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11 febrero 2016

Para qué, ¿adónde iré?



Tengo un problema y no sé cómo se va a resolver, resulta que estamos en pleno año de la misericordia y toca meditar, profundizar y explicar esta virtud justo en  medio de una sociedad como la nuestra, dónde lo que más nos gusta es mirar a alguien, al contrario, y gritar ¡culpable! De lo que sea. Puede ser un individuo al que responsabilizamos de nuestra desgracia, cuya actuación nos coloca en permanente indignación y nos imposibilita para ser feliz o, en la cúspide del atavismo inculpatorio, la humanidad misma, culpable toda ella del calentamiento global que amenaza con extinguir la biodiversidad y traer todos los males imaginables. Hay quien en un ejercicio de autoodio sin precedentes ha declarado que lo mejor que puede hacer la raza humana es extinguirse, por el bien del planeta. Claro, no parece que vaya a predicar con el ejemplo. Y resulta que tengo que hablar de misericordia y no sé cómo.
Así que me van a permitir que mi reflexión vaya por otro lado. Creo haber comentado en este mismo espacio que en ocasiones encuentro obras que son capaces poner en palabras brillantemente, intuiciones que alguna vez he tenido y no he conseguido expresar ni por asomo con esa claridad, para mi desesperación por supuesto. 
Hoy vuelvo a esos sentimientos de cuando tenía edad universitaria a través del comentario de Luis Daniel González de unos párrafos de libro Del tiempo y el río, un relato de Thomas Wolfe que responde plenamente a su subtítulo: «Una leyenda sobre la ansiedad del hombre en su juventud». Son los años del joven Eugene Gant en la universidad, años de «anhelos, de deseos, de todo lo que constituye el delirio de la vida de un joven. Y ¿para qué? ¿Para qué?». Eugene Gant, deseoso de no pertenecer a «la gran colonia de los norteamericanos sin rumbo», no encuentra el modo de saciar sus hambres de «saberlo todo, tenerlo todo, ser todo; ser uno y muchos, asir el enigma de esta tierra vacía y palpitante y que el enigma fuera tan tangible en su mano como una moneda de oro»; y se pasa el tiempo en busca de «la palabra, la llave, la puerta de acceso a la gloria de una existencia afortunada y feliz»…
Wolfe describe con dramático vigor los choques interiores que un joven experimenta entre los inmensos anhelos de saber y de vivir que le consumen y las realidades pobres a las que se enfrenta, entre la «intolerable adivinación de triunfo y de descubrimiento» que intuye y la soledad y el desamparo que tantas veces le inundan como una marea, entre la nostalgia inefable de su tierra y de los suyos y el rechazo áspero y hasta violento que siente hacia gentes mediocres que ve a su alrededor. Wolfe-Gant vuelve una y otra vez a «la vieja pregunta, en su desnuda desolación: “¿Por qué estoy aquí? ¿Adónde iré ahora? ¿Qué haré?” Como un ahogado (naufrago) que se aferra a una tabla, buscaba afanosamente una meta o algún propósito en su vida, alguna justificación a sus vagabundeos, algún punto de mira para su feroz deseo».
En medio de su prosa torrencial, Wolfe da con claves que le podrían ayudar a descubrir esas voces que «nos hablan en la noche y nos dicen que moriremos, sí, pero que más allá existe un conocimiento mayor, un amor mayor, una vida mayor, un cielo más amable que nuestros hogares, un lugar donde están enterrados los pilares de la tierra, hacia el cual tienden los espíritus, se tensan las conciencias, se levantan los vientos y fluyen los ríos». Pero sus intuiciones encallan en la retórica de su autocompasión y, sobre todo, chocan con el «agnosticismo, ese obstáculo latente en su cerebro, no tanto como una convicción sino como algo que le servía para justificarse a sí mismo». 
Ese obstáculo que provoca que tantos miren si ver y oigan sin entender, para no salir de su zona de confort ni siquiera en busca de la verdad, añado yo. 
Feliz desierto.

