Una bitácora personal e intransferible. Me permitan decir que soy dueño de lo que digo, no de lo que la gente entiende.
21 febrero 2014
13 febrero 2014
Bienvenidos a la máquina...
El otro día alguien compartía una de esas frases que te dan que pensar, por lo profundo o por lo irónico. En este caso era lo segundo. El adagio venía a decir lo siguiente: “Aquí todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”. Tras esbozar una sonrisa, la verdad es que me hizo pensar un rato en cómo se ha instalado el egoísmo como actitud digamos que por defecto, en la sociedad actual.
En el trasfondo de muchas de las encendidas llamadas a proteger libertades y derechos de nuevo cuño, demasiadas veces hay una defensa del egoísmo de poder hacer lo que me dé la gana, que nadie interfiera a no ser que sea perjudicial, e incluso si es perjudicial para mí, que tampoco interfieran, ¿no soy acaso el dueño absoluto de mí mismo en todos los aspectos? Desde esta perspectiva se entiende la extraña defensa del “suicidio asistido”, el aborto o cualquier otra barbaridad evidente. Es mi decisión, es mi vida y en mi vida mando yo, hasta el punto de renunciar a ella si fuera preciso. También resulta curioso encontrarse en esta trinchera de defensa del egoísmo a grupos ideológicos críticos con el individualismo liberal o neoliberal. Por la mañana critican el liberalismo y por tarde se manifiestan a favor del individualismo neoliberal más furibundo y carente de valores humanos. La verdad es que a veces no entiendo nada. Es aterrador contemplar en las postrimerías de la posmodernidad, cómo se defiende una cosa y la contraria a golpe de sentimentalismo.
Un ejemplo, el argumento ético contra el suicidio en el pensamiento clásico es que es un atentado contra sí mismo, pero también un daño a la sociedad de la que se forma parte. Entendiendo que la sociedad son tus semejantes más cercanos con los que guardas una relación e intercambio. Kant argumentará desde la filosofía ilustrada que la vida humana no puede ser un medio ni siquiera en ese punto. Y las filosofías colectivistas mal llamadas progresistas suelen pensar que el individuo se debe al grupo, a la humanidad, y la autoextinción no parece un acto en el que se piense en el grupo a no ser que sea un suicidio altruista, lo que pasa muy pocas veces, ya que el debate hoy es sobre la eutanasia, es decir, auntoinfligirse la muerte deliberada y voluntariamente normalmente para huir de una situación que se juzga como de un dolor insoportable.
Y aquí entra otro concepto, “dolor insoportable” y “calidad de vida”. Algo tan subjetivo que debatirlo nos llevaría demasiado tiempo. Al final todo se reduce a un acto de supremo egoísmo en el que se elige renunciar a lo más específicamente humano: la libertad (suele decirse que el suicidio es una solución permanente a un problema temporal) y la misma vida que es el soporte de todo los demás derechos. En un ambiente en que cada vez hay una menor tolerancia a la frustración y que el bienestar, la belleza, la juventud y la fuerza se exaltan como absolutos y se educa para la apariencia, es perversamente razonable que cuando eso desaparezca, la vida se vuelva invivible. Hablar hoy de entereza para afrontar el dolor, de entrega y acompañamiento del que sufre, de humanización del dolor y la enfermedad, parece una herejía del pensamiento posmoderno. La eutanasia, que no es morir dignamente, sino provocarse la muerte antes que ésta llegue ya sea por propia decisión o de la familia y los médicos, ha venido para quedarse. Bélgica acaba de aprobar la eutanasia infantil sin límite de edad, Holanda también, dicen que con muchas salvaguardas. No me las creo. ¿Es más humano darle muerte al niño o niña en fase terminal? ¿O que sienta el amor de su familia y la ayuda de la medicina para salir de este mundo sintiéndose amado hasta el último momento? Y lo mismo para un adulto. Cuando se le hacía este planteamiento a muchas personas que se enfrentaban a la enfermedad, entendían que preferían lo segundo, cuidados y cariño de los suyos. Pero volviendo al principio, el egoísmo se ha instalado como una opción vital razonable, con todos sus excesos, como es normal. Y de este tronco solo pueden salir frutos podridos. ¿Saben lo más inquietante? Que muchas de estas cosas me recuerdan a las más tremendas distopías de la literatura reciente. Un mundo feliz, 1984, la fuga de Logan, y otras obras similares tienen desarrolladas estas ideas, sociedades terribles donde el ser humano ha perdido su humanidad. Bienvenidos a la máquina.
