01 agosto 2014

Ilusión

El último nivel de metáfora en los libros de Alicia es éste: que la vida, vista racionalmente y sin ilusión, aparece como un cuento carente de sentido relatado por un matemático idiota.

– Martin Gardner en Alicia anotada

Vía Microsiervos.com

29 mayo 2014

Y usted, ¿por qué no se suicida?

Me parece innecesario recordar, a toro pasado, que las elecciones europeas siempre nos dejan sorpresas. Todos ganan, unos porque sacan más que los demás, aunque no tanto como esperaban, otros porque pierden menos de lo esperado o se hacen fuerte en regiones en las que han sustituido a la misma sociedad civil y son casi de su exclusiva propiedad, los demás porque logran algo en vez de nada que era el punto de partida.  En cualquier caso no es sorprendente el auge de los populismos más extremos, si en el pasado se podía elegir en situaciones similares a Ruiz Mateos, Jesús Gil o Cicciolina (¿se acuerdan de esta estrella del porno metida a política?), en el presente la tendencia mira más por quienes prometan ríos de leche y miel o un sueldo a costa del estado a todo hijo de vecino. Es lo típico de las crisis, y en Europa se impone cierto giro a la extrema derecha, mientras que en España, tal vez por la historia reciente, se impone una extrema izquierda bolivariana cargada del populismo más casposo, adjetivo que suelen usar mucho para referirse a otros. ¿Consecuencias? Páginas de análisis atinados y desatinados, personajes mediáticos haciéndose un hueco en la constelación de las celebridades y, como suele decirse, la constatación de un adagio, el populismo no da de comer más que al que lo ejerce. Que los otros partidos tomen nota y, superando tentaciones de hacer lo mismo, se atrevan a hacer lo que tienen que hacer. Nada nuevo, otra vez.
Por cierto, ayer mientras programaba actividades con un par de colaboradoras, salía el tema del poco tiempo, el estrés y la necesidad de un merecido descanso que empezaba a hacerse patente. Lo curioso es que había leído recientemente un artículo que expresaba la necesidad de cierto nivel de estrés que nos provoque activación y nos mueva a lograr las metas. Suelo decir con frecuencia que hay gente muy ocupada que tiene tiempo para todo y gente muy desocupada que no tiene tiempo para nada. Se cumple aquella afirmación evangélica de que el que entrega su vida la gana y el que la quiere conservar la pierde.  

El artículo citado tenía como tremendo título el siguiente: “Y usted, ¿por qué no se suicida?”. La verdad es que llama la atención. La autora venía a constatar que en estos tiempos de crisis aflora un concepto que suele ser bastante técnico como es el de la resiliencia. En el ámbito de la psicología se refiere a patrones de adaptación positiva en el contexto de riesgos o adversidades significativas. Dicho de otro modo, la capacidad de adaptarse, hacerse fuerte, comprometerse y salir adelante cuando aparecen graves problemas en la vida de las personas y todo se vuelve incierto.
En los tiempos difíciles que corren para tantos, cada uno se enfrenta a esas dificultades a la medida de su fortaleza interior y de los valores que le dan sentido a su vida. Citaba la autora a Victor Frankl, que tras vivir el horror de los campos de concentración nazis en primera persona, elaboró una terapia en la que empezaba haciendo esa pregunta a sus pacientes: ¿Usted por qué no se suicida?, es decir,  qué hay que le da sentido a su vida por encima de todo, especialmente en esos momentos de dificultad cuando muchas cosas parecen carecer de importancia y los obstáculos y el sufrimiento parecen insalvables. Encontrar ese deseo y motivación es el punto de partida para empezar un proceso de construcción de una persona resistente (quizá resiliente) a los problemas, con un objetivo vital y un motor que le empuja a alcanzarlo.  Es preciso que no nos quedemos estancados en la cultura de la queja y que vayamos más allá.
Cuando el hombre encuentra un sentido a su vida, cuando tiene un objetivo, una meta a la que desea llegar, no habrá obstáculos suficientes para hacer que se detenga, aprenderá a sobrellevar las cargas, sean físicas o emocionales.
F. Niestzsche afirmó: Quien tiene un por qué para vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo.