13 diciembre 2011

La oración de Dante

La traducción de la letra es, seguramente, mejorable (no es mía) pero da una idea de la hermosura de la canción. Tengo que buscar el CD que tengo por ahí de esta cantante... (Gracias a M. E. por recordármela).

"Cuando la oscuridad del bosque cayó ante mí
y todos los senderos estaban cubiertos de vegetación
Cuando los sacerdotes del orgullo dicen que no existe otro camino,
he cultivado penas de piedra.

No creía porque no podía ver.
Aunque tú viniste a mí en la noche,
cuando el amanecer parecía perdido para siempre
tú me mostraste tu amor
a la luz de las estrellas

Dirige tu mirada hacia el océano.
arroja tu alma a el mar
Cuando la noche oscura parezca no  tener fin...
por favor... recuérdame

Luego, la montaña surgió ante mí
cerca del profundo pozo del deseo,
desde la fuente del perdón,
más allá del hielo y del fuego

Dirige tu mirada hacia el océano.
arroja tu alma a el mar.
Cuando la noche oscura parezca no tener fin...
por favor... recuérdame
...
Aunque compartimos este humilde sendero, solos.
¡Qué frágil es el corazón!.
Oh, regala alas para volar a estos pies de arcilla,
para acariciar el rostro de las estrellas

Sopla, vida a este débil corazón,
levanta este velo mortal de miedo
Toma estas esperanzas deshechas, grabadas con lágrimas
Nos elevaremos sobre estas preocupaciones terrenales

Dirige tu mirada hacia el océano.
arroja tu alma a el mar.
Cuando la noche oscura parezca no tener fin...
por favor... recuérdame"

30 octubre 2011

Como lágrimas en la lluvia

Es una escena de "culto" de una película de "culto", por así decirlo. Se ha prestado a todo tipo de interpretaciones, conociendo al escritor del libro original, cualquier interpretación es posible. Menos las chistosas de los que nunca se enteran de nada. "Sólo quería las mismas respuestas que todos buscamos...". Aunque ahora parece que hemos aprendido a anestesiar las preguntas.

12 mayo 2010

Un modo de morir, un modo de vivir.

Me ha dejado impresionado el testimonio de Randy Pausch. Un hombre que eligió vivir sus últimos meses de vida de forma memorable. Me llama especialmente la atención cuando insiste en que ante la adversidad podemos decidir utilizar nuestras energías para lamentarnos o utilizar esas mismas energías y el tiempo que tenemos para jugar duro y llenarlo de energía y esfuerzo. La desgracia nos afecta tanto como la dejemos a partir de ciertos límites. Digo que esto me llama la atención porque yo he experimentado que puedo elegir como quiero sentirme ante algunas adversidades y cuánto me van a afectar, así como ciertos comportamientos. Y aunque, a veces, pierdo algunas batallas, espero no perder la guerra. Randy no habla de religión, quizá para que su aportación llegue a todo tipo de gente, pero hay una sospecha de transcendencia en todo lo que dice. Ya habrá salido de dudas.
Este vídeo del programa de Ophra resume una charla mucho más larga que después dio lugar a un libro que seguro merece la pena. (El vídeo original en inglés está aquí.)

21 abril 2010

De paso

"Todos estamos de visita en este momento y lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa.” 

-Dicho aborigen australiano-

18 marzo 2010

El mayor espectáculo del mundo

No es el circo del sol ni nada de eso. Es ver como esplende la naturaleza en cualquier lugar del mundo. Un año en un rincón de las Montañas Rocosas en "time-lapse".

09 febrero 2010

"Recé por primera vez"

Hay situaciones en las que parece que nos encontramos a solas con la última gran cuestión y parece que la reacción es siempre ésta:

"Quand elles sont reparties, j'ai compris que j'allais passer la nuit ici et que j'allais devoir me battre. J'ai commencé à prier, pour la première fois de ma vie."

Un joven permanece diecisiete horas apresado bajo un alud de nieve y sobrevive a la experiencia.

19 diciembre 2009

Un viaje alucinante

La verdad es imposible no sentir algo de vértigo al seguir este particular "viaje" a la velocidad de la luz, es casi revelador. Se disfruta mejor a pantalla completa y sin distracciones.