En el trasfondo de muchas de las encendidas llamadas a proteger libertades y derechos de nuevo cuño, demasiadas veces hay una defensa del egoísmo de poder hacer lo que me dé la gana, que nadie interfiera a no ser que sea perjudicial, e incluso si es perjudicial para mí, que tampoco interfieran, ¿no soy acaso el dueño absoluto de mí mismo en todos los aspectos? Desde esta perspectiva se entiende la extraña defensa del “suicidio asistido”, el aborto o cualquier otra barbaridad evidente. Es mi decisión, es mi vida y en mi vida mando yo, hasta el punto de renunciar a ella si fuera preciso. También resulta curioso encontrarse en esta trinchera de defensa del egoísmo a grupos ideológicos críticos con el individualismo liberal o neoliberal. Por la mañana critican el liberalismo y por tarde se manifiestan a favor del individualismo neoliberal más furibundo y carente de valores humanos. La verdad es que a veces no entiendo nada. Es aterrador contemplar en las postrimerías de la posmodernidad, cómo se defiende una cosa y la contraria a golpe de sentimentalismo.
Un ejemplo, el argumento ético contra el suicidio en el pensamiento clásico es que es un atentado contra sí mismo, pero también un daño a la sociedad de la que se forma parte. Entendiendo que la sociedad son tus semejantes más cercanos con los que guardas una relación e intercambio. Kant argumentará desde la filosofía ilustrada que la vida humana no puede ser un medio ni siquiera en ese punto. Y las filosofías colectivistas mal llamadas progresistas suelen pensar que el individuo se debe al grupo, a la humanidad, y la autoextinción no parece un acto en el que se piense en el grupo a no ser que sea un suicidio altruista, lo que pasa muy pocas veces, ya que el debate hoy es sobre la eutanasia, es decir, auntoinfligirse la muerte deliberada y voluntariamente normalmente para huir de una situación que se juzga como de un dolor insoportable.
Y aquí entra otro concepto, “dolor insoportable” y “calidad de vida”. Algo tan subjetivo que debatirlo nos llevaría demasiado tiempo. Al final todo se reduce a un acto de supremo egoísmo en el que se elige renunciar a lo más específicamente humano: la libertad (suele decirse que el suicidio es una solución permanente a un problema temporal) y la misma vida que es el soporte de todo los demás derechos. En un ambiente en que cada vez hay una menor tolerancia a la frustración y que el bienestar, la belleza, la juventud y la fuerza se exaltan como absolutos y se educa para la apariencia, es perversamente razonable que cuando eso desaparezca, la vida se vuelva invivible. Hablar hoy de entereza para afrontar el dolor, de entrega y acompañamiento del que sufre, de humanización del dolor y la enfermedad, parece una herejía del pensamiento posmoderno. La eutanasia, que no es morir dignamente, sino provocarse la muerte antes que ésta llegue ya sea por propia decisión o de la familia y los médicos, ha venido para quedarse. Bélgica acaba de aprobar la eutanasia infantil sin límite de edad, Holanda también, dicen que con muchas salvaguardas. No me las creo. ¿Es más humano darle muerte al niño o niña en fase terminal? ¿O que sienta el amor de su familia y la ayuda de la medicina para salir de este mundo sintiéndose amado hasta el último momento? Y lo mismo para un adulto. Cuando se le hacía este planteamiento a muchas personas que se enfrentaban a la enfermedad, entendían que preferían lo segundo, cuidados y cariño de los suyos. Pero volviendo al principio, el egoísmo se ha instalado como una opción vital razonable, con todos sus excesos, como es normal. Y de este tronco solo pueden salir frutos podridos. ¿Saben lo más inquietante? Que muchas de estas cosas me recuerdan a las más tremendas distopías de la literatura reciente. Un mundo feliz, 1984, la fuga de Logan, y otras obras similares tienen desarrolladas estas ideas, sociedades terribles donde el ser humano ha perdido su humanidad. Bienvenidos a la máquina.
02 enero 2014
Hablando de feliz año nuevo y esas cosas.
No es mi intención empezar el año con sentimientos negativos, por más que tenga cierta tendencia a llevar la contraria a los sentimientos establecidos y las costumbre y consignas habituales, pero es que uno encuentra perlas de sabiduría que describen con acerada contundencia lo que está a la vista de todos aunque no deseemos contemplarlo. A través de "El café de Ocata", encuentro una frase de Aldus Huxley en el prólogo a "Un Mundo Feliz" que desconocía y que se remonta a 1946, lo que la convierte en algo profético en el sentido menos original del término. Después de leer esta noticia sobre el uso de la marihuana "con fines recreativos" (algo que ya es legal en Holanda con ciertas reglas, creo), pues como que estamos más cerca de la descripción mentada. En lo demás, juzguen ustedes mismos.
Bueno, el párrafo que encontré y luego busqué es tal que así e invita a leer el prólogo entero, libro aparte, por supuesto:
En cuanto a los restantes rasgos característicos de este mundo más feliz y más estable -los equivalentes del soma, la hipnopedia y el sistema científico de castas-, probablemente no se hallan más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en las cuales el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.