09 mayo 2014

El delito de meter la pata delante de la televisión



Ryszard Kapuscinski llamó periodismo de rebaño al que se hace sin criterio propio y de acuerdo con lo que hacen los demás para neutralizar la fuerza y calidades de la competencia. Por eso las ruedas de prensa se convierten en la principal fuente de información, los reporteros se aglomeran en los mismos sitios y alrededor de los mismos personajes y todos reproducen los mismos boletines y comunicados. El resultado es que la información en todos los medios es la misma y que cualquier periódico o noticiero da lo mismo, porque todos son prescindibles.
Tal aserto, incluido en un manual de teoría del periodismo, sirve más como  previsión del ejercicio de tan necesaria profesión que como vacuna contra el vicio de practicar el periodismo de rebaño o el amarillismo más descarado. Digo esto, porque la noticia, o mejor dicho, la no noticia de las opiniones de un párroco de un pueblito de nuestra Andalucía, han llegado a ser dignas de boletín de Europa Press y carnaza del amarillismo sensacionalista que antes mencionábamos como peligro y hoy es triste realidad.
Las cohortes del pensamiento políticamente correcto de todo el espectro político han opinado sobre la opinión y han hecho todo tipo de incalificables interpretaciones de las desafortunadas y erróneas palabras del pobre cura que añoraba tiempos menos malos, aunque no expresó tan claramente que también eran malos.  Desafortunadas porque la comparación es entre susto o muerte, y claro elijo susto. Erróneas porque no responden a la realidad de las estadísticas, cosa que los medios tampoco se preocupan de poner de relieve a no ser que no les quede más remedio. Ya saben, que la realidad no te estropee un buen titular. Desafortunadas y erróneas porque son susceptibles de ser malinterpretadas, sin mucho esfuerzo, como una defensa del maltrato por más que eso ni se le pasara por la imaginación al pobre autor. En el mundo de la farándula y el amarillismo, parecerlo es casi peor que serlo.
En fin, el cura y su obispado han pedido disculpas públicas no se sabe muy bien por qué, a no ser que tener una opinión equivocada y manifestarla en público sea susceptible de persecución o delito de algún tipo. Cosa que todavía no, pero ya llegaremos. (A todo esto, la televisión local que hizo el corte y lo difundió también iba a entrar a grabar nada más si yo podía evitarlo).
Por cierto, en la misma semana había un tuit de un dirigente del sindicato de empleados públicos de la comunidad valenciana que manifestaba su preferencia por empalar al cura de una parroquia de Valencia que había resultado agredida días antes, y parece que tal expresión de odio e incitación a la violencia por escrito no fue digna de titular, ni boletín de Europa Press. Supongo que tener un vídeo es más eficaz que tener que leer una opinión por bestia que esta sea. Se hace noticia lo que vende, insisto, amarillismo puro y ausencia de deontología profesional. Nada nuevo.
Hay otra afirmación que me deja pensativo en el manual de teoría del periodismo de Lorenzo Gomís, dice que “Los medios influyen más que en configurar la opinión de la gente sobre los asuntos pendientes, en convencer a todos de que estos son efectivamente los asuntos decisivos. Habrá posiciones encontradas para resolverlos, pero se dará por supuesto que estos son los asuntos que hay que ventilar.”
¿Y usted de qué habla mientras desayuna en el bar o con los amigos? ¿De lo que sabe que ha pasado o de lo que ya le han dado primorosamente interpretado y opinado para sólo tenga que manifestar su escándalo o aprobación según el caso? ¿Es de los que por más que lo niegue se sienta ante unos medios que presentan una "oferta que se basa en la exhibición de la intimidad, el menoscabo de la dignidad y la beatificación de la tontería."? Siga así, apague el pensamiento pero no la televisión, no lea entre líneas, no mire más allá, no está pasando nada que deba conocer, le decimos lo que le importa saber. Bienvenido a 1984.
Buenas tardes y sean críticos, pero no lo confundan con ser criticones, que no es lo mismo, ¿eh?

