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14 marzo 2025

La banalidad del mal

 Leyendo algunas noticias, me salta el concepto de nuevo y me da por investigar el origen. Ya había leído sobre ello y lo normal es que me pusiera a buscar referencias en artículos y otras entradas. Peeero, ahora hay alguien que lo hace por ti. Se lo pido a una de las IAs que han surgido como setas y me lo da hecho. Mira, bastante conciso y claro el resumen.

"La teoría de la banalidad del mal sigue siendo relevante porque toca algo inquietante: la posibilidad de que personas comunes participen en actos atroces bajo ciertas condiciones sociales y psicológicas. Vamos a desglosarlo:


🎯 1. El contexto social que facilita el mal "banal"

Arendt mostró cómo los regímenes totalitarios (como el nazismo) crean estructuras burocráticas tan rígidas y despersonalizadas que convierten el mal en algo mecánico.

Por ejemplo:

  • Las tareas se dividen tanto que nadie siente la responsabilidad completa (cada persona hace "solo su parte").
  • El lenguaje se deshumaniza. Eichmann no hablaba de "matar judíos", hablaba de "soluciones finales" y "transportes". La jerga técnica oculta la realidad moral.
  • La ideología dominante reduce el pensamiento crítico: quienes cuestionan el sistema son vistos como traidores o "ingenuos".

Esto transforma a las personas en "engranajes del sistema", donde creen que no tienen otra opción.


🧠 2. La psicología detrás de la obediencia

La teoría de Arendt conecta con experimentos famosos como el de Milgram (1961), donde voluntarios administraban descargas eléctricas dolorosas a otras personas simplemente porque una figura de autoridad se los pedía.

La mayoría de los participantes no eran crueles por naturaleza, pero obedecían porque:

  • Sentían que la autoridad era responsable, no ellos.
  • Se convencían de que "solo seguían instrucciones".
  • Racionalizaban el daño como parte de un bien mayor.

Esto refleja la idea de Arendt: el mal puede prosperar cuando las personas dejan de pensar críticamente y actúan de forma automática.


🔥 3. La responsabilidad moral individual

El punto más duro (y crucial) de la teoría es que nadie queda exento de la responsabilidad moral solo por obedecer órdenes.

Arendt argumenta que Eichmann sí tenía la capacidad de pensar y elegir, pero decidió no pensar, y esa falta de reflexión genuina lo llevó a participar en el genocidio. No era malvado en el sentido tradicional, pero su falta de pensamiento lo hizo cómplice de una maquinaria monstruosa.


🌎 4. ¿Cómo se aplica hoy en día?

Esta teoría sigue vigente porque muchos sistemas modernos —gobiernos, corporaciones, incluso redes sociales— tienen estructuras que incentivan la obediencia y la despersonalización. Ejemplos actuales podrían ser:

  • Funcionarios que aplican leyes injustas sin cuestionarlas porque "es su trabajo".
  • Empleados en grandes empresas que siguen prácticas dañinas por miedo a perder su empleo.
  • Usuarios en internet que difunden odio o desinformación porque "todos lo hacen" y no piensan en el impacto real.

La idea central de Arendt es incómoda pero poderosa: el mal no siempre nace del odio feroz, sino de la falta de pensamiento consciente.
Preguntarse "¿Estoy pensando por mí mismo o solo siguiendo el flujo?" es más relevante que nunca."


 

 

30 octubre 2024

Me queda la palabra

 Me queda la palabra


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Me queda la palabra
Blas de Otero

27 octubre 2024

Dios y el sufrimiento (Más notas)

 «Dios no nos salva del sufrimiento, sino que está en el sufrimiento; no nos protege de la muerte, sino que está en la muerte. No nos libera de la cruz, sino que está en la cruz». 

Este pensamiento de D. Bonhoeffer, cuestiona la habitual mirada a Dios como salvavidas y protector de males con que, demasiadas veces, el creyente se enfrenta al sufrimiento en su vida. Utilizar a Dios como chivo expiatorio cuando llega el dolor, el culpable por acción o por omisión del dolor que se sufre en carne propia o que sufre el prójimo es de lo más habitual y fuente de creyentes decepcionados. Buscaban otra cosa en su relación con Dios y resulta que no lo encontraron. Suelo decir que dichas actitudes surgen de no haber entendido el misterio de la cruz (comprensible por lo de misterio, pero incomprensible por lo que supone provocación para pensar a Dios desde lo que él nos muestra), de mirar a Dios desde los "preconceptos" y desde una idea que no nace de la revelación sino del propio raciocinio que cree en algo porque algo tiene que haber.