Vía Barcepundit.

10 septiembre 2009

Vía Lactea

Hubo una época en mi niñez en que pasábamos fines de semana y vacaciones en una casa de campo bastante apartada de cualquier pueblo. Rodeada de cabezos, era una antigua casa de labranza que, por no tener, no tenía agua corriente, luz eléctrica o tan siquiera cuarto de baño. Todo era improvisado, las duchas de cubo, el "camping gas" o el "petromán" de carburo de cuando mi padre trabajaba en la mina. Linternas cuyas pilas duraban demasiado poco o la lamparilla de aceite completaban la iluminación nocturna.
En las noches de verano nos sentábamos al fresco a cenar y echábamos el rato charlando a la luz de las estrellas y la luna. Había que bajar la intensidad del "camping gas" para que no atrajera demasiados bichos. Entonces mirabas al cielo y el espectáculo era impresionante. Una inmensa bóveda de estrellas entre las que jugábamos a descubrir algún "satélite artificial" que cruzaba el firmamento rápidamente. La Vía Láctea se podía vislumbrar entre las incontables estrellas. En invierno, con el aíre más claro, la visión era particularmente estremecedora.
Recuerdo que una noche subimos al "cabezo" que estaba detrás de la casa, los árboles estaban cortados o aún eran bajos (los consabidos eucaliptos). Cuando estábamos arriba mirar al cielo y sentir que no sólo las estrellas brillaban sobre mí, sino que parecían envolverme, me produjo esa sensación de indescriptible sobrecogimiento. Me sentí tan pequeño en comparación con tanta inmensidad que casi me eché a temblar. Algo parecido me ha pasado también en algunos amaneceres y atardeceres en medio del campo en que he podido disfrutar de la visión del los luceros matutino y vespertino a través de un cielo de una transparencia imposible.
Momentos en que he podido sentirme como transcendido. Momentos de transcendencia en que lo Otro se hace más cercano en su total lejanía.
Todo esto me lo ha recordado este vídeo y me lo suele recordar esta web.




Vídeo vía fogonazos.com.

25 febrero 2009

Miércoles de Ceniza

Hoy es miércoles de ceniza, lo han adivinado. No sé, recuerdo que de pequeño me impresionaba esa frase que nos recordaba que toda carne es hierba que florece como flor del campo que viento la roza y deja de existir. La fugacidad de la vida se me hacía un peso insoportable aún a mis pocos años de entonces. Sin embargo el tiempo pasado me ha ido haciendo sentir que tras lo marchito hay un aliento de eternidad, que aunque nada parece durar siempre hay un Siempre que me ha hecho suyo, que hay algo Eterno tras lo marcesible y caduco. Lo intuyo, lo presiento y lo barrunto aunque se escape y no pueda apoderarme de él. Tal vez la Cuaresma sea ese tiempo necesario para dejar de intentar adueñarse de Dios y dejar que sea Él quien se adueñe de uno. Tal vez.

12 agosto 2008

Es triste, pero...

Es triste, y por que es triste, lo confieso;
aquí estoy yo y vengo voceando,
buceando, mejor, entre la niebla;
ahorcándome la voz entre los álamos.
Ganándome el sudor con este pan,
ganándome la vida con las manos,
ganándome el dolor con el placer,
ganándome la envidia con el salmo.
Ganándome la muerte con la vida,
voy consiguiendo todo sin el llanto,
que soy la mujer fuerte que se viste
y medita mirando el calendario.
Es triste, y porque es triste, lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo
verás que sale luz de tu costado.

(Gloria Fuertes)

11 agosto 2008

¿Y Dios...?

...Y Dios en medio
como un jueves cualquiera
-no necesariamente santo-;
siempre ahí,
en medio,
entre la fe y el espanto.

(Gloria Fuertes)

09 agosto 2008

La viña.

La voz de una mujer que partía de lo hondo y volcaba vida en el papel. He tomado prestada esa voz hecha palabra, versos para decirte algo, lo que es este algo está escondido entre los versos. Disculpa mi atrevimiento...