(Nota para despistados: la opinión de marras, como ya he dicho, me parece desafortunada por el momento y el lugar, errónea porque no responde a la realidad y una estupidez desde el punto de vista de aquello de "cualquiera tiempo pasado fue mejor", pero como diría Voltaire, defiendo su derecho a meter la pata y no ser objeto de escarnio amarillista).

24 abril 2014

Octava de Pascua



«Cuando considero la breve duración de mi vida, absorbida en la eternidad que la precede y la que la sigue, el pequeño espacio que lleno y cuando, por lo demás, me veo abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me aterro y me asombro de verme aquí antes que allá, ya que no hay razón para esté aquí antes que allá, para exista ahora más que entonces. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden de quién me han sido destinados este lugar y este tiempo? El silencio eterno de los espacios infinitos me aterra, ¡cuántos reinos nos ignoran!». Reflexionaba Blas Pascal, el matemático, físico, filósofo cristiano y escritor.
Me ha parecido sugerente la cita cuando nos enfrentamos en estos días de la octava de pascua al abismo misterioso de la resurrección de Cristo. No sé ustedes pero cada vez que llega este tiempo uno tiene la oportunidad de reflexionar más profundamente y ahondar en el intento de comprender un poco mejor el Misterio. Y siempre acaba, indefectiblemente, por llegar la misma conclusión: “Tu mar es grande Señor, y la barca de mi vida  y mi entendimiento muy pequeña”. Y así anda uno en el dilema de si confiar y remar mar adentro o buscar playa segura lejos de la aventura de la fe, enterrando el don y apagando la llama que el encuentro con el resucitado enciende en el corazón.
El caso es que la respuesta al dilema puede parecer fácil y no lo es. Lo fácil es saber la respuesta, lo complicado, lo comprometedor es vivir la respuesta, es elegir el camino y andarlo, es afrontar el oleaje y el viento contrario o, si es el caso contrario, vivir con la conciencia de la total falta de sentido de una vida que ha perdido su propósito y ha renunciado al riesgo y la confianza, que se ha encerrado en lo conocido, en lo habitual y en lo que todos aprueban como seguro y confortable.  Así que, perdonen la impertinencia, pero no es lo mismo saber el camino que recorrer el camino, porque no es lo mismo ser espectador en la vida, siempre dispuesto a juzgar la vida de los otros que ser actor y vivir con el arrojo del resucitado en el compromiso y el esfuerzo que lleva a correr riesgos, a dar la cara, a buscar la verdad.
¿Qué quiero decir? Que ya está bien de vivir buscando seguridades, sin abandonar la tan manida zona de confort, de vivir la semana santa a la carta, instalados en lo estético y guardando el traje el domingo de pascua hasta el año que viene. De salir corriendo de Jerusalén el domingo por la tarde sin pensárselo dos veces y creyendo que hemos hecho lo correcto porque nos huele el  vestido a incienso y cera, o la camiseta a sudor. Que ya está bien de confundir fe con sentimentalismo facilón y sentido de la transcendencia con gusto por la estética barroca.
Vamos que sí el domingo de pascua tú no estás estupefacto contemplando la tumba vacía, si no te arde el corazón escuchando como la escritura te explica incansablemente lo que ha pasado, si no eres capaz de caer de rodillas ante el gesto del pan partido, entonces esta semana ha sido una inmensa pérdida de tiempo en la que te lo has pasado de fábula, eso sí.
He leído por ahí un comentario socarrón pero creo que acertado que decía tal que así: Llega la semana santa y aparecen las nubes de lluvia, así que, cofrades, Dios existe y lo tenéis hasta las narices. Dicho sea con ánimo jocoso.
Feliz octava de pascua.

13 marzo 2014

Aniversarios e imputaciones...