Bonhoeffer rechaza la idea del Dios tapa agujeros tan frecuente en mucha de la feligresía católica actual. Cuesta mostrar al Dios con-sufriente del que habla y que se revela en el calvario, así muchos de los discursos sobre el dolor y el sufrimiento hechos desde el púlpito suena falsos y manidos por exceso o por defecto. Hay que intimar con ese Dios crucificado, creer y obedecer. O, en sus propias palabras, “Sólo el creyente es obediente, y sólo el obediente cree. Es un grave atentado a la fidelidad bíblica tomar la primera frase sin la segunda”

El verso “Los cristianos están con Dios en su pasión” lo repite D. Bonhoeffer, citando ‘¿No habéis sido capaces de velar conmigo ni una hora?’, y añadiendo: “Esto es lo opuesto de todo aquello que el hombre religioso espera de Dios. El hombre está llamado a con-sufrir en el sufrimiento de Dios por razón del mundo sin Dios”.

Bueno, estas frases para ir un poco más allá de lo expuesto en anterior artículo , hay mucha bibliografía disponible y no puedo hacer ahora una tesina, pero hay quien la tiene hecha. Lo dicho, comenten si les apetece.

Alguna para que puedan darle una vuelta: 

1.- Espiritualidad en el centro de la vida.

2.- Salvifici Doloris, S. JP II.

3.- Reflexión teológico-moral sobre el tema para una tesina, hay varias en el repositorio de Comillas muy interesantes.

05 agosto 2020

Populismo moral oportunista.

Este artículo lo escribí el 6 de marzo de 2020 y miren ustedes por dónde han ido las cosas despues:

Dentro de los capítulos de un hipotético libro titulado con toda socarronería “El Ser Humano es Maravilloso”, seguimos con la parte de “¿hemos dicho ya que vamos a morir todos?”. Lo digo porque lo del coronavirus evoluciona hacia convertirse en el nuevo apocalipsis inmediato. De repente el apocalipsis climático ha pasado a un segundo plano ante la posibilidad de que el virus no nos deje llegar vivos a él. Supongo que Greta debe estar muy enfadada mientras pasea por grandes despachos entrevistándose con altos cargos para hacer lo que sea que haga, llorar, gritar o patalear, porque experta en algo más no se sabe que sea, dado que abandonó la secundaria ¿obligatoria? sin acabarla ni estudiar otra cosa.
Que te laves bien las manos, que no le tosas a la gente, que mascarillas no o según, que no te mezcles con grandes concentraciones de personas, que si en Italia han cerrado colegios, universidades y hasta iglesias… Y mientras, aquí esperamos que todo se resuelva sin que nos afecte demasiado, sin hacer grandes cambios. El tiempo dirá quién tiene razón… (a estas alturas ya sabemos lo que pasó) si sobrevivimos. Luego está esa especie de “populismo moral oportunista”, esa actitud por la que ante una crisis concreta, hay quien tiene la necesidad de compararla con otras crisis con las que no hace ninguna relación salvo en su cabecita concienciada: “pues más mujeres mata la violencia machista que el coronavirus”, ésta es la primera que leí. Luego están las sucesivas comparaciones con: el hambre, el sarampión en el Congo, la gripe común, los accidentes de tráfico, el suicidio y lo que a ustedes les plazca. Es esa demagogia facilona de “ese dinero que te has gastado en pintar la puerta podría alimentar a cien niños en África”. Porque, aunque era de noche, sin embargo, llovía.
No me digan que no hay algo de justicia poética en el “escrache” al vicepresidente de sí mismo en el mismo lugar dónde él se los organizaba a los demás. Aquello de tomar de la propia medicina. Ese patético intento de razonar con los irracionales que él mismo preparó para que fueran exactamente así, intolerantemente irracionales. Igual pensaba que siendo buena persona y además vegetariano, el tigre que educó para devorar a los demás no le iba a devorar a él. Cosa aparte es que haya seguido punto por punto haciendo todo lo que criticó ácidamente en sus orígenes, la gente cambia.
En esa línea de la intolerancia irracional, estos días asistí, por enésima vez, al típico debate de “eso no era verdadero comunismo”, con el objetivo de defender que el comunismo funciona. La situación era la siguiente, una señora comenta la charla ideológica de Operación Triunfo sobre el “feminismo anticapitalista” (ya es que en TVE no se cortan nada) explicando que para eso necesitan prescindir de todos esos bienes de consumo que atesoran, maquillajes, bolsos, complementos de lujo, etc. A lo que entra el adolescente anticapitalista de guardia diciendo que qué tendrá que ver, que si sabe lo que es el comunismo, que si ha leído algún libro alguna vez y esas cosas de superioridad intelectual tan propios. Respuesta: nací en Rusia y viví allí hasta los dieciséis años. El adolescente insiste: es que actualmente no hay ningún país verdaderamente comunista, léete el manifiesto comunista y hablamos. Respuesta: lo leí a los catorce, entraba en el examen de historia contemporánea. Luego llegan otros a insistir lo bien que funcionaba la URSS porque, claro, ante una buena fantasía ideológica que tendrá que ver la experiencia de haberla vivido realmente, que la realidad no te estropee el argumento. Estoy casi seguro de que, a pesar de la evidencia aportada por esta señora, han seguido pensando que no, que si en su cabeza funciona, debe funcionar en la realidad.

