04 marzo 2008

La democracia ¿era esto?

Escribo lo que sigue con la inmensa pereza de quien ha entrado en el desencanto permanente. Recuerdo la dichosa palabreja, "desencanto", aplicada a la actitud de la gente, sobre todo la gente joven, a partir de los primeros años ochenta. Con Felipe González, omnímodo en el poder, se instaló una suerte de apatía política que recordaba al viejo latiguillo franquista que invitaba a no preocuparse por la política y dejarla en manos de los "profesionales". Quizá de aquellos polvos vienen estos lodos. Políticos profesionales que han hecho del mundo de la representación de la soberanía popular una profesión, un modo de vida y un lugar de prebendas propias y de los suyos. El juego de peor es el otro, no ayuda más que a los propios dubitativos a no alejarse de la mano que les mece la cuna. La gran aspiración de cada uno de los grandes partidos, el curriculo oculto que dirían los pedagogos, es convertirse más que en gobernante, en régimen para siempre, con una oposición anecdótica que, como mucho, les libra de la incómoda autocrítica ("para criticar ya están ustedes", respondió Manuel Chaves cuando le preguntaron si había autocrítica en su gobierno, toma ya). En algunos casos y lugares parecen haber logrado ser el nuevo régimen, el país somos nosotros vienen a afirmar con la progresiva sustitución del estado por el partido y el férreo control de los medios y recursos (mírese Andalucía, Extremadura, País Vasco o Castilla la Mancha, por ejemplo).
Una sociedad anestesiada en unos casos o receptiva a un nuevo tipo de "hooligan", el gamberro político que al grito de "fascistas no", impedirá a la oposición, cualquier oposición, expresar siquiera sus puntos de vista. Una sociedad que en lugar de madurez política, ha parido un tipo extraño y peligroso, el sectario inmune a la realidad. Nada de lo que pase que desmienta su visión de quién es el bueno y el malo, será real para él; por el contrario, el contrincante político, a duras penas merece ser considerado ciudadano de este país, al menos mientras no se convierta al modo "correcto" de pensar...
Y podría seguir, pero me puede la penosa pereza del desencanto ante tanta estupidez. Perroantonio, cuyos comentarios seguía en el blog de Arcadi Espada de hace algún tiempo con bastante disfrute, quizá lo expresa mejor que yo. Básicamente estoy de acuerdo con él. No se lo pierdan.
Por cierto y ya que me pongo, en el denostado mundo anglosajón, mentiras como las de Bernat Soria, hubieran acarreado una fulminante dimisión o cese del individuo. Pero Bernat S. ha pasado por Andalucía donde no dimite nadie pase lo que pase o que se lo pregunten a Magdalena Álvarez, por ejemplo.

Actualización: Descubro en malaprensa el caso de un colaborador de Bush (el malo, requetemalo presidente de EE.UU.) que ha dimitido porque se ha descubierto que artículos de opinión que escribía ocasionalmente en la prensa estaban llenos de plagios. En veinticuatro horas ha dimitido. Como dice el propio malaprensa, "igualito que aquí". Ya sé que no es lo mismo, pero me lo ha recordado tanto que no he podido resistir la tentación de contarlo.

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