28 octubre 2009

El maestro

A veces, fugazmente, echo de menos mis tiempos de docente y eso que hace sólo un año que dejé, de momento, tal tarea. Digo fugazmente porque me consuelo recordando los malos ratos que pasaba en más de una clase, la sensación de impotencia y la terrible sospecha de que no iba a mejorar en breve. Cierto es que, probablemente, el trabajo bien hecho (o al menos haberlo intentado hasta donde podía y me dejaban) y haber colaborado o ayudado a algunos estudiantes y compañeros justificaban esos malos ratos y, tal vez, eran más numerosos. Lo curioso es que, con el tiempo, uno tiende a olvidar lo peor y recordar la parte positiva de la experiencia. Menos mal, por otra parte, que es así.
Bueno, este párrafo viene a cuento de que he encontrado en mi archivo de feeds un artículo que cita dos frases de Claudio Magris sobre el maestro. No el profesor, que parece una tarea más academicista, sino el maestro, alguien que además de enseñar contenidos, se convierte en referente de la búsqueda del saber y de la búsqueda del ser que todos afrontamos con mayor o menor éxito en la vida.
Aqui os las dejo, provienen de Bienvenidos a la fiesta:

-«El maestro es tal porque, aun afirmando sus propias convicciones, no quiere imponérselas a su discípulo; no busca adeptos, no quiere formar copias de sí mismo, sino inteligencias independientes, capaces de ir por su camino. Es más, es un maestro sólo en cuanto que sabe entender cuál es el camino adecuado para su alumno y sabe ayudarle a encontrarlo y a recorrerlo, a no traicionar la esencia de su persona». Un verdadero maestro nunca se deja llevar por «la retórica de la transgresión tan cara a los espíritus banales, que creen afirmar su propia originalidad tirando desperdicios por la ventanilla sólo porque lo prohíbe un rótulo», y sabe tratar a sus alumnos «sin altivez ni miramiento, corrigiéndoles y haciéndose corregir por ellos, sin buscar la falsa confianza que impide dicha relación».

-«Contar con auténticos maestros es una suerte extraordinaria, pero también es un mérito, porque presupone la capacidad de saberles reconocer y saber aceptar su ayuda; no sólo dar, también recibir es un signo de libertad, y un hombre libre es quien sabe confesar su debilidad y coger la mano que se le ofrece».
¿Dónde están hoy los maestros?
¿Dónde los discípulos?

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