Las AMPAs de muchos colegios secundaron la consigna de que facilitar la elección de centro educativo a los padres perjudica, no se sabe porqué aún, a la enseñanza pública. En Huelva, ante la pintada en la fachada de un colegio concertado por parte de los intolerantes de guardia, ha sido conocida la respuesta de un profesor cansado de tanta propaganda contra la educación concertada. Les extracto una frase: “Lo que nunca haremos es proponer a nuestros niños y niñas ir a pintar una pared cuando nadie los ve, o a no dar la cara y esconderse tras estúpidas proclamas sin base demostrable. Estoy cansado que se nos juzgue y se nos condene, cuando lo único que hacemos es trabajar más horas, con más niños, por menos dinero y obtener mejores resultados con menos medios.” Igual es eso lo que les molesta tanto.

21 noviembre 2016

Hipocresía y carpe diem...

Comentaba hace unas semanas algo sobre que la verdad no está de moda, que la verdad no importa. Importa la apariencia, la pose o, en lenguaje moderno, el “postureo”. Podemos comprobarlo, por ejemplo, en el revuelo montado alrededor del senador de Podemos, Ramón Espinar.  
Si no saben de lo que les hablo es porque acaban de bajar del platillo volante. Después de descubrirse que con 23 añitos y siendo becario su padre le dio 60.000 euros de nada para que se comprara un piso de protección, piso que no vivió y que vendió con suculenta ganancia, ha quedado al descubierto no ya la doble moral del que da consejos y predica contra lo que él mismo practica, sino ese mundo de apariencias en que lo que importa es que estés a favor de todo bueno y no te canses de repetirlo 
Cosa aparte es el detallito de que te den una beca de ayuda a los estudios mientras tu padre puede soltar alegremente tamaña cantidad de euros. Lo normal en casa de cualquier obrero, como el mentado personaje le gusta pintar a su familia. 
A la desfachatez del individuo se le ha sumado la cohorte de defensores que justifican lo indefendible con los argumentos habituales: “más roban otros” y las conspiraciones de los poderes fácticos. Como si eso cambiara los hechos, es que lo que en los otros es vicio, en los nuestros, los buenos, es virtud. Alguno anda operándose la boca para poder comulgar con ruedas de molino. 
Pero el tiempo pasa y dice el salmo que toda carne es hierba, que los días del hombre son como la flor del campo, que el viento la roza y ya no existe. El pasado día uno recordábamos a todos los santos que nos llevan delantera en el camino hacia el corazón del Padre y el miércoles a todos los difuntos, Fray Nelson ha hecho una lista en su blog de las 21 cosas que la gente confiesa y se arrepiente en sus últimos momentos, por si les sirve de algo, lo comparto con ustedes: 
Di mal ejemplo y lamentablemente hubo quien me imitara. El dolor frente al que fui indiferente. Las personas a las que lastimé o causé daño de cualquier forma. Las palabras necias, vulgares o groseras que salieron de mi boca. Las promesas que no cumplí. Las cosas que compré y que no necesitaba o que nunca utilicé. El mucho tiempo y esfuerzo que me costó conceder algún perdón. Los ratos en que he podido y debido orar más y sobre todo con más amor. No haber corregido a tiempo a los que tenía que haber educado mejor. Haber callado tantas palabras de reconocimiento, elogio o ánimo para quienes lo merecían y necesitaban. Haber huido tantas veces de la Cruz. La soledad de Cristo en el sagrario me duele. Haberme quejado mucho más de lo que he agradecido. Atribuirme los triunfos a mí y los fracasos a las circunstancias. Ser cómplice de chistes contra Dios, la fe o la Iglesia. ¡Tanto tiempo simplemente perdido; tiempo que ya no puedo recuperar! Haber perturbado la inocencia de alguien o bloqueado los sueños de algún otro. Aprovecharme de que alguien me quería para sacar algún provecho. Disfrutar la adulación aun sabiendo que es falsa. Personas a las que no visité porque me parecían poco interesantes, educadas o útiles. Me faltó amar; amar mucho más a Dios y muchísimo más a mi prójimo. 
Vivamos el presente, pero gastándonos por lo que realmente importa, todo lo demás parece frivolidad y caza de vientos.

