11 septiembre 2020

Normalidad anormal.





Terminará este atípico verano, volverán sudorosos escolares a sus pupitres, eso sí, enmascarados y con botes de gel desinfectante en los bolsillos, pero no escucharán los griteríos de siempre. O, al menos, no deberían porque la pandemia y tal, ustedes ya se imaginan, en boca cerrada no entran virus.

Y aquí estoy de nuevo, para compartir con ustedes la estupefacción que la realidad, o parte de ella, provoca en mí. O no, o para contarles cosas que me han conmovido, o despertado o lo que sea. Total que empieza de nuevo la aventura.

Decía Enrique G. M. en las redes: “Sueño con un párroco que dé al menos la mitad de instrucciones para la salud del alma como dan para prevenir el coronavirus”. Y es que uno de los peligros que enfrentamos es quedarnos en una obsesión enfermiza por no enfermar, hasta el punto de perder de vista lo fundamental. O haber bajado el tono y convertir el discurso profético en una lista de instrucciones para estar bien. Hace bastantes años recibimos al obispo en visita pastoral en una parroquia de la sierra. En la charla con los feligreses una catequista contaba que ella iba a la oración que organizaban semanalmente en la capilla las hermanas de la Consolación “porque la llenaba de paz y tranquilidad”. Y recuerdo la mirada estupefacta de las hermanas, en plan “pero ésta no se entera de nada”, cosa que me sorprendió en ese momento. Pero es que, si el oficio profético se dedica a tranquilizar conciencias y provocar paz interior, a lo mejor te tienes que apuntar a un taller de biodanza o yoga tántrico, en vez de acercarte a la Palabra. Eso les encanta organizarlo a los ayuntamientos, así que ya lo tienes pagado.

El extremo contrario también es terrible, el sermón culpabilizador. Ese que empieza recordándote que tú estás en tu casa tan tranquilo mientras en Eritrea se mueren de hambre, que lo que a ti te sobra es que le falta a alguien, que eres un insolidario y que los pobres lo son, de alguna manera por tu culpa, que si respiras de más estás acelerando el cambio climático y que tendrías que dedicarte a ser buena persona porque es lo que Dios quiere, que te dejes de otras zarandajas y rosarios.

¿Cuándo perdimos el norte? Lo ignoro. Lo cierto es que tras la recuperación de eso que llaman “nueva normalidad”, porque llamarlo “normalidad anormal” sonaba a retruécano, muchos fieles se han quedado en casa. Unos por razones fundadas, edad, estado de salud, etc. Otros porque el confinamiento les ha arrebatado la pátina de cristianismo cultural que les llevaba a la mínima práctica de fe. Lo ha reconocido el cardenal Hollerich. Alguien me dijo mientras entraba a la sacristía “creo que mucha gente no ha vuelto”, un padre me comentaba que la hija prefería ver la misa por televisión, le sugerí que, cuando tuviera hambre, le pusiera canal cocina. 

Por un lado, es parte del proceso descristianizador que decía el cardenal, han apagado la última y vacilante luz que les quedaba, por otro podemos pensar que estamos los que somos porque antes no estábamos lo que realmente éramos. Y aunque parezca una victoria del tentador, puede salirle mal, veremos.
Anormal vs Normal | Escueladevida10's Blog
Y ya que lo menciono, una perla de sabiduría que recordaba G. Luri: “Los jecides de Persia, que tenían una profunda visión política de la vida, jamás maldijeron al diablo, fuera cual fuera su infortunio personal o colectivo, porque no descartaban que el día menos pensado se reconciliase con Dios.”

05 agosto 2020

Populismo moral oportunista.

