24 abril 2014

Octava de Pascua



«Cuando considero la breve duración de mi vida, absorbida en la eternidad que la precede y la que la sigue, el pequeño espacio que lleno y cuando, por lo demás, me veo abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me aterro y me asombro de verme aquí antes que allá, ya que no hay razón para esté aquí antes que allá, para exista ahora más que entonces. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden de quién me han sido destinados este lugar y este tiempo? El silencio eterno de los espacios infinitos me aterra, ¡cuántos reinos nos ignoran!». Reflexionaba Blas Pascal, el matemático, físico, filósofo cristiano y escritor.
Me ha parecido sugerente la cita cuando nos enfrentamos en estos días de la octava de pascua al abismo misterioso de la resurrección de Cristo. No sé ustedes pero cada vez que llega este tiempo uno tiene la oportunidad de reflexionar más profundamente y ahondar en el intento de comprender un poco mejor el Misterio. Y siempre acaba, indefectiblemente, por llegar la misma conclusión: “Tu mar es grande Señor, y la barca de mi vida  y mi entendimiento muy pequeña”. Y así anda uno en el dilema de si confiar y remar mar adentro o buscar playa segura lejos de la aventura de la fe, enterrando el don y apagando la llama que el encuentro con el resucitado enciende en el corazón.
El caso es que la respuesta al dilema puede parecer fácil y no lo es. Lo fácil es saber la respuesta, lo complicado, lo comprometedor es vivir la respuesta, es elegir el camino y andarlo, es afrontar el oleaje y el viento contrario o, si es el caso contrario, vivir con la conciencia de la total falta de sentido de una vida que ha perdido su propósito y ha renunciado al riesgo y la confianza, que se ha encerrado en lo conocido, en lo habitual y en lo que todos aprueban como seguro y confortable.  Así que, perdonen la impertinencia, pero no es lo mismo saber el camino que recorrer el camino, porque no es lo mismo ser espectador en la vida, siempre dispuesto a juzgar la vida de los otros que ser actor y vivir con el arrojo del resucitado en el compromiso y el esfuerzo que lleva a correr riesgos, a dar la cara, a buscar la verdad.
¿Qué quiero decir? Que ya está bien de vivir buscando seguridades, sin abandonar la tan manida zona de confort, de vivir la semana santa a la carta, instalados en lo estético y guardando el traje el domingo de pascua hasta el año que viene. De salir corriendo de Jerusalén el domingo por la tarde sin pensárselo dos veces y creyendo que hemos hecho lo correcto porque nos huele el  vestido a incienso y cera, o la camiseta a sudor. Que ya está bien de confundir fe con sentimentalismo facilón y sentido de la transcendencia con gusto por la estética barroca.
Vamos que sí el domingo de pascua tú no estás estupefacto contemplando la tumba vacía, si no te arde el corazón escuchando como la escritura te explica incansablemente lo que ha pasado, si no eres capaz de caer de rodillas ante el gesto del pan partido, entonces esta semana ha sido una inmensa pérdida de tiempo en la que te lo has pasado de fábula, eso sí.
He leído por ahí un comentario socarrón pero creo que acertado que decía tal que así: Llega la semana santa y aparecen las nubes de lluvia, así que, cofrades, Dios existe y lo tenéis hasta las narices. Dicho sea con ánimo jocoso.
Feliz octava de pascua.

13 marzo 2014

Aniversarios e imputaciones...