08 octubre 2015

De niños muertos



Nada resulta más incómodo y perturbador que mezclar la muerte con la infancia. Y esta semana tres noticias al menos nos asaltan desde los medios. Por una parte el inexplicable parricidio de Asunta, la niña china adoptada por ese aún  más inexplicable matrimonio gallego. Qué tipo de retorcido razonamiento o emoción puede llevar a alguien a desear la muerte y desaparición de una hija. Cómo se puede planificar algo así y llevarlo fríamente a la práctica. Y de repente, recuerdo la frase de Chesterton, soy humano y por tanto llevo en mí todos los demonios.
Y si de dejar salir lo peor del ser humano hablamos y de niños víctimas de ello, otra noticia me estraga hasta lo más profundo. Los terroristas del DAESH, también llamado estado islámico, torturan y crucifican a un niño de doce años para obligarle a él y a su padre a apostatar del cristianismo. No es el primer niño que pasa por ahí, no ha sido una muerte accidental, no tenemos fotos conmovedoras en la prensa, así que no vamos a abrirle nuestras casas a su familia ni a su pueblo que sufre cada día el terror sanguinario y asesino de esta pandilla de psicópatas, por el simple hecho de ser cristianos.
El tercer caso es Andrea, una niña con una enfermedad incurable que le va a llevar a la muerte en breve. Para la que sus propios padres han pedido que la dejen de alimentar y así acelerar la muerte. El hospital, contra la opinión de los propios pediatras, ha cedido. Llaman muerte digna a dejar morir de inanición a una niña. Dicen que porque es incurable. Un médico ha dicho: “Veo niños imposibles de curar a diario, y nadie busca acabar con su vida”. Hay algo terriblemente torcido en esa decisión, un barniz de falsa compasión para ocultar lo terrible. La misma vida es una enfermedad que acaba con la muerte, ¿debemos darnos por vencidos y provocarnos anticipadamente la muerte?
Respecto a las familias de Andrea y Asunta uno se pregunta qué enfermedad les aqueja, que falta de entereza y sentido de la justicia. Qué ausencia de ese amor incondicional y sacrificado que es incapaz de hacer daño y, por el contrario, se entregaría con tal de preservar al ser amado. Ese amor que sólo se puede tener en el corazón de una familia, que sólo allí puede crecer y desplegarse, que sólo allí puede aprenderse y que sólo en ese contexto puede configurar la vida del adulto que mañana saldrá a la calle a construir la convivencia y a crear una nueva familia que mantenga ese legado.
Para vivir ese amor hay que entregarlo todo por lo amado. Y si nos conformamos con menos, con lo normal, con ser simplemente buenas personas, la batalla está perdida y los demonios nos han ganado la partida.

02 octubre 2015

¿Es usted un buenista de barra de bar?


Cierto profesor de universidad puso una vez un trabajo a sus alumnos pidiéndoles encarecidamente que no comenzaran la introducción con los manidos tópicos de siempre, después pasó a enumerar una larga lista de  encabezamientos que eran y siguen siendo los más habituales y socorridos para empezar un texto como el que les pedía. Al final los alumnos estaban totalmente desconcertados. Para ellos el Eclesiastés tiene una frase, “no hay nada nuevo bajo el sol” con lo que la tarea parecía imposible. Hoy soy yo el que se siente incapaz de escapar de citar algún lugar común en especial mirando los acontecimientos recientes de nuestro país.
Y es que no quisiera detenerme en los delirios nacionalistas que florecen por todas partes y en particular en las regiones de siempre. El nacionalismo, como tantos ismos que son más fruto de un estado del espíritu que de un razonamiento bien fundado, es una enfermedad que sólo ha traído desgracia dónde se ha extendido. Ni sólo, ni mezclado con idearios de derecha, izquierda o religiosos, ha servido más que para generar enfrentamientos y violencia gratuita, como la historia reciente nos enseña. Aunque parece que no hemos aprendido nada.
El Papa pasó por Cuba y Estados Unidos, y creo que todos esperamos que esa presencia de buen pastor dé frutos en esos países. Aunque ha sido claro y contundente en sus expresiones, incluido el discurso ante las Naciones Unidas, no ha faltado quien ha echado de menos una expresión más clara a favor de la libertad en tierra cubana y una mención más rotunda sobre ese negocio de casquería humana que la empresa Planet Parenthood tiene montado a cuenta de los órganos de bebés abortados. Supongo que siempre hay algo de más y algo de menos en todo lo que se hace, siervos inútiles somos y hacemos lo que podemos.
La crisis de los refugiados ha puesto de moda la solidaridad, todos quieren sentar un pobre a su mesa, digo, acoger un refugiado en su casa. O a lo mejor no, a lo mejor lo que quieren es que se les atienda con dinero ajeno. Hay de todo, quienes han abierto sus casas y quienes prefieren pedir que abran las de otros para calmar su conciencia acongojada. Ha aparecido una nueva patología con un nombre extraño: Eurocentrismo buenista con unas gotas de paternalismo indisimulado. Muchos de los que, conmovidos, gritan ¡vergüenza! ante las imágenes de refugiados amontonados en la frontera o niños ahogados, en realidad piden que sean otros los que se avergüencen, porque ellos están exentos de tal aflicción debido a sus buenos sentimientos alimentados a fuerza de fotos de portada.
La pobreza, la guerra y la violencia contra los indefensos sucede lejos, cada día, sin que nadie grite nada ni haga aspavientos de conciencia sensible, pero no son portada, no salen en el telediario, esos hombres, mujeres y niños no existen, son invisibles. Su sufrimiento y su muerte no importan, simplemente.
En fin, ¿Es usted un buenista de barra de bar? ¿Se deja manipular emocionalmente por la prensa? Buen tema para reflexionar este fin de semana, porque la solidaridad es otra cosa.

