04 febrero 2008

La prensa (II).

Es curioso ver como algunas de las "leyes cósmicas" de la vida se cumplen inexorablemente. Recientemente tuve una diatriba con el bloguero de mangas verdes al respecto de la nota de los obispos. Dicho bloguero dedicó un artículo a ridiculizar la nota, supongo que sin haberla leído, los enlaces son a las reseñas de la prensa no a la nota en sí. Pero no contento con eso, concluye llamando sinvergüenzas a los obispos. Y tan fresco.
Mi error es indignarme e intervenir, intentar criticar su artículo por banal, frívolo y sin gracia, y expresar la catadura que demuestra el insultar de esa manera a todos los obispos por su opinión (que ni siquiera se ha molestado en conocer antes de ridiculizar). Sí, ya sé que es un error, no hace falta insistir. Pero es un interesante test de la hipocresía de lo políticamente correcto. A dichas críticas el bloguero sólo sabe responder con una sarta de insultos que van in crescendo, acusaciones de ultraconservador, neofascista y (oh, cielos) obispo o defensor de los obispos (me recuerda al insulto "amigo de los negros" que profieren los racistas). La traca final es la censura de mis comentarios en su blog. Eso lo entiendo, él manda y cuando insulta no hay derecho a réplica. Él decide lo que es ironía y lo que no, lo que es insulto y quién se lo merece. En todo caso, el razonamiento es de lo más infantil: "tú te lo has buscado" o bien, "tú has empezado". Del fondo de la cuestión no se habla. Es que deberían prohibirnos, somos lo contrario de su talante tan respetuoso que no necesita conocer la opinión de los sinvergüenzas de los obispos para ridiculizarlos, tan tolerantes que no reparan en insultos de todo calibre para machacar a quien ose discrepar de sus descalificaciones.
A veces pienso si es que hay un tipo de ciudadanos y de opiniones de segunda que no tienen derechos ni humanos ni constitucionales. En este caso los obispos y quienes puedan estar de acuerdo en parte con ellos. A este colectivo se le puede insultar, ningunear y ridiculizar sin considerarlos dignos del menor respeto. Sobre todo si opinan de algo que no sea los atributos divinos. Ah, por supuesto todo el mundo sabe mejor que los obispos y que toda la Iglesia de qué deben hablar y de qué no, qué deben decir, qué es lo evangélico, etc.
Como decía antes, una ley cósmica que se cumple: la ley de Ignacio, "cualquier progre, en desacuerdo con cualquiera, calificará a este cualquiera de fascista, más pronto que tarde". Y es que es impepinable, en cuestión de segundos se apaga el pensamiento y aparece la consigna, no falla.
¿Alguna duda sobre lo que es el periodismo de trincheras o el periodismo canalla? Yo ya no.

Actualización: parece que la panda de mediocres que forman el llamado cine español, no contentos con producir basura que a nadie gusta y que la paguemos todos, también han caído en la tentación de mostrar su talante. Tanto en la gala de los Goya como en la del teatro que ni sé como se llama ni me importa, han hecho las referencias debidas a la deseable "disolución de la conferencia episcopal". Son tan guais que dan arcadas, ni ellos se sostienen en pie de lo guais que son. Vamos, que van con dodotis todo el tiempo porque se van por la pata abajo de gusto por conocerse.
Y yo acordándome todo el tiempo de G. Orwell.

2 comentarios:

Ignacio dijo...

Aun pasaré a la historia por esa ley, que tiene segunda parte además, y que es impepinable.
Gracias por la referencia

Anónimo dijo...

Por qué ahora después del numerito de los goyas no sale el político progre de turno diciendo que lo que tienen que hacer lo-as actores-as es fundar en partido político para poder opinar? Claro que ya lo tienen: "SGAE" y también ¿por qué no dicen nada del tal Monsue ese?, claro, ya sé, estos piden directamente el voto para la izquierda, con lo cual pasan al olimpo de los progres y para ellos todo vale.¡
Viva el talante y la democracia! Saludos: Javier Castaño

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