10 mayo 2007

Ser Scout.


Hay cosas que a lo largo de la vida han dejado huella en mí, no todas buenas, por supuesto. Pero entre las cosas que supusieron para mí una experiencia gratificante y que me ayudaron en su día a madurar como no pensaba que fuera a hacerlo, está el escultismo, el haber pertenecido a un grupo scout. Entré como monitor de ASDE (scouters nos decíamos), ya tenía 20 años y no podía ser otra cosa, claro. Los cursos de formación me permitieron conocer este movimiento educativo como un método y un proyecto educativo dirigido a niños/as y jóvenes orientado por adultos.
Cuando tengo que resumir para alguien qué es el escutismo digo eso, que es un movimiento educativo que forma en valores, algo que les ayuda a dar lo mejor de sí mismos, que les propone retos y les fortalece, algo que los ayuda a ser libres y autónomos, y algo divertido de hacer sobre todo.
El escultismo, como muchos saben, fue fundado por Robert Baden Powell hace ahora 100 años, es un método extendido por todo el mundo, al que pertenecen unos 45.000 jóvenes en España y unos 30 millones en todo el mundo. Tiene la virtud de ser una pedagogía activa, viva y dinámica que despierta al niño para que avance en autonomía personal, sentido de grupo, capacidad de superación y esfuerzo, sentido de los valores y del servicio, de lo espiritual y del respeto a la naturaleza. En todo el proceso acompañado por adultos preparados para hacer de él un tiempo divertido. Adultos que se forman siguiendo unos planes muy precisos y supervisados por las autoridades educativas como Monitores de Tiempo Libre, además de en las técnicas específicas scouts. Monitores que entregan su tiempo y su esfuerzo voluntaria y gratuitamente. El grupo está abierto al compromiso de todo aquel que quiera hacer que su vida dé fruto.
El escultismo es complementario de la formación recibida por otros medios como el colegio, la familia, la catequesis o las actividades extraescolares y deportivas. Introduce en un estilo de vida y hace que quienes lo viven se sientan siempre scouts, miembros de una gran familia.
Hace un par de años he vuelto a la aventura de ser scout, con cierto deje melancólico del tiempo perdido después de mucho tiempo de no haber podido pertenecer y participar, he vuelto a la aventura trabajando con un grupo del Movimiento Scout Católico, lo primero que percibes es que los años también dejan huella y que los adolescentes de hoy no son los de entonces ni la relación con los padres es la misma, y es no es negativo, simplemente obliga a actualizar muchas ideas previas, eso es rejuvenecedor.
Y no es fácil hacer funcionar un grupo y siempre hay dificultades de diverso signo, pero se afrontan sabiendo que por encima de todo eso está la satisfacción del trabajo bien hecho, de los chavales que vemos evolucionar dejando salir, poco a poco, lo mejor de sí mismos y con eso nos basta, al fin y al cabo la abnegación es uno de los grandes valores scouts. Ningún momento mejor que este centenario para recordarlo.
Y ya que estoy, recordar también que Baden Powell (BP para los amigos) era un soñador que deseoso de ver surgir la paz después de tres años de guerra, escribió en 1917 (vía scout.org):
"Las raíces del Movimiento Scout han crecido entre los jóvenes de todos los países civilizados y se desarrollan cada día más. Se puede pensar entonces que si en los años que vienen, una proporción considerable de los futuros ciudadanos de cada nación forma parte de esta fraternidad, ellos estarán unidos por un lazo de amistad personal y de comprensión recíproca como jamás ha existido aún, lo que ayudará a encontrar una solución a los terribles conflictos internacionales."

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quiero contactarme con viejos scouts de INSA.
Gracias
vieja.insa@gmail.com

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