29 diciembre 2014

Malos tiempos

Decía un escritor de cierta reputación que “estos son malos tiempos, los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”. El autor de la frase en cuestión, con la que fácilmente ustedes y yo podemos estar de acuerdo, es nada menos que Marco Tulio Cicerón que vivió en el siglo I a.C. 
Esto nos hace pensar que si creemos que nuestros males son específicos de la modernidad o posmodernidad, estamos bastante equivocados. Digamos que la humanidad no ha avanzado tanto como cree y que cada generación y cada individuo tiene que recorrer su propio camino de humanización y conquista de la sabiduría. Al menos en las dosis necesarias para que la palabra civilización adquiera sentido y superemos el barbarismo básico de vivir según los instintos y el egoísmo más craso. El problema en nuestra sociedad posmoderna es esa vuelta al instinto y al sentimiento descarnado que se pregona día a día en los foros de expresión pública. Da la impresión de que hemos renunciado a la pensamiento para vivir instalados en la irracionalidad, e incluso esto no es nuevo, aquél movimiento romántico del diecinueve ya puso en marcha la superación o el regreso del racionalismo de la ilustración que había pretendido explicarlo todo y basar las relaciones humanas en la fría lógica del pensamiento y la razón. A cambio, parece que hemos vuelto a dejarnos arrasar por el irracionalismo. 
Cuando ante un hecho objetivo como por ejemplo el aborto que comporta la muerte de un ser humano, la respuesta es un supuesto derecho ¿a matar al hijo concebido? O la tremenda frase de “si el embarazo no deseado le pasara a alguien de tu familia, ¿qué harías?”, uno se queda sin argumentos, no porque no los haya, sino porque la otra persona se encuentra en un nivel dónde ni la razón ni la misma fuerza de los hechos le va a impedir seguir pensando o haciendo lo que le conviene. Contra el absurdo y el sentimiento, no hay explicación posible. 
Una sociedad así, que pregona que debes hacer lo que te gusta, lo que te apetece, lo que te da la gana, que eso es la libertad, luego reacciona escandalizada cuando a algunos individuos resulta que lo que les gusta, les apetece o les da la gana es salir a partirles la crisma a los del equipo contrario. ¿Y qué razonamiento les convencerá de eso está mal o es indeseable? ¿No pueden hacer lo que quieran con su vida? ¿Qué institución está en la posición ética de imponer unos límites si llevamos tanto tiempo diciendo que no hay límites, que no debe haber límites, que es muy retrógrado eso de poner límites? Todos hemos leído o escuchado esa inmensa majadería tan de moda de que lo mejor que se puede hacer con una tentación es caer en ella. Y luego nos extraña que si al personaje lo que le apetece es cascarle a su cónyuge o engañar a hacienda, lo haga y se sienta tan legitimado. 
Me dirá alguno, “pero es que no es eso”. Bueno, cuando das permiso para romper farolas, no te extrañe que se acabe asesinando a alguien. Rotas las barreras, la riada es incontenible. Y para que no sea así no basta con desearlo o escandalizarse con un ataque de hipocresía que no se cura con un susto, es preciso reconstruir al ser humano dañado que abandonado a sí mismo y sus instintos no se parece al buen salvaje del filósofo ni de lejos. Es preciso conquistar la humanidad y su marca de racionalidad que es lo que hace de la convivencia humana civilización y cultura.