12 noviembre 2013
17 octubre 2013
Murieron por causas naturales, mera coicidencia...
Dicen que el que
tiene boca se equivoca y es bien conocido que no juzgamos igual los errores de
los demás y que los propios, que vemos muy bien la paja en el ojo ajeno pero no
la viga en el propio. Lo cierto es que sufrimos de una gran cantidad de sesgos
cognitivos que distorsionan nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Algunos plantean que nosotros sólo podemos ver
nuestra propia mente y no la de los demás y que eso da lugar a una asimetría
metodológica: sacamos conclusiones acerca de los sesgos de los demás basándonos
en las apariencias externas -en si sus creencias sirven a sus intereses-
mientras que sacamos conclusiones acerca de nuestros sesgos basándonos en la
introspección.
O sea, que miramos en nuestro corazón y vemos objetividad,
miramos en nuestra mente y vemos racionalidad y miramos a nuestras creencias y
vemos la realidad. Pero este fenómeno tiene una serie de consecuencias, entre
ellas las tres suposiciones sobre el error que vamos a comentar a continuación
y que es a donde quería llegar.
Solemos explicarnos la diferencia de visión
sobre un tema en cuestión siguiendo tres suposiciones, habitualmente. La
primera es la suposición de la ignorancia, es decir, si el otro no ve las cosas
que nosotros vemos es porque no conoce bien el asunto, que con explicarle y
mostrarle lo que las cosas son, coincidirá con nosotros. Cosa que choca con dos
obstáculos, el primero es que la gente suele defender su ignorancia
férreamente, no desea saber más de lo que sabe porque no desea cambiar de
opinión. El otro obstáculo es que pueda que conozca lo mismo e incluso más y
tenga otra valoración diferente a pesar de todo. Con todo y con eso, seguiremos
pensando que es que no saben lo suficiente, nuestro sesgo es tozudo. La segunda
es la suposición de la idiotez, saben las cosas pero no se enteran, simplemente
tienen otra opinión porque no comprenden las cosas que saben, sí,
efectivamente, son idiotas. Caer de este guindo cuesta también bastante más de
lo que parece. La tercera es la suposición de la maldad. Nuestros oponentes ni
son ignorantes ni tontos, simplemente niegan deliberadamente la verdad, son
malvados. Tendemos a confundir nuestro modelo de realidad con la realidad
misma, a quien ante lo que para nosotros es evidente tiene otra visión, no
podemos menos que considerarlo o ignorante, o idiota o malvado. Y llegados a
este último caso, el individuo se vuelve peligroso puesto que parece negar la
realidad misma y amenaza con su destrucción, lo cual tiene un potencial de
violencia y exclusión innegable. A personas así se les excluye (se excluyen
según el criterio del sesgo de maldad) de nuestro círculo moral y se tiende a
negarles los derechos que consideramos comunes, finalmente puede considerarse
razonable silenciarlas para evitar el daño que puedan hacer con su obstinación
en negar la realidad tal y como sabemos que es.
Y ustedes dirán que a qué viene esto. Pues por dos razones, la primera es
que saber nuestras limitaciones cognitivas nos debería ayudar a ser más
humildes y realmente tolerantes, no simplemente de boquilla. La segunda es que
leía esta semana una diatriba a cuenta de la beatificación de los mártires en
Tarragona con un egregio líder del partido comunista de España como es Gaspar Llamazares en que afirmaba
que tal partido durante la guerra civil ni promovió, ni autorizó y cuando pudo
evitó persecuciones y crímenes contra los católicos. De lo cual se deduce que
los fusilados y perseguidos debieron suicidarse por fastidiar, digo yo.
Luego
he pensado, ya está, mi sesgo hace que piense que el individuo en cuestión
ignora las persecuciones, quemas de Iglesias y conventos, fusilamientos de
civiles desarmados por parte de las autoridades comunistas de la época y por
eso lo dice. Luego como dice que ha estudiado historia, pienso, entonces es
idiota, no tiene otra explicación. Pero el tío tiene una carrera o dos, lo que
me lleva a pensar, debe ser un malvado, sólo con muy mala intención se puede
negar un hecho histórico tan documentado como éste. Y entonces me acuerdo de
todo lo que les he contado antes y pienso, pobre hombre, a lo mejor ni ignora,
ni es idiota ni malvado, debo ser yo que no me entero de nada y los religiosos
beatificados murieron de la gripe. Debe ser eso, seguro.
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democracia,
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11 octubre 2013
06 julio 2013
13 junio 2013
¿Qué tanto de vida heróica hay en tu vida?
Pues eso, igual más de la que parece si te atreves a ir más allá del límite de la comarca en la que tan confortablemente vives. Para ver los subtítulos en español pulsa en CC y busca "spanish".
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