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06 junio 2026

Tempus Fugit

 Me llega un aviso de un comentario al correo y recuerdo que empecé este blog hace tanto y con tanta ilusión que creí que cada día tendría algo grandioso que escribir. El sueño de lanzar a las redes mis pensamientos, mis comentarios, mis ocurrencias, esperando que alguien los crea interesantes o que despierte la curiosidad de alguno, tal vez de alcanzar repercusión que no fama. Miro mis anteriores artículos y resulta que hace más de un año entre uno y otro y me invade el vértigo. ¿Cuándo ha pasado tanto tiempo? 

Miro la lista de blogs que seguía en el "widget" lateral y veo que no soy el único que olvidó su bitácora, como quien olvida un diario en cajón de la mesilla. Alguno, según averigüé, ha fallecido incluso, que Dios lo tenga en su gloria. Otros siguen en otros foros. De alguno otro no se nada. Pero ahí queda todo lo que compartieron en su momento, lo que compartí también yo. Y me invade esa absurda nostalgia que nubla la visión. Me pongo a escribir esto interrumpiendo un rato de navegación por otros espacios de este mundo virtual, al vuela pluma como quien dice, sin un propósito, como un desahogo.

Me viene aquella cita de la terraza del androide de Blade Runner, "todo se perderá como lágrimas en la lluvia". En este caso en un mar de bits sin alma. El tiempo pasa y yo con él.

13 mayo 2016

Dar ocasión al diablo, o no.



Es posible que esté en esa parte de mi existencia en que algo en mi me invita a volverme eremita, a ir a algún lugar desierto,  y huir de todo y de la mayoría de todos. Decía Jean Paul Sartre que el “infierno son los otros” y yo llevo dándole la razón desde que leí la frase y estudié un poco de su pensamiento, con el que no estoy obviamente de acuerdo pero que resulta muy revelador según se lo interprete.  Bueno, no hay peligro de que me vaya a ningún sitio, al menos de momento, necesito de la compañía y cercanía ajena tanto como para sobreponerme al infierno mentado de la relación compleja y complicada que supone la vida diaria. Es más, soy consciente de que muchos de esos otros que pueblan mi personal e intraterreno infierno son mi responsabilidad, me han sido encomendados y no puedo huir de la tarea puesta en mis manos respecto a ellos.



Pero a veces duelen los errores, las desconfianzas, los fracasos, las tareas empezadas y nunca acabadas, las comparaciones con otros, los silencios y el contar contigo mientras te necesito y luego si te conozco de algo no sé de qué. Duele que todo lo hecho con tiempo, esmero y cuidado pueda ser demolido por una palabra torpe o que la confianza construida desaparezca como por ensalmo en cualquier momento por una noticia de la televisión o cualquier habladuría ajena. 

Y lo normal es que me pregunte dónde está el límite, si debo seguir o dejarlo, si cerrar la puerta o dejarla abierta y seguir insistiendo. Y estas andaba yo otra vez cuando recordé algo que había leído de Javier Vicens sobre las tentaciones que decía lo siguiente:



-¿Qué haré -se pregunta el diablo- para tentar al que anda sufriendo? 
Y entonces dice: “Je, je”. Y hace una lista de tentaciones para el que anda sufriendo. 
A. Le meteré en la cabeza que es el mejor sufriendo, que -a pesar de ello- nadie lo valora suficientemente, que los demás son unos quejicas, y otras cosas por el estilo. 
B. Le haré considerar que, puesto que él mismo está sufriendo, no tiene ninguna obligación de preocuparse por los demás. 
C. Le enseñaré a maldecir a Dios y a buscar culpables y a añadir a sus sufrimientos el resentimiento.