Se cumple un año de la elección del Papa Francisco. Con motivo de tan eclesial efeméride es fácil recordar la sorpresa que supuso dado que ni los más avezados “vaticanólogos” habían predicho que fuera él el elegido. Un año después, todos aquellos especialistas en conocer los entresijos más recónditos de la iglesia, los obispos y sus planes más misteriosos, vuelven a la palestra para hacer análisis entusiastas del “cambio de rumbo” de la Iglesia. Uno, que ya viene curado de espanto en cuanto a las sorpresas que la todología nos depara cada día, no deja de sonreír socarronamente ante algunos asertos, que parecería que hay algo que nunca estuvo en lo que dice el Papa o se predica en cada parroquia o foro católico. Si hubieran escuchado con la misma actitud antes, si conocieran lo que les puede dar la paz, si entendieran el mensaje del Evangelio… muchos condicionales que tendrían que haberse dado para que esta extraña sorpresa ante lo que siempre estuvo ahí, oculto a plena vista, no se diera.
Un año después, y eso sí que es novedad de la buena, muchos han abierto sus oídos y sus ojos sin el velo de recelo con que prestaban atención antes. Ahora oyen lo que siempre se dijo, les impresionan las maneras, por algo se empieza, pero debería impresionarles mucho más los contenidos, porque la apariencia pasa, lo externo es mudable, pero el tesoro del evangelio permanece con toda su capacidad para cambiar no las formas, sino lo más profundo del ser humano. Supongo que aquello de que el medio es el mensaje, también se cumple en este caso.
Ha cambiado la presidencia de la conferencia episcopal y también en esto los todólogos han expresado su opinión junto a nuestros políticos profesionales, profundos conocedores de los entresijos de la Iglesia española cuando les preguntan, y a la que en realidad desconocen con un pecado de lesa ignorancia. Con este motivo han tenido la oportunidad de dejar salir todos los tópicos y manidos lugares comunes que se saben de carrerilla.
Por otro lado, esta semana hemos recordado aquel once de marzo de ignominia en que el terrorismo sembró la muerte y nos encogió el corazón. También los días de infamia que le siguieron, no recuerdo otro caso en que el terrorismo consiguiera sus objetivos tan claramente con la connivencia de políticos falaces. Y me temo que no lo hemos ni comprendido, ni superado.
Ayer el periódico traía la noticia del aniversario también de la muerte de Kurt Cobain, cantante de Nirvana Gun’s and Roses. Me resulta extraño cómo se hace elogio fúnebre de estos personajes, grandes artistas de la música o lo que sea, pero con una vida personal destructiva y autodestructiva. Son más bien el ejemplo de la ausencia de valor alguno, vidas tan vacías y sin sentido que sólo causan daño a su alrededor y a sí mismos. Vidas insoportables de vivir hasta el extremo de la autoextinción.  Nada que admirar en la larga lista de los que han tirado su don a la basura. Aunque siempre hay quien ni entiende nada ni se entera y se empeña en hacer poesía de la descomposición. Con su pan se lo coma, nunca entenderé la coprofagia.
Y hablando de descomposición, la justicia que no cesa ha impuesto fianzas muchimillonarias a conocidos personajes de la política andaluza, pero claro, no pasa nada, en nuestro oasis andaluz nunca pasa nada. Sartre afirmó que “el infierno son los otros”. En nuestro país, “la corrupción siempre son los otros”, es que los jueces son unos exagerados, ya se sabe. 
Cierta candidata ha puesto de ejemplo para Europa... ¡Andalucía! O esa señora no tiene ni idea de la miseria económica, política y social que se vive aquí, con lo cual es una ignorante que no debería estar ahí. O es una cínica sinvergüenza, con lo que tampoco debería estar ahí. Y el problema es que está y cientos como ella también, y nos gobiernan.

13 febrero 2014

Bienvenidos a la máquina...

