05 noviembre 2015

Si no lo entiendo, el imbécil es usted

Esta semana, alguien me remitía un par de artículos donde se ponía a caldo al obispo de Huelva tras un diálogo con unos estudiantes en el que le preguntaban por temas delicados de moral, pueden ustedes imaginarse cuáles. Los artículos en sí, no dicen nada que no hayamos leído hasta el aburrimiento, una crítica a D. José por decir algo que todo el mundo medianamente informado sabe que es la visión de la Iglesia (y yo añadiría del sentido común) sobre esos temas. Lo primero que pensé es que salirse lo más mínimo del pensamiento políticamente correcto en cuestiones de “género” como se dice ahora en el lenguaje de la cursilería progre es, no digo arriesgado, sino todo un alarde de transgresión y rebeldía que se paga caro. Lo siguiente, que daba igual lo que dijera, la crítica estaba escrita a falta de poner nombre y apellidos del criticado, muy previsible. También pensé, “estos no se enteran de nada”, pero hay una anécdota que había leído en un artículo de García Maiquez que me descolocó el razonamiento: Indro Montanelli, un famoso escritor y periodista italiano, cuando alguien le imputó no sé qué análisis extravagante,  él se defendió: "Usted no ha entendido…", a lo que el otro respondió, indignado: "¡Si yo no he entendido significa que el imbécil es usted!" El maestro Montanelli lo consideró una gran lección de periodismo, y yo creo que tal vez es una lección que nos conviene apuntar a los que solemos dedicarnos a la comunicación de alguna manera.
El siguiente paso debe ser aprender a escuchar para explicarnos mejor en lugar de esperar la benevolencia y el buen entendimiento por parte de quienes nos escuchan.   Algo de esto debe estar pensando José Antonio Marina, filósofo y escritor patrio, que se ha atrevido a decir que el sueldo de los profesores debería estar relacionado con su eficiencia y desempeño en el trabajo. El sueldo de un docente debe relacionarse "con el efecto que causa en el progreso de sus alumnos, con la evaluación de su trabajo en el aula y con lo que consigue su centro", ha venido a decir. A renglón seguido de aparecer dicho pensamiento en la prensa, la comunidad docente, muy sensible a temas salariales habitualmente, ha reaccionado como ustedes pueden imaginar. En Andalucía ya recorrimos de alguna manera ese camino cuando hace algunos años, justo antes de la crisis, apareció de parte de la consejería de educación, un incentivo económico a los profesores de secundaria que aplicaran métodos que mejoraran los resultados académicos de sus alumnos, algo que en un principio algunos tomaron como una ofensa a su buen hacer educativo, para, a renglón seguido rellenar la solicitud para apuntarse al plan de incentivos.
El debate en marcha es interesante, aunque no creo que tenga demasiado recorrido dada la ineptitud demostrada ciclo tras ciclo por las autoridades educativas, de todas formas estudiar  la importancia de evaluar la preparación y el desempeño del docente y del centro, de dar más autonomía a centros y padres en algunos aspectos para mejorar y estimular la eficiencia, y de evitar extravagancias pedagógicas puede ser un buen comienzo si quien puede hacer algo no se hace el sordo.
Siempre pensé que ojalá educadores y docentes elijan la profesión por verdadera vocación de darlo todo. Muy interesantes las reflexiones de Gregorio Luri al respecto, no se las pierdan.
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