...de las fotos de los perfiles que hay por ahí. No todo el mundo es tan joven y guapo como aparenta.
Visto aquí.
Una bitácora personal e intransferible. Me permitan decir que soy dueño de lo que digo, no de lo que la gente entiende.
26 marzo 2010
22 marzo 2010
Es un tú en ti que ha durado poco
Me voy a resistir el juego de palabras fácil por lo tremendo del asunto. Pero la campaña a favor de la vida y contra el aborto que había sido puesta en marcha por la Conferencia Episcopal con el lema: "Es un tú en ti", ha sido retirada precisamente de tuenti por la similitud y el uso indirecto de la marca de la red social. Como decía alguien, los de la web de marras no se mojan. Según dice la noticia, "se ha tratado a la Conferencia Episcopal Española (CEE) como a cualquier anunciante".
Aquí te dejo un banner de la campaña y el enlace a la web de la misma.
Aquí te dejo un banner de la campaña y el enlace a la web de la misma.
Un domingo distinto
La verdad es que casi siempre tiene sobre mí el mismo efecto. Me refiero al poder salir al campo y disfrutar de la naturaleza tal cual. Este fin de semana he podido pasar tiempo en un paraje cercano, el habitual "bosque mediterráneo" (aunque estemos en el Atlántico). Jara, romero, brezo, tomillo entre otros arbustos que pueblan el aire de olores tonificantes y llenos de recuerdos. Eucaliptos, pinos, encinas y alcornoques que permiten tener una sombra bajo la que cobijarse y también hacen su aporte a una atmósfera exquisita. Y como este año ha llovido en abundancia, hierba, mucha hierba que en breve será espesa y florida. Algunos arroyos, normalmente secos o con escasos charcos estancados, corren abundantemente y ponen de su parte a la sinfonía de sonidos de un par de días templados pero nubosos.En fin, que llega otra vez el lunes y la vida vuelve a su ritmo.
18 marzo 2010
El mayor espectáculo del mundo
No es el circo del sol ni nada de eso. Es ver como esplende la naturaleza en cualquier lugar del mundo. Un año en un rincón de las Montañas Rocosas en "time-lapse".
17 marzo 2010
15 marzo 2010
Instantes
En muchas casas, mientras comienzan a ejecutarse los ritos de cada anochecer previos a la cena, la tele, en un rincón vomita sus inmundicias cotidianas sobre los que pasan por allí o se cobijan en el sofá. Ya sabes, personajes cuyo mayor mérito es haber salido en la tele degradándose como seres humanos y, de paso, dejando en mal lugar eso de ser humano con su mera presencia.
Mientras todo eso está por suceder, leo alguna noticias, miro el correo, repaso la agenda para mañana (qué cabeza, si no fuera por la agenda) y escribo esto como para que quede constancia que existo, que es real, que estoy aquí, mirando la eternidad contenida y sintiendo la infinitud sospechada que se encierra en cada pequeño instante en que te transciendes y miras más allá de ti a ese abismo desde donde Dios te contempla.
He dicho.
Mientras todo eso está por suceder, leo alguna noticias, miro el correo, repaso la agenda para mañana (qué cabeza, si no fuera por la agenda) y escribo esto como para que quede constancia que existo, que es real, que estoy aquí, mirando la eternidad contenida y sintiendo la infinitud sospechada que se encierra en cada pequeño instante en que te transciendes y miras más allá de ti a ese abismo desde donde Dios te contempla.
He dicho.
13 marzo 2010
Aborto libre y progresismo
En homenaje a Miguel Delibes y para ayudar en el debate que venimos teniendo, este artículo suyo que deja claro de qué se habla aquí cuando hablo del aborto. Disfrútenlo (negritas mías).
Aborto libre y progresismo.
En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión.
La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad.
De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado.
En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres.
Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire.
Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo.
El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión.
No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir.
Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra
Miguel Delibes
14 de diciembre de 1986.
Enlace a la hemeroteca de ABC.
Tomado de aquí.
12 marzo 2010
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