16 octubre 2010

No existe la educación.

De Bienvenidos a la fiesta, traigo este comentario que me ha llamado la atención, fundamentalmente porque estoy de acuerdo en la intuición que transmite. Lamentablemente de acuerdo, diría yo. Pero léanlo primero (me tomo la libertad de resaltar lo más llamativo a mi juicio):

Chesterton señalaba, frente a todas las proclamaciones sobre la necesidad de educar bien los niños, que la verdadera necesidad es la de educar bien a los adultos: la nota titulada Salvar a los niños apunta en esa dirección. Otro texto sobre lo mismo es este: «la falacia de moda consiste en afirmar que, por medio de la educación, podemos dar a la gente algo que nosotros no tenemos» (Lo que está mal en el mundo).
En realidad, lo primero que es necesario aclarar es de qué hablamos cuando hablamos de educación: a mí me parecen claras las observaciones de Robert Spaemann recogidas en La educación, un efecto secundario. Chesterton lo dice así: «El punto principal acerca de la educación es que no existe tal cosa. No existe como existen la teología o el arte militar (o como existen disciplinas acerca de cosas definidas). La educación es una palabra como “transmisión” o “herencia”; no es un objeto sino un método. Debe querer significar el traspaso de ciertos hechos, criterios o calidades al último recién nacido. Pueden ser los hechos más triviales o los criterios más absurdos o las calidades más ofensivas, pero si son entregadas de una generación a otra, son educación. (...) La educación es dar algo, aunque sea veneno. La educación es tradición y la tradición (como su nombre lo implica) puede ser traición». (Lo que está mal en el mundo)
Y esto último es más cierto hoy que nunca porque «en los tiempos modernos se ha producido un gran aumento de esa clase de educación que puede imponer el ignorante, y una gran disminución de la clase de instrucción que solamente los instruidos pueden impartir. El político que se limita a declarar que tantos miles de determinadas obras deben ser distribuidas en tales o cuales escuelas, es un ignorante en sentido exacto. El labrador que enseña a su hijo cómo debe usar la podadora es, en ese sentido exacto, un hombre instruido». (Maestro de ceremonias)

Demasiados ignorantes hay hoy en el poder y legislando estupideces como esa EpC con el que aspiran a cambiar los valores, criterios y formas de ser de la gente a su imagen y semejanza. Como ya dije hace algunos artículos, nos gobiernan (y nos gobernarán) los imbéciles.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.magisnet.com/noticia/6581/INFORMACION/nuevos-recortes-salariales-funcionarios-docentes-presupuestos.htm

Rafael B. dijo...

Me decía un amigo, maestro de primaria, que en todas las campañas los políticos recalcan la importancia de la educación y su firme compromiso con el sistema educativo. Luego, cuando llegan al poder, o se olvidan o "paren" normas de las escuelas de pedagogía más fracasadas que se conoce pero políticamente correcta.
Y la dotación económica y remuneración de los profesionales del ramo un timo habitualmente.
Pero les pagamos los libros y los padres tan contentos.
Populismo de un gobierno de imbéciles.

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