08 julio 2009

Capitalista, anticapitalista o simplemente utópica.

No he leído aún la nueva encíclica de Benedicto XVI y, sin embargo, ya he leído reacciones, sospecho que de algunos que sólo han leído la introducción o resúmenes ajenos, pero sólo es una sospecha.
En todo caso me llama la atención la reacción de los sectores más conservadores o liberales, dado que, al parecer, la encíclica carga contra el capitalismo o el liberalismo más clásico y propone cierto "intervencionismo" y redistribución de los recursos. No sé de qué se sorprenden puesto que eso es doctrina común en los documentos previos sobre lo social, raro sería que el Papa escribiera ahora una loa a los mercados.
Como aún no la he leído y para no meterme en berenjenales, diré que la encíclica, como otros documentos, no quiere ser un programa de actuación política, sino que está más bien en la línea de una reflexión ética y evangélica sobre la asuntos actuales a la luz también de las ciencias sociales. De ahí sólo pueden sacarse principios y, si me apuran, un poquito de aliento utópico de que las cosas deben y pueden cambiar si nos lo proponemos, una inspiración para encontrar un rumbo humano en el trabajo diario, no un programa de actuación, eso es cosa personal.
El problema es cuando el político que tiene que hacer y realizar lo concreto responde con utopías en lugar de sabiendo qué hacer y cómo hacerlo, es para echarse a temblar.
Dicho de otro modo, que el filósofo inspire al político, pero si el político se dedica a hacer filosofía, ¿quién gobierna realmente?

4 comentarios:

Ignacio dijo...

Yo si la he leido.

Indefendible.

Anónimo dijo...

Lo de la redistribución de los recursos me interesa. ¿serías tan amable de dar más información sobre este asunto?

Muchas gracias de antemano.

Rafael B. dijo...

Por ejemplo, en el número 32, en los párrafos finales, puede leerse:
..."Los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos.

Además, se ha de recordar que rebajar las culturas a la dimensión tecnológica, aunque puede favorecer la obtención de beneficios a corto plazo, a la larga obstaculiza el enriquecimiento mutuo y las dinámicas de colaboración. Es importante distinguir entre consideraciones económicas o sociológicas a corto y largo plazo. Reducir el nivel de tutela de los derechos de los trabajadores y renunciar a mecanismos de redistribución del rédito con el fin de que el país adquiera mayor competitividad internacional, impiden consolidar un desarrollo duradero. Por tanto, se han de valorar cuidadosamente las consecuencias que tienen sobre las personas las tendencias actuales hacia una economía de corto, a veces brevísimo plazo. Esto exige «una nueva y más profunda reflexión sobre el sentido de la economía y de sus fines»[84], además de una honda revisión con amplitud de miras del modelo de desarrollo, para corregir sus disfunciones y desviaciones. Lo exige, en realidad, el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere sobre todo la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son evidentes en todas las partes del mundo desde hace tiempo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Rafael.

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