23 febrero 2013

Porque quiero y porque puedo

Cuando hace unos años, tras retirarse de la política activa, preguntaron a Bill Clinton (sí, ese Bill que ocupó la Casa Blanca de Washington) el motivo por el que se había metido en el lío que conocimos como "affaire Lewinsky" el respondió "porque podía". Muchas de las cosas que se hacen mal siguiendo una pulsión de puro egoísmo se llevan a cabo simplemente porque se puede, porque está al alcance la mano, porque se tiene la posibilidad de hacerlo. No hay explicaciones complejas ni hay que acudir a la psicología profunda o la ideología para comprenderlo. Somos así y esto explica por qué gente que ocupa cargos importantes, en ocasiones, lo usa para su propio beneficio inmediato aunque luego le pase terrible factura en lo personal y en lo social.
En la raíz de toda corrupción hay una persona que puede, que tiene la posibilidad de actuar así y es tentado por el lugar que ocupa. Y no es cuestión de ideología, varía el estilo pero no el hecho en sí como podemos observar si miramos el conjunto completo (y no sólo los contrarios) de los casos que observamos día a día.
Un componente importante de esa "pulsión" o tentación nace del tipo de persona que hemos llegado a ser, de nuestra capacidad o incapacidad de negarnos algo a nosotros mismos. En este sentido Paco Sánchez nos ofrece este interesante análisis:

Se diagnosticó hace ya tiempo cierta incapacidad para esperar como uno de los males de nuestra época: parece ser que cuando queremos algo lo queremos ya y no estamos dispuestos a aguardar ni poco ni mucho. Por lo visto hemos educado así a los niños, pero nosotros ya éramos así: buena parte de la crisis financiera se explica partiendo de esa pulsión inmoderada que nos llevó a comprar a crédito millones de coches y de pisos, segundas casas en el campo y semanas de vacaciones en el Caribe como si fueran antojos, deseos irreprimibles que, si se difieren, pueden producir trastornos patológicos andando el tiempo. Nada de ahorrar durante años para la bici, nada de bracear hasta tener en el banco lo necesario para la entrada del piso. Eso está superado, como diría un buen amigo. Y acabamos en la desesperación de esta crisis sin final de la que solo tienen culpa políticos y banqueros.

Leerlo entero.

04 noviembre 2011

Muy mala noticia y otra buena

Una muy mala noticia, el aumento del paro que no cesa. A este paso hay quien habla del pleno desempleo en un alarde de humor negro. Llevamos mucho tiempo permitiéndonos lo que no podemos permitirnos con cargo al futuro y, de repente, ha llegado el futuro y nos ha pillado sin pantalones, ustedes disculpen la dureza de la imagen. Ahora unos se proponen como la solución, otros como la solución de la solución, ambos hablan sin atreverse a decir la verdad por miedo a la incorrección política y a dar argumentos al contrario. Quienes fueron gran parte del problema ahora dicen que saben como resolverlo, con un rostro de hormigón armado y pretensado, mientras en Andalucía andamos inventando nuevos subsidios que eso vende un montón.
Cuánta razón tenía...
Una buena noticia, los anunciantes (algunos) se retiran del ese infame programa de la telebasura patria que es "la noria" de T5. No creo que aprendan la lección, para eso hay que tener moral y ellos nunca la han tenido ni están en vías de adquirirla. Me honro en no haber visto en total más de tres minutos de tal programa en zapeos despistados en toda mi vida de televidente. 
Por salud mental, fundamentalmente.
Saludos de un viernes inclemente.

09 junio 2011

La bondad sobrevenida de los muertos

"Janus Senus" (nombre ficticio) fue un hitleriano convencido. Nunca levantó la voz contra ningún exterminio ni brutalidad del régimen nazi. Cuando estuvo en la cárcel soviética, colaboró con los comunistas organizando la misma convivencia de sus compañeros y denunciando a quienes le parecía que no eran buenos nazis. Al fin y al cabo a alguno había que sacrificar por el bien de todos. Liberado al fin, nunca se arrepintió ni pidió perdón por su nazismo y su colaboración tal vez más entusiasta de lo razonable con el régimen totalitario soviético. Sin embargo sus dotes de buen poeta han hecho que ahora se le considere un "referente ético".
Ustedes perdonen que les provoque el vómito moral, pero con éste me pasa como con el otro escritor admirador de totalitarismos sanguinarios, que no trago sus hagiografías ni siquiera porque hayan muerto. Esto no pasó en la edad media, pasó ayer.

Actualización: No deberían perderse esta entrada del blog de J. Pedro Quiñonero: Jorge Semprún, derogación de la moral y falsificación de la historia.
Cambien los regímenes y comprenderán de quién les hablo y de qué les hablo.

