11 junio 2011

Neurótico sin remedio

Me ha venido a la mente este relato breve de Toni de Mello en "El canto del pájaro":
"Durante años, fui un neurótico sin remedio, y todo el mundo me decía una y otra vez que tenía que cambiar por mi propio bien. Y entonces yo me enfadaba, me sentía culpable y no lograba cambiar.
Lo peor era que mi amigo del alma también me exhortaba a que cambiase, pero con él no me podía enfadar, y me sentía triste e impotente.
Hasta que un día mi mejor amigo me dijo: `No cambies, no cambies. Te quiero tal como eres, y nunca dejaré de quererte aunque no cambies'.
Sus palabras 'No cambies... Te quiero tal como eres...' me sonaban a gloria, y me sentí liberado interiormente de un gran peso; y ¡oh maravilla! CAMBIÉ".

Tengo amigos y amigas que, por mi bien, me instan a cambiar. Siempre he tenido esos amigos. Llevo toda la vida intentando cambiar y, si me pongo a hacer balance, debo a sus buenos consejos muchas de las buenas cosas que hay en mi y el haberme dado cuenta de cosas que tengo que controlar o dejar atrás. Han sido en muchos momentos como un espejo que me permitía ver todo lo que en mí era o es erróneo y fallido.
Yo mismo he jugado ese juego de querer cambiar a mis amigos. Pero ya no más. No puedo evitar opinar porque la alternativa es parecer que te importa un bledo lo que les pase y no es eso, pero nada de intentar cambiar a nadie, eres así y estoy contigo así como eres. Y si no es posible, pues aquí paz y después gloria, hablemos de otra cosa.
Pero me cuesta, me resulta complicado aceptar tanto buen consejo y tener que empezar disculpándome por ser como soy cada vez que encuentro a alguno al que he defraudado por no estar a la altura. Esa culpabilidad, como si hubiera fallado a un compromiso no escrito.
Luego están los que dicen "nunca cuentas nada" y tienes que demostrarles (más que recordarles) que cuando lo has intentado has tenido que callar porque al final ellos tenían tanto que contarte y expresar de sí mismos que no tenían paciencia para escucharte como tú lo necesitabas. O han acabado aconsejándote cuando tú lo que necesitabas era simplemente que te escucharan.
No sé, creo que tengo amigos/as que no merezco (no estoy a la altura) y que en algunos momentos soy un neurótico sin remedio al que debían dar por perdido.
O no, quién sabe.
Feliz Pentecostés.
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