Y cómo no quiero dejar que el diablo triunfe me vuelvo a acordar del relato de Dombrosky que cité hace algunos programas, lo que hace auténtico y redentor al amor de Cristo es esa incondicionalidad desde la misma cruz, y pienso si yo seré capaz de llegar a vivir una fracción de ese modo de amar a los que son mi responsabilidad y mi infierno a la vez. Y me doy cuenta de que si no hago incluso de los momentos más tediosos del día, momentos de oración y reflexión, no podré ni intentarlo. Y en eso ando, tropezando con todo y sin ser capaz de explicarlo, tentado a caer en la queja, la autocompasión o el enfado. Y me acuerdo de Teresa de Calcuta y el mural de la casa para niños de aquella ciudad que dice:
"Las personas son irrazonables, ilógicas y centradas en sí mismas, ámalas de todas maneras. 
Si haces el bien, te acusarán de tener motivos egoístas, haz el bien de todas maneras.
Si tienes éxito ganarás falsos y verdaderos enemigos, ten éxito de todas maneras. 
El bien que hagas se olvidará mañana, haz el bien de todas maneras. 
La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable, se honesto y franco de todas maneras. 
Lo que te tomó años en construir puede ser destruido en una noche, construye de todas maneras.
La gente de verdad necesita ayuda pero te podrían atacar si lo haces, ayúdales de todas maneras. 
Dale al mundo lo mejor que tienes y te golpearán en los dientes, dale al mundo lo mejor que tienes de todas maneras."


Y pienso en su vida y su entrega y pido que pueda hacerlo así.

21 octubre 2015

Contra la tristeza

Me van a permitir que este breve espacio haga un acto de resistencia contra lo que la realidad o la actualidad, como quieran llamarla, infunde en quienes estamos despiertos. Y digo de resistencia porque si a algo me induce la mirada al circo patrio es a la tristeza ante la profunda decadencia de ideas y principios en quienes deberían conducir la nación. Ahora toca el estúpido anticlericalismo, con sus gotas de cainismo, para tapar las vergüenzas de la corrupción y el transfuguismo. Es muy socorrido el garrotazo a la Iglesia y a los creyentes para levantar polvareda y que la gente mire en otra dirección. Decía S. Agustín que somos lo que amamos, nos definimos por aquello que elegimos amar. En el caso que nos ocupa, en nuestro presente hay demasiada gente que se define por lo que desprecia, los definen sus odios y los políticos lo saben. Unos lo utilizan con más habilidad y menos escrúpulos que otros. Pero, ¿qué hay si no tras el auge de los radicalismos extremistas más recientes? Parece que es ahí donde quiere pescar el candidato socialista.
Y ante tal ausencia de grandeza, ante tan decadente regreso a lo peor del pasado, uno se siente provocado a la tristeza. Y quiero resistirme a ello, y encuentro en el portal Aleteia los cinco consejos de Santo Tomás de Aquino para vencerla y así no dar ocasión al demonio.


Para el aquinate el primer remedio es un placer cualquiera. Es como si el teólogo de hace siete siglos hubiera ya intuido la idea hoy difundida de que el chocolate es antidepresivo. Puede parecer una visión materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras recupera muchos puntos gracias a una cerveza en buena compañía.

El segundo remedio propuesto por santo Tomás es el llanto. Es una asignatura pendiente en muchas personas aprender a llorar, saber concederse ese desahogo que rompe el nudo de una melancolía aparentemente invencible.

El tercer remedio es la compasión de los amigos. Ese momento de compartir la intimidad con quien tal vez no diga mucho, pero hace el impagable favor de escucharte de corazón y sin juicios. El daño se redimensiona y parece mucho más pequeño y solucionable.

El cuarto remedio contra la tristeza es la contemplación de la verdad, del fulgor veritatis del que habla san Agustín. Contemplar el esplendor de las cosas, la naturaleza, una obra de arte, escuchar música, sorprenderse por la belleza de un paisaje puede ser un eficacísimo bálsamo contra la tristeza.

El quinto remedio propuesto por santo Tomás es tan accesible como dormir y darse un baño. Como pueden ver, la sensatez del santo es evidente.

Voy a empezar por el principio de la lista este fin de semana y durante la ducha matinal, pondré esa música que estremece el alma.

Se marcharon llorando y vuelven entre consuelos, dice Jeremías, el profeta.