06 febrero 2011

Afortunado...

"Afortunado es el hombre que no tiene que enfrentarse con lo que es capaz de hacer."

Una frase pronunciada por uno de los actores de la serie CSI "las Vegas", temporada 10, cap. 19, acabo de verlo y me ha evocado algunos recuerdos. El personaje en cuestión es un hutu prófugo de la justicia con un pasado de genocidio sangriento. Yo aún recuerdo el horror con que vivimos las noticias que nos llegaban en 1994 sobre la matanza incesante y terrible del pueblo tutsi a cargo de sus vecinos, amigos y compatriotas. Tanto odio, tanta muerte, tanta inhumanidad. Fue una lección oscura y terrible. No es que fuera la primera vez en la historia de la humanidad en que algo tan horrible sucede. No hace falta ir muchos años atrás para encontrar matanzas de todo tipo.
Pero creíamos que tras los genocidios de la Segunda Guerra Mundial (seis millones de judíos exterminados por los nazis, siete millones de ucranianos dejados morir de hambre por el comunismo estalinista y lo que vino después), nada sería igual. y nos equivocamos. No sé si hemos aprendido la lección. Me da que no.

06 enero 2011

"No me arrepiento de nada"

Tengo que reconocer que es una frase que se lleva. La soberbia sentada en el trono del egocentrismo más estúpido. He leído esta entrada de Scriptor.org con la que estoy sustancialmente de acuerdo y os extracto una cita de Albert Boadella (individuo incorrecto dónde los haya) y la cita de Mingote que resumen lo que considero verdadera sabiduría al respecto:

Albert Boadella: “Me arrepiento de muchas cosas. Si no, formaría parte de los imbéciles”.

A. Mingote: “Me arrepiento de todo… De cómo he tratado a mis amigos…, de no haber sido más amable con mi madre, con mi padre, con mi hermana, con mi familia… Me arrepiento de no haber hecho cosas que tendría que haber hecho porque siempre me he quedado corto en el trato con la gente… Sobre todo, me arrepiento de muchas tonterías que he hecho, de muchas frivolidades, de muchas gilipolleces… ¡Ufff!, de las cosas que me arrepiento”.

10 diciembre 2010

El SIDA y la Iglesia

He visto este par de vídeos de respuesta a la estupidez de las JSA de hace unos días y justo es que los traiga aquí. Más claro, el agua.



Y esta otra versión también interesante de ver.

17 septiembre 2010

Zona Cero y Momento Cero

Es un poco fuerte para mi gusto, pero el tema lo requiere. A ver si aguantas hasta el segundo 32, no es tanto.

28 julio 2010

Hipocresía antitaurina

Me disponía ha escribir un breve articulo sobre el sarcasmo sangriento que supone que las firmas en contra de los toros pesen inmensamente más que las firmas a favor de la vida humana indefensa, cuando he percibido que no soy el único que se ha dado cuenta, lógicamente. La atención mediática y el ruido organizado ha sido indecente visto desde este punto de vista. No debería sorprenderme el nivel que alcanza la estupidez humana, pero a veces lo hace. Y ésta es una de esas veces.
Conste que no me gustan los toros, aunque crecí viendo corridas en un viejo televisor en blanco y negro, cuando las interferencias lo permitían. Pero de ahí a la supina estupidez de la acogida a esta iniciativa ciudadana cuando se ha ignorado iniciativas mucho más numerosas y moralmente más graves, me parece que demuestra, una vez más, cuánta razón tenía Marx: "partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria". Pero todo tan políticamente correcto, tan "progresista" y estupendo.
Ponemos imágenes de accidentes de tráfico, de perros abandonados en la carretera, de incendios y sus consecuencias, pero les parecerá demagógico a la caterva de costumbre poner imágenes de niños abortados. En cierta ocasión, un amigo mío, ante la imagen de un perro abandonado en una carretera que había sido atropellado, exclamó indignado: "habría que matar a la gente que hace eso", los que le rodeaban no dieron la mayor importancia al asunto. Imagina que ante un niño abortado, aún palpitante de vida cercenada, alguien exclamara lo mismo. Le llamaría fanático como poco...
Así andamos, así nos va...

Actualización:
El café de Ocata: Cabreado
Contando Estrelas: Aborto sí, corridas no.
Y seguro que encuentran otros del mismo tenor si buscan un poco, comentarios de twitter aparte.