Este artículo lo escribí el 6 de marzo de 2020 y miren ustedes por dónde han ido las cosas despues:

Dentro de los capítulos de un hipotético libro titulado con toda socarronería “El Ser Humano es Maravilloso”, seguimos con la parte de “¿hemos dicho ya que vamos a morir todos?”. Lo digo porque lo del coronavirus evoluciona hacia convertirse en el nuevo apocalipsis inmediato. De repente el apocalipsis climático ha pasado a un segundo plano ante la posibilidad de que el virus no nos deje llegar vivos a él. Supongo que Greta debe estar muy enfadada mientras pasea por grandes despachos entrevistándose con altos cargos para hacer lo que sea que haga, llorar, gritar o patalear, porque experta en algo más no se sabe que sea, dado que abandonó la secundaria ¿obligatoria? sin acabarla ni estudiar otra cosa.
Que te laves bien las manos, que no le tosas a la gente, que mascarillas no o según, que no te mezcles con grandes concentraciones de personas, que si en Italia han cerrado colegios, universidades y hasta iglesias… Y mientras, aquí esperamos que todo se resuelva sin que nos afecte demasiado, sin hacer grandes cambios. El tiempo dirá quién tiene razón… (a estas alturas ya sabemos lo que pasó) si sobrevivimos. Luego está esa especie de “populismo moral oportunista”, esa actitud por la que ante una crisis concreta, hay quien tiene la necesidad de compararla con otras crisis con las que no hace ninguna relación salvo en su cabecita concienciada: “pues más mujeres mata la violencia machista que el coronavirus”, ésta es la primera que leí. Luego están las sucesivas comparaciones con: el hambre, el sarampión en el Congo, la gripe común, los accidentes de tráfico, el suicidio y lo que a ustedes les plazca. Es esa demagogia facilona de “ese dinero que te has gastado en pintar la puerta podría alimentar a cien niños en África”. Porque, aunque era de noche, sin embargo, llovía.
No me digan que no hay algo de justicia poética en el “escrache” al vicepresidente de sí mismo en el mismo lugar dónde él se los organizaba a los demás. Aquello de tomar de la propia medicina. Ese patético intento de razonar con los irracionales que él mismo preparó para que fueran exactamente así, intolerantemente irracionales. Igual pensaba que siendo buena persona y además vegetariano, el tigre que educó para devorar a los demás no le iba a devorar a él. Cosa aparte es que haya seguido punto por punto haciendo todo lo que criticó ácidamente en sus orígenes, la gente cambia.
En esa línea de la intolerancia irracional, estos días asistí, por enésima vez, al típico debate de “eso no era verdadero comunismo”, con el objetivo de defender que el comunismo funciona. La situación era la siguiente, una señora comenta la charla ideológica de Operación Triunfo sobre el “feminismo anticapitalista” (ya es que en TVE no se cortan nada) explicando que para eso necesitan prescindir de todos esos bienes de consumo que atesoran, maquillajes, bolsos, complementos de lujo, etc. A lo que entra el adolescente anticapitalista de guardia diciendo que qué tendrá que ver, que si sabe lo que es el comunismo, que si ha leído algún libro alguna vez y esas cosas de superioridad intelectual tan propios. Respuesta: nací en Rusia y viví allí hasta los dieciséis años. El adolescente insiste: es que actualmente no hay ningún país verdaderamente comunista, léete el manifiesto comunista y hablamos. Respuesta: lo leí a los catorce, entraba en el examen de historia contemporánea. Luego llegan otros a insistir lo bien que funcionaba la URSS porque, claro, ante una buena fantasía ideológica que tendrá que ver la experiencia de haberla vivido realmente, que la realidad no te estropee el argumento. Estoy casi seguro de que, a pesar de la evidencia aportada por esta señora, han seguido pensando que no, que si en su cabeza funciona, debe funcionar en la realidad.

Las AMPAs de muchos colegios secundaron la consigna de que facilitar la elección de centro educativo a los padres perjudica, no se sabe porqué aún, a la enseñanza pública. En Huelva, ante la pintada en la fachada de un colegio concertado por parte de los intolerantes de guardia, ha sido conocida la respuesta de un profesor cansado de tanta propaganda contra la educación concertada. Les extracto una frase: “Lo que nunca haremos es proponer a nuestros niños y niñas ir a pintar una pared cuando nadie los ve, o a no dar la cara y esconderse tras estúpidas proclamas sin base demostrable. Estoy cansado que se nos juzgue y se nos condene, cuando lo único que hacemos es trabajar más horas, con más niños, por menos dinero y obtener mejores resultados con menos medios.” Igual es eso lo que les molesta tanto.

13 mayo 2019

Yo ya lo había dicho...

