24 abril 2008

Bioética.

Encuentro en la web Religion en libertad un artículo en que se habla del estado de la investigación con células madre. No puede dejar de sorprenderme lo que cuenta dada la polvareda que se monta cuando sale este tema y alguien, en el libre ejercicio de su derecho a tener opiniones éticas y expresarlas, se opone al uso de embriones humanos para experimentación científica. Bueno, yo aprendí la máxima antropocéntrica de que el ser humano (y un embrión es, de alguna manera, un ser humano en ciernes) es siempre un fin, nunca un medio. Dicho de otro modo, no es aceptable usar a seres humanos ni por la buena causa de mejorar el tratamiento médico de otros seres humanos. En EE.UU. ese país que tanto molesta a la progresía iletrada de nuestro país, se han producido casos de experimentación con grupos humanos según se supo hace algunos años, la mayoría de las veces fue consentida y previo pago, ciertamente, pero supuso un escándalo en muchas ocasiones cuando se supo que se estaba haciendo.
El caso más lacerante en la historia reciente ha sido la experimentación de médicos alemanes con prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, algo escrito en los anales de la infamia a pesar de todos los avances científicos que pudieran conseguir.
¿Ha cambiado algo para que ahora nos parezca bien utilizar esos medios? Y encima, según se desprende del artículo, científicamente no resulta ni siquiera necesario.

(Zenit.org)«Las células madre embrionarias han fracasado; la esperanza para los enfermos está en las células adultas», es la tesis que expuso este martes en Granada la doctora Natalia López Moratalla, catedrática de Biología Molecular y Presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica.

Durante la conferencia, que organizaba la Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia (ANDOC) en la Academia de Medicina de Granada, la investigadora afirmó que hoy la investigación «ha derivado decididamente hacia el empleo de las células madre o troncales «adultas», «que se extraen del propio organismo y que están ya dando resultados en la curación de enfermos».

Según López Moratalla, «hay ya cerca de 600 protocolos que utilizan células madre adultas, y no se ha presentado ninguno con células de origen embrionario». Las células adultas «poseen el mismo potencial de crecimiento y diferenciación de las células troncales embrionarias y sustituyen con creces a las posibilidades biotecnológicas soñadas para aquellas».

«Los últimos hallazgos sobre las posibilidades terapéuticas de las células madre adultas, ponen en entredicho abiertamente las dos grandes «promesas» propiciadas por la nueva ley española de biomedicina: el uso y creación de embriones para investigación y la llamada clonación terapéutica. A los graves reparos éticos ya conocidos (la destrucción indiscriminada de miles de embriones humanos), se unen evidencias científicas que cuestionan cada vez más su utilidad terapéutica», afirmó la investigadora.


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