13 septiembre 2015

La buena voluntad

Albert Camús en "La Peste" escribió acertadamente que la buena voluntad sin clarividencia comete peores desastres que la maldad. Y yo, con el tiempo, he venido en darle la razón, sobrado que está uno a estas alturas de la edad contemporánea. Con el asunto de los refugiados sirios y no sirios que vienen a Europa me pasa esto. Que me da la impresión de que a fuerza de manipulación emotiva en los medios, una oleada de descerebrada buena voluntad y buenismo sin razón recorre el bienpensante continente siempre preso de alguna culpabilidad, real o inventada (sobre todo ésta última que nos encanta por lo que se ve).
El lema es "siente un sirio a su mesa" como aquel "siente un pobre a su mesa" que tanto juego jocoso contra la caridad cristiana dio en su momento. Ahora es laico con lo que no hay peligro de nadie se atreva a ridiculizar o criticar tan bientiencionada campaña. Los refugiados, adultos que saben lo que quieren y necesitan, van a tener que "dejarse ayudar" si quieren satisfacer las necesidades europeas de hacer el bien sin mirar a quién. Les vamos a tener que obligar a ir a nuestras casas para que tanta energía del bien no se desperdicie y, si se niegan, nos sentiremos más culpables de algo, ya buscaremos de qué, algo se nos ocurrirá.
Atender a los refugiados que huyen de la guerra y proporcionarles unos medios dignos de subsistencia mientras pasa y se resuelve esa guerra en la que nadie quiere meter mano, parece que no entra en los planes de la UE, la opinión pública manda y haremos lo que diga a aire de los medios.
Me parece que reaccionar emocionalmente a estas cosas es parte del problema y no de la solución. Aunque no soy el primero en decirlo.
Bienvenidos a Matrix.

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