Me sabe mal empezar con un tópico, pero es inevitable caer en él. Me refiero al, “yo ya dije que esto se veía venir”, o el que avisa no es traidor. Si hay alguien que maneje bien la propaganda y el arte de la movilización, aunque sea a base de mentiras, es la izquierda, dicho sea con ánimo meramente descriptivo y de información histórica. No olvidemos que la mentira es también un arma revolucionaria, como ya dijeron famosos epígonos del sector en el pasado fundacional. 
Parece que cada sector ideológico tiene un plantel incondicional de creyentes que están dispuestos a no moverse un milímetro de sus posiciones, luego hay un sector más variable pero que también traga bastante con las mentiras y corruptelas cuando son de los propios mientras monta la gorda cuando son de los demás. Sólo así se entiende que se perdone el plagio de la tesis, el uso indiscriminado del avión presidencial, y el colocar a la señora en un puestazo generosamente remunerado y sin más curriculum que ser la esposa de su persona. Y los que en un pasado no tan lejano afearon a Rajoy que tuviera viviendo con él a su padre de más de noventa años, proporcionándole los cuidados necesarios, ahora callan como puertas. El despropósito de la administración andaluza en cuanto a duplicidades, colocaderos de afines y familiares y fastos con cargo al erario público no tiene en la prensa que presume de exquisitez moral, ni la décima parte de importancia que los tres trajes del malhadado y dimitido presidente valenciano. El hermano de la esposa de un cuñado de un cargo motiva un escándalo en quienes se callaban cuando los hermanísimos vivían a costa de contratos públicos porque “todo el mundo tiene derecho a trabajar”. Y no pasa nada, porque son de los nuestros y los votaremos lo que haga falta de veces. Y en el sector de enfrente la tendencia no es mejor, pero el control público y el castigo electoral sí que lo es, en eso hay una falta de simetría atroz. Nos falta madurez democrática para no permitir que los únicos que quieran gobernar sean los más incapaces. 

La última película de Marvel está rompiendo récords de taquilla. Una curiosidad para que veamos como funcionan los grupos de presión que están controlando hoy la política y los ámbitos culturales. En Estados Unidos hay una polémica porque apenas aparecen dos líneas de guion con temática gay, los lobby LGTB están indignados, esperaban más. Esa vigilancia y presión es lo que hace que la mayoría de las series que triunfan, incluyan relaciones de ese tipo y momentos que yo llamo “pedagógicos” para hacer ver la “normalidad” de eso y dejar a cualquier discrepante como un peligroso intolerante. De esa “normalidad” no se puede disentir. Cualquier serie que quiera triunfar, no importa en que época esté ambientada, tiene que reflejar esa “diversidad”, obsérvenlo, está a simple vista. Y funciona, junto con la educación para la ciudadanía de los colegios que hacen salir a los niños indignados contra situaciones y gente que no conoce, pero que ya odian porque les han dicho que son lo peor, homófobos, xenófobos o simplemente machistas. Educar en la intolerancia por una buena causa, no puede ser positivo ni como remedio a otras intolerancias. Ya lo vamos viendo. 

Sobre la matanza de cristianos en Sri Lanka (quién se acuerda), una frase de Remí Brague traída por Miguel A. Quintana a propósito del pacifismo bobalicón: “Existe ese riesgo de confusión. Cristo nos pide poner la otra mejilla si alguien nos abofetea. Pero no nos pide que dejemos que abofeteen al prójimo y, mucho menos aún, que demos rienda suelta, sin castigo, a aquellos que tienen la intención de abofetear a cuanta más gente sea posible, -y si al fin y al cabo se tratara sólo de bofetadas…-”.

21 junio 2018

Anti-Trump (?)