22 abril 2010

Aliviar el sufrimiento, enfrentar la muerte

Acabo de leer esta entrada en el blog Compostela que remite a una entrevista a Julio Gómez, médico especialista en cuidados paliativos, creo que expresa perfectamente en qué consiste el debate actual sobre el sufrimiento, la enfermedad terminal, la muerte y la eutanasia. Pueden ver el PDF de la entrevista aquí.
Para que se animen, les copio y pego un párrafo:


(...)
—¿Ha acompañado a alguien querido?

—Mi hija murió con tres años y ocho meses. Nacida con grave discapacidad, estaba hipercapacitada para generar cambios alrededor: despertó la ternura en mí, eso me hizo mejor médico. Yo la cuidé, ella me doctoró. (...)

12 abril 2010

Ideología y odio

Creo que en lo fundamental estoy de acuerdo, sobre todo mirando cómo está el patio de los partidismos políticos en España y ese terrible invento de la "memoria histórica" por el que tenemos que volver a sacar lo peor que llevamos dentro los españoles:

"...En la mayoría de los casos, lo que empuja a alguien a abrazar una ideología es el rechazo a algo. Una ideología es un mecanismo para dotar de respetabilidad intelectual y moral al odio. Cuando la ideología se derrumba, el odio sigue ahí, sin justificaciones, sin una teoría que lo dignifique, pero igual de vivo que antes."


De los comentarios del blog de Santiago González

Actualización: un detalle de cómo las ideología devienen en totalitarismos fácilmente y muestran el odio ciego que malamente disimulan: Dawkin, ese fanático sin conciencia moral... en Contando Estrelas.

09 marzo 2010

Moralidad y legalidad

Bueno, dedico este artículo a recoger dos textos, los primeros que he encontrado, probablemente los hay mejores y más claros y concisos, sobre la relación entre moralidad y legalidad. El segundo habla de la relación entre ambas e introduce el término de la "responsabilidad", lo que es muy interesante para aclarar dicha relación.
Estos son los textos:

De la wikipedia:

Se denomina moral o moralidad al conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar (es decir, que orienta acerca del bien o del mal —correcto o incorrecto— de una acción o acciones).

La moral son las reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en relación con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido positivo frente a los de «inmoral» (contra la moral) y «amoral» (sin moral). La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el ser humano como sujeto de actos voluntarios. Por tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones.

(...)
Los conceptos y creencias sobre moralidad son generalizados y codificados en una cultura o grupo y, por ende, sirven para regular el comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones es también conocida como moral y la civilización depende del uso generalizado de la moral para su existencia.


De Isegoria, una revista de filosofía moral y política del CSIC (página 11 del PDF o 39 del artículo):

(...) Al encararnos con el sentido de responsabilidad, de lo primero que hay que dejar constancia es de que cada uno se siente responsable en la intimidad de la conciencia. Si podemos sentirnos o no responsables de las consecuencias de un acto es cuestión que, en principio, sólo puede decidir el individuo, apelando a su conciencia. La noción de responsabilidad supone la existencia de una conciencia personal que, en último término, decide si puede aceptar o no los efectos previsibles de un acto o de una conducta. La noción de responsabilidad atañe al sustrato último de la decisión, hasta el punto de que puede muy bien considerarse la categoría fundamental de la ética. Que un acto pueda calificarse de moral significa simplemente que es una acto responsable, que es lo mismo que decir que se hace cargo de los efectos que produce. Empero, las consecuencias de los actos de cada uno de los individuos de una comunidad inciden de tal forma sobre el bienestar, y hasta sobre la supervivencia individual y colectiva, que ninguna sociedad abandona la responsabilidad exclusivamente a la conciencia individual. En el concepto de responsabilidad convergen una dimensión personal, ámbito de la moralidad, y otra social, que enmarca el de la legalidad. La noción de responsabilidad resulta así fundamental en la ética y en el derecho y está en la base de la distinción entre moralidad y legalidad, que proviene de diferenciar una dimensión individual, propia de la conciencia, y otra social y política, que resulta de la ulterior distinción moderna entre Estado y sociedad.
La noción de responsabilidad, con su doble dimensión ética y jurídica, recupera la unidad constitutiva de todo sistema normativo, así como explicita el camino recorrido para que se haya producido esta diferenciación. Moralidad y legalidad hunden sus raíces, como muestra un concepto común de responsabilidad, en la unidad sustancial de todo el sistema normativo, que no cuestiona la ulterior diferenciación de la responsabilidad entre un ámbito privado, moralidad, y otro colectivo, legalidad. En el ámbito legal, el Estado dicta las normas que estima oportunas para la convivencia pacífica; en el ámbito de la moralidad, aquellas que el individuo afirma en lo más profundo de su subjetividad. La legalidad descansa sobre el poder del Estado; la moralidad, sobre el poder de la conciencia.
(...)