Una bitácora personal e intransferible. Me permitan decir que soy dueño de lo que digo, no de lo que la gente entiende.
07 octubre 2006
Sectarismos
17 septiembre 2006
¿Violento yo?
Hay un acertado análisis de Fábregas (en catalán), individuo nada dado a concesiones a la religión, que comienza hablando de victimismo y manipulación. Igualmente muchas otras bitácoras se han hecho eco del asunto. Como siempre, los más cerriles de los progres (se les ve el plumero) han aprovechado para disculpar a los violentos, acusando a Benedicto XVI de alguna cosa.
Lo triste es que todo esto da la razón a Oriana Fallaci en sus peores augurios y más sangrientos análisis de lo que pasa en la muy complaciente "Eurabia".
Comentarios sobre el tema aquí, aquí, aquí y aquí. A su vez esa bitácoras tienen enlaces a otras en las que sigue la noticia.
Más sobre Oriana Fallaci aquí, aquí , aquí, o aquí, por ejemplo.
07 septiembre 2006
Educación y control social.
Aquí hay un artículo que analiza con bastante acierto a mi juicio esa paradoja en la que nos movemos y apunta unas terribles tendencias que se pueden observar en nuestra sociedad, creo que lo explica bastante bien.
"ENTRE los rasgos sorprendentes que nos ofrece un sector de la opinión política española se encuentra lo anticuado de su marco conceptual y las raras unanimidades que se registran entre determinados comentaristas de la actualidad. Una muestra de ambas características es la reiteración de una dialéctica entre lo público y lo privado que no cuadra en absoluto con la complejidad y dinamismo de la sociedad actual.
En un periódico nacional muy receptivo para las unanimidades, ha escrito recientemente Aurelio Arteta que la Educación para la Ciudadanía es un “saber de lo tocante a todos que no puede transmitirlo la familia, que es una comunidad parcial y volcada en el interés egoísta de sus miembros”. Habrá de transmitirlo entonces a una institución total que no podría ser otra que el Estado. Poco falta para que el Estado mismo se defina como “un instrumento totalitario al servicio del pueblo”, según se hacía en los veinticuatro puntos de Falange Española que nos obligaban a estudiar en la asignatura Formación del Espíritu Nacional durante la dictadura franquista."
06 septiembre 2006
Es la condición humana...
Pero en el progreso no hace falta creer, porque, sencillamente, es una evidencia. Enfermedades que no se curaban, ahora se curan; distancias que exigían meses, ahora se recorren en horas, etc.
Pero el único progreso evidente, innegable, es el progreso material. En lo moral, el hombre sigue como al principio de los tiempos. Las guerras, los crímenes, las crueldades, la estupidez o la locura, ahí siguen, quizás más atroces porque disponen de más medios."
Me trae la memoria a la inefable Isabel Gemio, oráculo del progresismo politicamente correcto, en un programa nocturno de Radio Nacional que se llamó algo así como "Hablemos de amor" (años 90, antes del deleznable "Lo que necesitas es amor"). Era vomitivo por buenista y relativista. Un día se escandalizaba sobre conductas que a su juicio eran inasumibles en "pleno siglo XX". "Cómo, a estas alturas de la historia, puede pasar eso", bramaba en justa cólera. Daban ganas de gritarle "es la condición humana, estúpida". No hay "memoria histórica", o "memoria genética" que nos dote desde el nacimiento con el acervo de experiencia y moralidad que nos impida repetir los errores a los que se enfrenta cada aventura humana, cada individuo. Pero el mundo "buenista" y politicamente correcto no lo entiende, ni parece ir camino de entenderlo.
Por ello no puedo menos que estar de acuerdo con la cita de Pascal (s. XVII) que sugiere el blog antes citado, es terrible, pero es así.
"Las invenciones de los hombres van avanzando de siglo en siglo. La bondad y la malicia del mundo son, en general, las mismas." (Pascal, s. XVII)
04 septiembre 2006
¿Exagera un poco?
16 junio 2006
El crucifijo en las aulas.
Entre los blogs que leo, he llegado a uno, Compostela, que publicaba un artículo que creo de interés para la que está cayendo en nuestro muy politicamente correcto país. Lo encontré a través de la Iglesia en la prensa.
El enlace está aquí y el artículo es de Natalia Ginzburg, no creo que mis comentarios sean necesarios, así que lo reproduzco a continuación:
Dicen que hay que quitar el crucifijo de las aulas. El nuestro es un estado laico y no tiene el derecho de imponer que en las aulas haya un crucifijo. La señora Maria Vittoria Montagnana, maestra de Cuneo, había quitado el crucifijo de las paredes de su clase. Las autoridades educativas la han obligado a volver a ponerlo. Ahora se está peleando por poder quitarlo de nuevo y para que lo quiten de todas las clases de nuestro país. En lo que se respecta a su propia clase, tiene toda la razón. Pero a mí me disgusta que el crucifijo desaparezca para siempre de todas las clases. Me parece una pérdida. Todas o casi todas las personas que conozco dicen que lo quiten. Otras dicen que es una cuestión sin importancia. Los problemas son tantos y dramáticos, en la escuela y fuera, que este es un problema sin importancia. Es verdad. Pero a mí me desagrada que el crucifijo desaparezca. Si fuera profesora, querría que en mi clase no lo tocaran. Toda imposición de la autoridad es horrenda en lo que respecta al crucifijo en las paredes. No puede ser obligatorio ponerlo. Pero en mi opinión tampoco puede ser obligatorio quitarlo. Un profesor debe poderlo poner si quiere y quitarlo si no quiere. Debería ser una elección libre. Sería justo también pedir opinión a los niños. Si uno solo de los niños lo quisiese, escucharlo y hacerle caso. A un niño que desea un crucifijo puesto en la pared hay que hacerle caso. El crucifijo en clase no puede ser otra cosa que la expresión de un deseo. Y los deseos, cuando son inocentes, se respetan.(...)
-"Autobiografia in terza persona" p. 178-83 de Saggi (2001): (…) Su padre era hebreo, su madre no lo era. Ni el uno ni el otro eran observantes, en un sentido u otro. Ni él ni ella ponían el pie en una iglesia o en un templo. Solían considerarse materialistas y ateos; el padre con más convicción; la madre de una forma menos resuelta y más insegura. (…) Natalia Ginzburg vive en Roma, siempre en la misma casa del centro. Es todavía diputada [independiente por el Partido Comunista] en el Congreso. Algunas veces, pero de modo discontinuo, escribe en los periódicos. Vive sola con su hija Susanna, gravemente enferma desde los primeros meses de vida. La enfermedad de su hija le impide pensar en la muerte tranquilamente. Todavía tiene fe en la providencia, en el afecto de sus otros hijos, en los ángeles custodios. Aunque de modo caótico, atormentado y discontinuo, cree en Dios.
29 mayo 2006
Nunca te detengas.