Delante de mi casa hay una viña
y pasa el sol delante de mi huerto
al lado del jardín reposa el río
y aquí en el corazón reposa el sueño.

Hay un jardín que da peras al olmo
y hay una paz con música de incienso.
Existe en la comarca la justicia
existen hombres puros en el techo.
Nadie tiene dolor, el aire es limpio
puedes sentarte al lado de un labriego.

Pero esto que yo digo debe estar,
detrás del cementerio.

(Gloria Fuertes)

28 junio 2008

La fuerza y el coraje de Iván

La fuerza y el coraje de Iván - missionerh

Iván es un niño especial que vive, junto con su familia, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí.

Tiene 11 años y sufre de una lesión cerebral provocada, probablemente, por un error de los médicos, cuando subió una intervención quirúrgica por una hernia, a los dos meses de su nacimiento. Vive en una silla de ruedas, porque no puede caminar; tiene dificultad de movimiento con todos los artos, sobre todo en el lado izquierdo; no puede hablar bien, pero se explica, puede escuchar y entender bastante bien.

El amor de sus padres, que lo aman verdaderamente, y el progreso de la ciencia lo han ayudado mucho a mejorar su situación física y ahora, con la ayuda de sus padres, puede hacer algunos pasos.

Iván es también un niño con una gran sensibilidad espiritual y fuerza de ánimo, y deseaba ardientemente hacer la Primera Comunión. El 12 de junio la recibió en parroquia, en una celebración eucarística, durante la cual conmovió a todos los presentes...



Te aconsejo que leas el resto en la página referida al principio. "De los que son como niños es el reino de los cielos", quizá sea esta nuestra más complicada tarea, recuperar aquella inocencia que nos permite mirar alrededor y ver a Dios oculto en las pequeñas cosas.

04 noviembre 2007

Noviembre


Unos días antes del día de difuntos visité el cementerio con mi madre, quería ver las lápidas de la familia, ya se sabe, para estos días se procura limpiarlas y reponer los desperfectos de forma especial. Yo no suelo visitar el cementerio salvo en ocasiones muy contadas y siempre me toma desprevenido el estado de ánimo que provoca en mí.
Mi madre tiene una muy buena memoria de personas e historias. Mientras llegábamos a las de mi familia, algunas lápidas le traía recuerdos, un matrimonio enterrado junto, un niño que murió a los doce años, un joven, una mujer que murió de parto, aquella que era tan alegre mientras vivió en la calle tal... y así iba desgranando historias que recordaba de aquellas personas. Yo también reconocí algunas, cómo no. Al final mi estado de ánimo era como la tarde, nublada pero con un tibio sol que encendía de oro blanco las nubes. Es curioso, ante las lápidas de algunos jóvenes y niños recordé una frase de una canción de Aguaviva: los niños muertos no crecen. Siempre serán niños en el recuerdo que tenemos de ellos. Mientras que los mayores los recordamos de otro modo y con otros sentimientos. El recuerdo de los niños y de los jóvenes deja un tipo de heridas difíciles de sanar. Lo ves en sus padres y hermanos. Hay en ellos un rastro evidente de sufrimiento inacabable. Salen adelante, llegan a ser tal vez felices, pero siempre notas esa sombra en algún rincón de sus vidas.
El día de difuntos, al terminar la misa del cementerio recordaba que los primeros cristianos no se reunían en las catacumbas para huir de los romanos, sino para estar cerca de los suyos, en particular los apóstoles y mártires, que estaban allí enterrados. La proclamación de la esperanza tenía quizá allí mucho más sentido. No sé, pero puede que sea la primera vez que le encontré sentido a esa misa extraña celebrada en medio de las tumbas, paradójicamente nos conecta a esta iglesia y a aquella de los comienzos en la misma fe.

18 enero 2007

Alegre y de repente.

El alma deja el cuerpo,
como el niño salta de la puerta del colegio
alegre y de repente.
No hay horror en la muerte.

Voces de Ángeles (Peter O'Fallon, 2000)