El otro día alguien compartía una de esas frases que te dan que pensar, por lo profundo o por lo irónico. En este caso era lo segundo. El adagio venía a decir lo siguiente: “Aquí todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”. Tras esbozar una sonrisa, la verdad es que me hizo pensar un rato en cómo se ha instalado el egoísmo como actitud digamos que por defecto, en la sociedad actual.
 En el trasfondo de muchas de las encendidas llamadas a proteger libertades y derechos de nuevo cuño, demasiadas veces hay una defensa del egoísmo de poder hacer lo que me dé la gana, que nadie interfiera a no ser que sea perjudicial, e incluso si es perjudicial para mí, que tampoco interfieran, ¿no soy acaso el dueño absoluto de mí mismo en todos los aspectos? Desde esta perspectiva se entiende la extraña defensa del “suicidio asistido”, el aborto o cualquier otra barbaridad evidente. Es mi decisión, es mi vida y en mi vida mando yo, hasta el punto de renunciar a ella si fuera preciso. También resulta curioso encontrarse en esta trinchera de defensa del egoísmo a grupos ideológicos críticos con el individualismo liberal o neoliberal. Por la mañana critican el liberalismo y por tarde se manifiestan a favor del individualismo neoliberal más furibundo y carente de valores humanos. La verdad es que a veces no entiendo nada. Es aterrador contemplar en las postrimerías de la posmodernidad, cómo se defiende una cosa y la contraria a golpe de sentimentalismo.
Un ejemplo, el argumento ético contra el suicidio en el pensamiento clásico es que es un atentado contra sí mismo, pero también un daño a la sociedad de la que se forma parte. Entendiendo que la sociedad son tus semejantes más cercanos con los que guardas una relación e intercambio. Kant argumentará desde la filosofía ilustrada que la vida humana no puede ser un medio ni siquiera en ese punto. Y las filosofías colectivistas mal llamadas progresistas suelen pensar que el individuo se debe al grupo, a la humanidad, y la autoextinción no parece un acto en el que se piense en el grupo a no ser que sea un suicidio altruista, lo que pasa muy pocas veces, ya que el debate hoy es sobre la eutanasia, es decir, auntoinfligirse la muerte deliberada y voluntariamente normalmente para huir de una situación que se juzga como de un dolor insoportable.
Y aquí entra otro concepto, “dolor insoportable” y “calidad de vida”. Algo tan subjetivo que debatirlo nos llevaría demasiado tiempo. Al final todo se reduce a un acto de supremo egoísmo en el que se elige renunciar a lo más específicamente humano: la libertad (suele decirse que el suicidio es una solución permanente a un problema temporal) y la misma vida que es el soporte de todo los demás derechos. En un ambiente en que cada vez hay una menor tolerancia a la frustración y que el bienestar, la belleza, la juventud y la fuerza se exaltan como absolutos y se educa para la apariencia, es perversamente razonable que cuando eso desaparezca, la vida se vuelva invivible. Hablar hoy de entereza para afrontar el dolor, de entrega y acompañamiento del que sufre, de humanización del dolor y la enfermedad, parece una herejía del pensamiento posmoderno. La eutanasia, que no es morir dignamente, sino provocarse la muerte antes que ésta llegue ya sea por propia decisión o de la familia y los médicos, ha venido para quedarse. Bélgica acaba de aprobar la eutanasia infantil sin límite de edad, Holanda también, dicen que con muchas salvaguardas. No me las creo. ¿Es más humano darle muerte al niño o niña en fase terminal? ¿O que sienta el amor de su familia y la ayuda de la medicina para salir de este mundo sintiéndose amado hasta el último momento? Y lo mismo para un adulto. Cuando se le hacía este planteamiento a muchas personas que se enfrentaban a la enfermedad, entendían que preferían lo segundo, cuidados y cariño de los suyos. Pero volviendo al principio, el egoísmo se ha instalado como una opción vital razonable, con todos sus excesos, como es normal. Y de este tronco solo pueden salir frutos podridos. ¿Saben lo más inquietante? Que muchas de estas cosas me recuerdan a las más tremendas distopías de la literatura reciente. Un mundo feliz, 1984, la fuga de Logan, y otras obras similares tienen desarrolladas estas ideas, sociedades terribles donde el ser humano ha perdido su humanidad. Bienvenidos a la máquina.
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