Se cumple un año de la elección del Papa Francisco. Con motivo de tan eclesial efeméride es fácil recordar la sorpresa que supuso dado que ni los más avezados “vaticanólogos” habían predicho que fuera él el elegido. Un año después, todos aquellos especialistas en conocer los entresijos más recónditos de la iglesia, los obispos y sus planes más misteriosos, vuelven a la palestra para hacer análisis entusiastas del “cambio de rumbo” de la Iglesia. Uno, que ya viene curado de espanto en cuanto a las sorpresas que la todología nos depara cada día, no deja de sonreír socarronamente ante algunos asertos, que parecería que hay algo que nunca estuvo en lo que dice el Papa o se predica en cada parroquia o foro católico. Si hubieran escuchado con la misma actitud antes, si conocieran lo que les puede dar la paz, si entendieran el mensaje del Evangelio… muchos condicionales que tendrían que haberse dado para que esta extraña sorpresa ante lo que siempre estuvo ahí, oculto a plena vista, no se diera.
Un año después, y eso sí que es novedad de la buena, muchos han abierto sus oídos y sus ojos sin el velo de recelo con que prestaban atención antes. Ahora oyen lo que siempre se dijo, les impresionan las maneras, por algo se empieza, pero debería impresionarles mucho más los contenidos, porque la apariencia pasa, lo externo es mudable, pero el tesoro del evangelio permanece con toda su capacidad para cambiar no las formas, sino lo más profundo del ser humano. Supongo que aquello de que el medio es el mensaje, también se cumple en este caso.
Ha cambiado la presidencia de la conferencia episcopal y también en esto los todólogos han expresado su opinión junto a nuestros políticos profesionales, profundos conocedores de los entresijos de la Iglesia española cuando les preguntan, y a la que en realidad desconocen con un pecado de lesa ignorancia. Con este motivo han tenido la oportunidad de dejar salir todos los tópicos y manidos lugares comunes que se saben de carrerilla.
Por otro lado, esta semana hemos recordado aquel once de marzo de ignominia en que el terrorismo sembró la muerte y nos encogió el corazón. También los días de infamia que le siguieron, no recuerdo otro caso en que el terrorismo consiguiera sus objetivos tan claramente con la connivencia de políticos falaces. Y me temo que no lo hemos ni comprendido, ni superado.
Ayer el periódico traía la noticia del aniversario también de la muerte de Kurt Cobain, cantante de Nirvana Gun’s and Roses. Me resulta extraño cómo se hace elogio fúnebre de estos personajes, grandes artistas de la música o lo que sea, pero con una vida personal destructiva y autodestructiva. Son más bien el ejemplo de la ausencia de valor alguno, vidas tan vacías y sin sentido que sólo causan daño a su alrededor y a sí mismos. Vidas insoportables de vivir hasta el extremo de la autoextinción.  Nada que admirar en la larga lista de los que han tirado su don a la basura. Aunque siempre hay quien ni entiende nada ni se entera y se empeña en hacer poesía de la descomposición. Con su pan se lo coma, nunca entenderé la coprofagia.
Y hablando de descomposición, la justicia que no cesa ha impuesto fianzas muchimillonarias a conocidos personajes de la política andaluza, pero claro, no pasa nada, en nuestro oasis andaluz nunca pasa nada. Sartre afirmó que “el infierno son los otros”. En nuestro país, “la corrupción siempre son los otros”, es que los jueces son unos exagerados, ya se sabe. 
Cierta candidata ha puesto de ejemplo para Europa... ¡Andalucía! O esa señora no tiene ni idea de la miseria económica, política y social que se vive aquí, con lo cual es una ignorante que no debería estar ahí. O es una cínica sinvergüenza, con lo que tampoco debería estar ahí. Y el problema es que está y cientos como ella también, y nos gobiernan.

13 febrero 2014

Bienvenidos a la máquina...

El otro día alguien compartía una de esas frases que te dan que pensar, por lo profundo o por lo irónico. En este caso era lo segundo. El adagio venía a decir lo siguiente: “Aquí todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”. Tras esbozar una sonrisa, la verdad es que me hizo pensar un rato en cómo se ha instalado el egoísmo como actitud digamos que por defecto, en la sociedad actual.
 En el trasfondo de muchas de las encendidas llamadas a proteger libertades y derechos de nuevo cuño, demasiadas veces hay una defensa del egoísmo de poder hacer lo que me dé la gana, que nadie interfiera a no ser que sea perjudicial, e incluso si es perjudicial para mí, que tampoco interfieran, ¿no soy acaso el dueño absoluto de mí mismo en todos los aspectos? Desde esta perspectiva se entiende la extraña defensa del “suicidio asistido”, el aborto o cualquier otra barbaridad evidente. Es mi decisión, es mi vida y en mi vida mando yo, hasta el punto de renunciar a ella si fuera preciso. También resulta curioso encontrarse en esta trinchera de defensa del egoísmo a grupos ideológicos críticos con el individualismo liberal o neoliberal. Por la mañana critican el liberalismo y por tarde se manifiestan a favor del individualismo neoliberal más furibundo y carente de valores humanos. La verdad es que a veces no entiendo nada. Es aterrador contemplar en las postrimerías de la posmodernidad, cómo se defiende una cosa y la contraria a golpe de sentimentalismo.
Un ejemplo, el argumento ético contra el suicidio en el pensamiento clásico es que es un atentado contra sí mismo, pero también un daño a la sociedad de la que se forma parte. Entendiendo que la sociedad son tus semejantes más cercanos con los que guardas una relación e intercambio. Kant argumentará desde la filosofía ilustrada que la vida humana no puede ser un medio ni siquiera en ese punto. Y las filosofías colectivistas mal llamadas progresistas suelen pensar que el individuo se debe al grupo, a la humanidad, y la autoextinción no parece un acto en el que se piense en el grupo a no ser que sea un suicidio altruista, lo que pasa muy pocas veces, ya que el debate hoy es sobre la eutanasia, es decir, auntoinfligirse la muerte deliberada y voluntariamente normalmente para huir de una situación que se juzga como de un dolor insoportable.
Y aquí entra otro concepto, “dolor insoportable” y “calidad de vida”. Algo tan subjetivo que debatirlo nos llevaría demasiado tiempo. Al final todo se reduce a un acto de supremo egoísmo en el que se elige renunciar a lo más específicamente humano: la libertad (suele decirse que el suicidio es una solución permanente a un problema temporal) y la misma vida que es el soporte de todo los demás derechos. En un ambiente en que cada vez hay una menor tolerancia a la frustración y que el bienestar, la belleza, la juventud y la fuerza se exaltan como absolutos y se educa para la apariencia, es perversamente razonable que cuando eso desaparezca, la vida se vuelva invivible. Hablar hoy de entereza para afrontar el dolor, de entrega y acompañamiento del que sufre, de humanización del dolor y la enfermedad, parece una herejía del pensamiento posmoderno. La eutanasia, que no es morir dignamente, sino provocarse la muerte antes que ésta llegue ya sea por propia decisión o de la familia y los médicos, ha venido para quedarse. Bélgica acaba de aprobar la eutanasia infantil sin límite de edad, Holanda también, dicen que con muchas salvaguardas. No me las creo. ¿Es más humano darle muerte al niño o niña en fase terminal? ¿O que sienta el amor de su familia y la ayuda de la medicina para salir de este mundo sintiéndose amado hasta el último momento? Y lo mismo para un adulto. Cuando se le hacía este planteamiento a muchas personas que se enfrentaban a la enfermedad, entendían que preferían lo segundo, cuidados y cariño de los suyos. Pero volviendo al principio, el egoísmo se ha instalado como una opción vital razonable, con todos sus excesos, como es normal. Y de este tronco solo pueden salir frutos podridos. ¿Saben lo más inquietante? Que muchas de estas cosas me recuerdan a las más tremendas distopías de la literatura reciente. Un mundo feliz, 1984, la fuga de Logan, y otras obras similares tienen desarrolladas estas ideas, sociedades terribles donde el ser humano ha perdido su humanidad. Bienvenidos a la máquina.

02 enero 2014

Hablando de feliz año nuevo y esas cosas.

No es mi intención empezar el año con sentimientos negativos, por más que tenga cierta tendencia a llevar la contraria a los sentimientos establecidos y las costumbre y consignas habituales, pero es que uno encuentra perlas de sabiduría que describen con acerada contundencia lo que está a la vista de todos aunque no deseemos contemplarlo. A través de "El café de Ocata", encuentro una frase de Aldus Huxley en el prólogo a "Un Mundo Feliz" que desconocía y que se remonta a 1946, lo que la convierte en algo profético en el sentido menos original del término. Después de leer esta noticia sobre el uso de la marihuana "con fines recreativos" (algo que ya es legal en Holanda con ciertas reglas, creo), pues como que estamos más cerca de la descripción mentada. En lo demás, juzguen ustedes mismos.
Bueno, el párrafo que encontré y luego busqué es tal que así e invita a leer el prólogo entero, libro aparte, por supuesto:

En cuanto a los restantes rasgos característicos de este mundo más feliz y más estable -los equivalentes del soma, la hipnopedia y el sistema científico de castas-, probablemente no se hallan más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en las cuales el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.

04 noviembre 2013

Música en la memoria

Hay periodos en la historia personal mejores y peores, y con esto no he dicho nada que no sepa todo el mundo. Si miro hacia atrás, encuentro momentos más difíciles de vivir que otros, espacios de tiempo en que las cosas se volvían oscuras o las prisas y las muchas ocupaciones me hacían vivir en tensión. Siempre había algo que me ayudaba a sobrellevar el estrés de  unas situaciones y otras. Y eso era la música, cierta música, que uno es muy maniático para eso. En los ochenta me enganché a lo que llamaban música "new age" y me ha acompañado hasta ahora y ya son años los que han pasado.
Y este artículo iba de eso, ordenando el fondo de las librerías encuentro una cinta de cassete que hace años que estaba ahí, olvidada, busco mi viejo radiocasete y la pongo. Inmediatamente la mente, al escuchar las notas, hace un viaje al pasado en sensaciones y recuerdos. No en acontecimientos, sino en las sensaciones que vivía cuando ponía esa cinta y su música me calmaba y me permitía serenar el interior para la siguiente actividad.
Cuando algún joven me acompañaba en el coche se extrañaba (habría que decir que casi se horrorizaba) de las músicas "esas que dan sueño" que llevaba y tenía que explicarle que para mí eran como un bálsamo que serenaba las tensiones y me ayudaba a la introspección y la reflexión, cuando no también a la oración. Han sido la "banda sonora" de noches de tormenta en las carreteras de la sierra y de atardeceres esplendidos. Siempre una purga y un alivio del destrozo interior que la realidad deja en uno en ciertos momentos de la vida.
Y esto es lo que necesitaba compartir. Os dejo una de "esas músicas" que encontré y he rescatado. Que la disfrutéis.


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