Hace tiempo leí un breve artículo sobre los diez sesgos cognitivos más frecuentes y cómo dichos sesgos condicionan nuestra opinión. Repasando algunos, sirven para entender porque las noticias falsas, las famosas “fake news”, a pesar de su evidente falsedad o grave inexactitud, siguen pululando por los mentideros de la opinión pública. Y, en muchas ocasiones, en alas de portavoces que se supone autorizados o bien informados.
Un sesgo bastante reconocible es el “efecto arrastre”, es decir, creer o hacer algo simplemente porque la mayor parte de la gente que te rodea lo hace. En la adolescencia yo suelo llamarlo “efecto manada”, los mismos adolescentes que en grupo son temibles, uno por uno son un encanto de buena educación generalmente.
Un segundo sesgo es el encuadre. Una misma información puede dar lugar a diferentes conclusiones si se presenta de manera distinta. En la política y los medios de comunicación se juega con la jerga para influir en la opinión pública.
Un tercer sesgo, llamado de confirmación, es simple y muy frecuente: se trata de buscar y favorecer la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis. No buscamos la verdad, sino tener razón a toda costa. Muy humano y bastante peligroso para construir la convivencia.
Por el “efecto anclaje”, las personas damos demasiada importancia a la primera pieza de información que recibimos, que hace de ancla. Así un titular efectista o escandaloso queda más que un artículo que puede matizar el titular hasta mostrar que es falso. El articulista lo sabe, el político también, y lo usan.
Explico todo esto para intentar comprender el fenómeno de la noticia sobre la separación de familias de inmigrantes ilegales al cruzar la frontera estadounidense, acusando al presidente Trump de ser una especie de satanás nazi o algo peor si fuera imaginable.
El periodista que tuiteó las fotos debía saber que eran antiguas, de 2014, cuando aún mandaba el Nobel de la Paz. Que la norma ya estaba ahí y no era fruto de la maldad del legislador, sino consecuencia de que a los inmigrantes ilegales se les internaba en centros de detención donde no podían entrar los menores. Que antes, cuando pasaba una familia con menores, para no separarlos de los menores a los adultos se les dejaba fuera con los menores y debían presentarse ante el juez en un plazo de tiempo, lo que hacía que desaparecieran la mayoría aprovechando la oportunidad, lo que llevó a que todos los adultos que podían, cruzaran con algún menor, aunque no fuera familia, para aprovechar el resquicio legal, lo que hizo que, en tiempos de Obama, volvieran a ingresarlos en centros de detención separándolos de los menores.
Y ahora resulta que la culpa es de Trump, al que odiamos tanto. Luego nos extraña que se hable de posverdad. El periodista no ha rectificado nada ni cuando se descubrió la falsedad de las fotos y la historia real de la norma.
La gente ha seguido la noticia inicial y cualquiera les explica que les han contado una mentira. Que Trump anda separando a los niños de sus padres porque es malvado, que Trump es odioso y toda buena persona que se precie debería odiarlo. El mismo que ha firmado un decreto para evitar la separación de las familias el pasado miércoles, cosa que podía haber hecho el presidente anterior y no hizo.
La verdad detrás del titular ya no importa, importa el efecto. Y así tenemos a gente estupenda vomitando odio con la mejor de las intenciones, no sé si está clara la contradicción. Oscar Wilde dijo una vez: “Los locos a veces se curan. Los imbéciles nunca”.

26 octubre 2017

Comienzos y tal...



Mientras el gobierno se decide si pone en marcha las acciones adecuadas para que los sedicentes dejen de dar la matraca, uno intenta seguir adelante con la puesta en marcha de las actividades cotidianas.
Pienso en cuántos párrocos, religiosas, catequistas y otros agentes de pastoral se enfrentan a lo largo de este mes con similar comienzo de las actividades parroquiales. Cuántos observan con alegría el reencuentro con las personas que se marcharon de vacaciones y que vuelven dispuestos a seguir caminando. También observan, esta vez con tristeza, cuanto esfuerzo se desperdició en grupos que, una vez conseguido lo que querían, no tienen el más mínimo interés en nada más. Y estoy pensando en el año siguiente a la primera comunión, la confirmación o justo ese grupito que hizo el curso prematrimonial o prebautismal y parece que hasta ahí, y porque era obligatorio, estaban dispuestos a llegar, o ese grupo de formación de la hermandad tal que con tanto entusiasmo empezó su formación y ya se cansaron y han vuelto a quedar para bordar, limpiar la cera y pulir metales como principal actividad. Sin embargo, a pesar de la tentación de la tristeza, el evangelio sigue poniéndonos las pilas y empujándonos a subir a Jerusalén y a seguir sembrando, aun conscientes de que hay parte que no dará fruto. Y todo empieza con ilusión, pero sin ser unos ilusos. Porque hay que seguir en la brecha, para dar razón de nuestra esperanza, sea como sea.
Por cierto, el otro día encontré un debate en la red social del pajarito en que se citaba un artículo que planteaba el siguiente dilema: “hay un incendio en una clínica y te encuentras en la tesitura de tener que salvar sólo una de las dos cosas siguientes, un bebé o un recipiente que guarda miles de embriones viables” … El objetivo del dilema es poner en evidencia a los que llama “provida”, es decir, opuestos al aborto. Ya que la gente suele responder que al bebé, y el abortista dirá que si se argumenta que un embrión es ya un ser humano, ha elegido uno frente a miles.
Evidentemente el planteamiento es tramposo, es una aporía, como dije hay un criterio moral por el que se elige la vida de facto frente a la vida en potencia si hay que tomar esa elección indefectiblemente. Pero en nuestra sociedad posmoderna pretender un nivel argumentativo racional es tarea complicada. Esto es algo que muchos no entienden, hay un fundamento racional para la moralidad, no es un mero sentimentalismo nutrido de apariencias.
Luego alguien añadió que ¿y si tuviera que elegir entre un perrito y los embriones viables? Y aquí hay de todo por lo que parece, el sentimental elegirá al perrito, el racional a los embriones, quiero pensar. Ya sabemos que elegirían los animalistas, tan activos hoy. 

