, disfruta muchísimo mejor de la vida, aunque también es una persona que tiene más problemas frente al mundo."

(...)Esa gran idea de que los objetos están impregnados del espíritu con el que han sido hechos se menciona también en el capítulo «Adiós a Lórien» de El Señor de los anillos, cuando los elfos de Lórien entregan a los expedicionarios unas capuchas y unas capas, «de esa tela sedosa, liviana y abrigada que tejían los Galadrim. Era difícil saber de qué color era: parecían grises, con los tonos del crepúsculo bajo los árboles; pero si se los movía, o se las ponía en otra luz, eran verdes como las hojas a la sombra, o pardas como los campos en barbecho al anochecer, o de plata oscura como el agua a la luz de las estrellas. Las capas se cerraban al cuello con un broche que parecía una hoja verde de nervaduras de plata.Es una escena llena de esa magia que afirma desconocer el Elfo jefe. La magia del amor a la tierra, al aire y a la luz, al agua que salta en la rivera y al pájaro que se mueve de rama en rama. Al olor de la tierra al amanecer de los días de verano y la hierba nueva de la primavera. La magia de las cosas hechas con pensamientos de amor y entrega. Como cuando escribes un texto para que alguien, en algún lugar, lo lea y comparta contigo el estremecimiento al contemplar el crepúsculo de un atardecer en los comienzos del otoño, cuando el aire ha comenzado a enfriarse y percibes la cercanía de las nubes preñadas de lluvia. O el escalofrío que la hierba invernal cuajada de escarcha provoca en los huesos.
—¿Son mantos mágicos? —preguntó Pippin mirándolos con asombro.
—No sé a qué te refieres —dijo el jefe de los Elfos—. Son vestiduras hermosas, y la tela es buena, pues ha sido tejida en este país. Son por cierto ropas élficas, si eso querías decir. Hoja y rama, agua y piedra: tienen el color y la belleza de todas esas cosas que amamos a la luz del crepúsculo en Lórien, pues en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos».