03 enero 2015

Año Nuevo, tiempo de cambios...

Un sabio meditaba así al atardecer de su vida:
“Cuando era joven, quería cambiar el mundo. Descubrí que era difícil cambiar el mundo, por lo que intenté cambiar mi país. Cuando me di cuenta que no podía cambiar mi país, empecé a concentrarme en mi pueblo. No pude cambiar mi pueblo y ya de adulto, intenté cambiar mi familia. Ahora, de viejo, me doy cuenta que lo único que puedo cambiar es a mí mismo y de pronto me di cuenta que si hace mucho tiempo me hubiera cambiado a mí mismo, podría haber tenido un impacto en mi familia. Mi familia y yo podríamos haber tenido un impacto en nuestro pueblo. Su impacto podría haber cambiado nuestro país y así podría haber cambiado el mundo.”
Tal vez es el momento de pasar a la acción para cambiar el mundo, tal vez es el momento para dejar de tener miedo cambiar uno mismo, de abandonar determinadas seguridades, conceptos ideas,… a lo mejor es el momento de vender todo lo que uno tiene y seguir al Maestro. Y no me refiero a vender la casa o el coche, sino a dejar atrás todas esas cosas que nos encierran en una zona confortable, y mirar hacia adelante. Tal vez es posible hacer que todo cambie si empezamos a cambiar cada uno de nosotros en lugar de querer cambiar a los demás en primer y único lugar.
Y por si les sirve les cuento brevemente las conclusiones a las que llegó una enfermera que durante muchos años trabajó en una unidad de cuidados paliativos y acompañó en el momento de la muerte muchas personas. Los enfermos se arrepentían de muchas cosas, pero hay cinco de ellas que se repetían con mucha frecuencia y que hubieran preferido hacer de otra manera a lo largo de su vida:
  1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí. Y para conseguirlo, mientras podemos, necesitamos atrevernos, superar los miedos y ejercer la libertad sin miedos. Si negocias tus principios y pospones tus sueños, un día será demasiado tarde.
  2. Ojalá no hubiera trabajado tan duro. Sobre todo porque muchas personas se han perdido la infancia de sus hijos, la cercanía de la familia y los acontecimientos importantes de la misma en el esfuerzo porque no les faltara de nada. Les faltaron ellos y eso no se puede sustituir con nada.
  3. Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos. Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser. Hay que atreverse a ser verdaderos mientras es posible. 
  4. Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos. Al final todo se reduce al amor y las relaciones. Eso es todo lo que queda en las últimas semanas, el amor y las relaciones. Por encima de asuntos financieros y otros legados, la deuda que más importa en ese momento es la deuda de amor con quienes quisimos y nos quisieron, y ahora se manifiesta en total claridad. 
  5. Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz. Muchos no se dieron cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección. Se habían quedado atrapados en patrones y hábitos antiguos. El llamado “confort” de la familiaridad desbordado en sus emociones, así como su vida física. El miedo al cambio les había hecho vivir fingiendo a los demás, y para su yo, que estaban satisfechos. Cuando usted está en su lecho de muerte, lo que los demás piensan de ti está muy lejos de tu mente. ¡Qué maravilloso es ser capaz de sonreír otra vez, mucho antes de que te estés muriendo! 
La vida es una elección. Es su vida. Elija conscientemente, elija sabiamente, elija honestamente. Elija felicidad. Estamos a tiempo de cambiar el mundo, estamos a tiempo de cambiar nosotros. Basta con perder el miedo y atreverse a empezar.

1 comentario:

releante dijo...

Si, pero que difícil es abandonar tu circulo de bienestar.... a veces lo.que creemos.mejor no es mas que una prisión. Un abrazo

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