Esto me ha recordado un artículo de Javier Vicens que terminaba diciendo lo siguiente: “Los animales domésticos están muy bien. Los creó Dios y los domesticamos nosotros. Los bendijo Dios y mañana (era el día de la bendición de los animales) los bendeciremos nosotros. Pero hay cosas que están bien y cosas que están mal. El que bendice a su loro y maldice a su hermano se irá al infierno con su loro y la culpa no será del loro. El que alimenta a su gato y niega el pan a su hermano se irá al infierno con su gato sin que el gato tenga culpa. Y los que dicen que el perro es el mejor amigo del hombre se sonrojarán en el Purgatorio durante siglos por haber preferido la amistad de un bicho a la amistad de Dios. Porque todo eso está muy mal.
Lo que está muy bien es al amor a Dios sobre todas las cosas que conduce a amar al prójimo como a uno mismo. Quien tal hace, hace bien a todas las criaturas.”

19 octubre 2017

Tiempo de traidores

Pensaba empezar diciendo que es tiempo de traidores, pero me parecía una exageración tal vez. O tal vez no. El asunto catalán que tantos días de discusión y debate nos lleva dando, tiene un futuro oscuro. Y en ese asunto pululan los traidores, los oportunistas y los sujetos sin escrúpulos. Visto en la distancia y sin todos los datos posibles, me recuerda los años duros del país vasco. Cuando Herri Batasuna todavía campaba a sus anchas y hacía de portavoz político de la banda de asesinos de ETA. En su propaganda electoral pintaban un futuro de color de rosa, había arco iris todos los días, la gente paseaba en bicicleta y sonreían y se abrazaban en su futuro independiente sin españoles cerca que les provocaran incomodidad alguna y les obligaran a matarlos por no aceptar su gobierno totalitario. Salvando las distancias, la guerra de la comunicación, la guerra de las mentiras descaradas del nacionalismo consiste en eso. Todo es festivo y alegre, quieren construir el paraíso y hay que ser un malvado español fascista para oponerse. Es lo que venden en los medios que el nacionalismo controla, todos sonríen mientras te golpean con la estelada, te insultan o te menosprecian. Y si tomas, como gobierno responsable, como estado, cualquier medida legal contra su traición, apelan al diálogo llamándote intolerante, ellos que no toleran a nadie que no les dé la razón.
Siempre hay uno... por lo menos.
No sé si ya les comenté una frase del filósofo Fernando Savater en los duros años noventa cuando los nacionalistas vascos apelaban también al diálogo. Decía Savater que los nacionalistas están siempre dispuestos a dialogar con todo el mundo para que les den la razón. Y no hay más. Con estos es exactamente lo mismo, no consideran posible dar ni un paso atrás por muy ilegal e inmoral que sea su posición, diálogo para consolidar sus exigencias. Y pobre España si alguien cede a esa trampa saducea. No conviene olvidar que el nacionalismo se hace portavoz de una entidad imaginaria saturada de contenidos emocionales, explota los recursos de la identidad afectiva hasta el extremo, con lo que un debate racional es imposible. Y ya sabemos o deberíamos saber los desastres que este fenómeno produjo a lo largo del siglo XX, los millones de muertos que los nacionalismos provocaron por todo el mundo. Ante esta crisis, otra cosa que se está dejando claro es con quien está cada uno.
La izquierda que siempre presumió de internacionalista, perdida en la ausencia de ideas y principios, ha optado por ponerse de perfil cuando no apoyar a los traidores en mayor o menor grado. Si hablamos de la extrema izquierda de Unidos Podemos ya da vergüenza contemplar como asocian su odio a todo lo que no sean ellos con el odio nacionalista, ahí son hermanos sin cabeza.
La Iglesia catalana, o parte de ella, se está haciendo el hara-kiri (¿se dice así?) desde hace tiempo y ahora más al sumarse a un nacionalismo incompatible con el Evangelio por más vueltas que le den. El mencionado Savater decía recientemente respecto a la posición de los pensadores: "Los intelectuales somos como las putas: vivimos de gustarle a la gente". A su entender, “hay una cobardía generalizada en España, también entre los intelectuales”, que hace a los eruditos “arrastrarse” con tal de no perder adeptos. “Esa es la enfermedad que los intelectuales han desarrollado en este país”. Respecto al nacionalismo y respecto a otros temas que están en el candelero, todo hay que decirlo.

22 septiembre 2017

De la educación y la poseducación

Estaba repasando unas notas que tenía por ahí guardadas sobre educación, enseñanza y similares y, mira tú por donde, resulta que estamos empezando el nuevo curso escolar. Hay un libro, escrito por Alberto Royo, guitarrista clásico y profesor de música en secundaria, llamado “La sociedad gaseosa”, pueden buscar la sinopsis en internet que seguro que les anima a leerlo si tienen relación, aunque sea tangencial, con el mundo educativo. En una entrevista en el diario ABC el autor decía cosas como las siguientes:
“—Hay una desconfianza generalizada entre todas las partes que intervienen en este proceso tan amplio que se llama educación. Los padres desconfían en los profesores, la sociedad desconfía de los profesores, los profesores desconfían de los padres, los políticos y los profesores desconfiamos los unos de los otros… Pero si no nos ocupamos cada uno de nuestra parcela, si no somos capaces de confiar en que el otro va a hacer bien la suya, al final esto acaba siendo un batiburrillo un poco histérico en el que los que salen perdiendo son los chavales. Vuelvo a las convicciones: sin esfuerzo no se aprende; esforzarse no es sufrir; hay que conservar lo que es valioso e innovar a partir de lo que conocemos, basándonos en la evidencia y en la experiencia; el fin de la escuela no puede ser la felicidad sino el conocimiento porque unos padres pueden hacer lo posible por proporcionar felicidad a sus hijos (y ni siquiera esto garantiza que lo sean), pero en la escuela deben aprender lo que los padres, por motivos obvios, no pueden enseñarles. La motivación la impulsa el conocimiento y no al contrario; es imprescindible disponer de ciertos hábitos para progresar; el alumno más capaz necesita esforzarse menos, pero aquel que tenga dificultades, pero interés por mejorar ha de recibir todo el apoyo que requiera; es imposible adquirir pensamiento crítico sin antes adquirir conocimientos, pues el pensamiento acrítico no es pensamiento; una persona que no sabe nada no puede ser auténticamente creativa; etc. Si no estamos de acuerdo en aspectos tan esenciales, tenemos un problema. (…) Hay padres que piensan que preocuparse por los hijos es hacerlo solo por su bienestar. Es obvio que ningún profesor quiere que su alumno se sienta mal en clase, pero la responsabilidad del profesor es enseñarle. Doy por hecho que a mis hijos les tienen que tratar bien en su colegio, pero lo que quiero es que en la escuela aprendan aquello que yo no les voy a poder enseñar. Decir que a la escuela se va a aprender antes que a ser feliz es, en realidad, una defensa de lo obvio.”
En otro momento de la entrevista afirma que “estamos en la era de la posverdad, pero también de la poseducación, de la educación entendida como espectáculo. Hay que decir alto y claro que no es posible aprender sin pagar un precio, pero este precio es mucho menor que el de quienes comercian con la educación: me refiero al interés, a la disposición y a la voluntad. Nada de esto es incompatible con poder disfrutar del aprendizaje. Ni excluye, todo lo contrario, que el profesor dispense a sus alumnos un trato cercano y afectuoso, precisamente porque el profesor que considera que sus alumnos merecen ser personas cultas y formadas es el que más aprecio demuestra por ellos.” No son pocas las voces que nos advierten del daño que el constructivismo ha hecho en la pedagogía y cuántos gurús pedagógicos y políticos sin escrúpulos pululan en el ambiente arrasando con generaciones de estudiantes por intereses espurios, haríamos bien en escuchar esas voces antes que el daño sea irreversible.

28 abril 2017

Un día de febrero cualquiera...


Esta mañana, apenas había amanecido y el cielo presentaba ya todas las tonalidades del gris. La carretera me permite mirar hacia un horizonte en el que los tendidos eléctricos parecen enormes rasgaduras en el cielo. La lluvia ha dejado su rastro por todas partes y se adivina un bullir de vida bajo la tierra húmeda. La gente va y viene, deprisa, impaciente, deseosa de llegar a su destino. Ocasionales bandadas de aves surcan un cielo plomizo.
Me doy un momento para tomar conciencia de todo esto. En días así hay una aparente invitación a la tristeza y ya sabemos lo que trae de tentación desesperada. Sin embargo, tras cada nube oscura, tras cada gota de lluvia, tras cada ráfaga de viento, presiento un aire más limpio, un cielo más brillante, una explosión de vida en cada recodo del camino.
Vivir desde lo interior quizá sea eso, la capacidad de ver más allá, de barruntar la presencia del que es la Transcendencia incluso, o especialmente, en los cansancios cotidianos. Confiar en que cada gota de lluvia es útil por pequeña que parezca, que cada semilla que se siembra encierra una promesa de vida y futuro.
A veces la rutina y el cansancio nos ponen a prueba, nos tientan a que escondamos el talento. Que se esfuercen otros y la habitual retahíla de comparaciones odiosas que en nada nos ayudan. Pero si estamos despiertos y sabemos ver, aparecen las señales de nuestro cansancio tiene sentido. Nos debemos, me debo a una misión que me supera, como Elías, recibo lo que necesito para recorrer este camino entre incomprensiones, persecuciones y también, por supuesto, signos de su vara y su cayado en las proximidades. Y sólo estamos a mediados del curso pastoral…
Un destello de inocencia en el día a día puede ser un eco de su presencia. Un día apareció por la misa de la tarde Adrián, un chico de ocho años que cursa tercero de primaria, para hacer de monaguillo, como su hermano, ya un adolescente que empieza a perderse en la neblina del narcisismo propio de la edad y que ha tomado distancia.
Sin que se lo pidiera, ha seguido viniendo cada día y ahora también quiere leer algo, una lectura, las preces, pero no llega al ambón y hay que ponerle un banquito para que alcance al micrófono. Disfruto de su inocente generosidad y su disponibilidad. Y de sus preguntas, a veces en momentos inoportunos, como cuando preguntó: ¿por qué no se dice amén? Tras el Padrenuestro, en plena misa. En otra ocasión llegó a la sacristía con una pregunta rondándole, “entonces, ¿a todos nos va a pasar lo mismo que al Señor?”, y yo sin saber qué estaba preguntando exactamente, hasta que lo aclaró... “¿todos vamos a resucitar?”, claro Adrián, ese es el regalo que Jesús nos ha hecho a quienes creamos en Él. Que gane la vida, que estemos siempre con quien es el Amor Más Grande.
Pero ayer no pudo vestirse, su mamá lo castigó sin salir y no podía venir a ayudar. Y vino a comunicármelo, había tenido una mala respuesta con ella. “¿Le pediste perdón ya?”, “sí, claro”. Bueno, mañana será otro día, lo que hacemos tiene consecuencias, su mamá le castigó a él y, de paso, a mí, al que dejó sin su ayuda, sin esa inyección de inocencia y generosidad cotidiana. (Cuando subo este artículo, ya se le ha pasado el arranque de generosidad y sus visitas son mucho más ocasionales, sólo el fin de semana).
Él anda por ahí, ¿no presienten el sosiego que su vara y su cayado provocan?
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...