19 diciembre 2014

Sociedad enferma...

Creo que nuestra sociedad está enferma de exceso de información. Amontonamos datos y más datos que cada vez nos llegan en oleadas más grandes y por medios más sofisticados e inmediatos sin capacidad de procesarlos adecuadamente. El resultado es triste de contemplar, pues lejos de alcanzar la sabiduría, la excesiva información produce nuevas patologías. 
Un ejemplo es la ortorexia, la obsesión patológica por la comida denominada sana, biológica, orgánica o similar. Cada día medios de todo tipo depositan en nuestro imaginarios miles de imágenes, mensajes, ideas, eslóganes, etc. Que no somos capaces de comprender en su complejidad. En parte porque nos falta perspectiva, o porque nos falta tiempo y capacidad de decodificación de los mensajes que tratan, más allá de informarnos para que nos formemos nuestra propia opinión, de darnos la opinión ya formada para que la aceptemos como nuestra, es el funcionamiento de lo políticamente correcto, mensajes sobre lo que se debe pensar y creer como aceptable en la sociedad de hoy, de forma que el que discrepa, aunque sea razonadamente, es condenado a las nieblas exteriores. 
Otro ejemplo, el otro día un tertuliano llamaba imbéciles a los eclesiásticos que opinaban diferente a lo oficial sobre el tema de la homosexualidad, aquella vieja discusión de si es natural o adquirido. El otro apostillaba sugiriendo si esa opinión no debería ser un delito y, como tal, perseguido. El oyente solo puede asentir a tan sesudas interpretaciones, o ser proscrito también si discrepa. Ya se sabe, fuera hace frío, asiente no vaya a ser que… los mismos que se amparan en la libertad de expresión la condenarán si es para opinar diferente. Es la feria de los hipócritas llevada al extremo. En este lado de los creadores de opinión, la gente se siente bien y satisfecha consigo misma si percibe que su armario de ideas y conceptos, aquellos criterios que elige como los que conforman su visión de la vida y de los demás, son los correctos, los aceptados y aceptables. Está a favor de lo bueno y en contra de lo malo, de que la gente trabaje y no esté en el paro, de que haya sanidad y educación para todos, de que todo el mundo haga lo que quiera y sea feliz con ello (aunque eso implique conductas disfuncionales, mientras no les toque a ellos personalmente no es un problema), de que llueva en invierno y haga sol el verano, de que el protagonista mate al malo al final de la película y todo termine con las notas de una canción emocionante. Se viste siguiendo la moda, come o piensa que debe comer sano (la mayoría de las veces sólo esto último), va a los lugares donde va la gente y rehuye los espacios vacíos (como si la ausencia de masa humana le diera cierto vértigo). Y así en una larga lista de actitudes que procuran cambiar para adaptarse a lo socialmente aceptable, incluso cuando protesta y disiente lo hace de modo organizado, en la línea que se debe protestar y contra los que se debe protestar. Que si eso mismo lo hacen los otros, no es lo mismo, donde va a parar. El resultado es ese pensamiento mágico o whisful thinking que cree que pensar y opinar lo correcto y estar al lado de lo aceptable, hará que pase sin más planteamientos y sin un conocimiento certero de cómo es la realidad y cómo son los seres humanos. Que tampoco tiene que hacerse nada, basta con tener buenos sentimientos… 
Una gran crisis para este tipo de personas es cuando se dan cuenta de que tener buenos sentimientos no sirve de nada si no te lleva a actuar en compromisos concretos, si no se manifiesta en acciones. Eres lo que haces, no lo que piensas. Lo que eres por dentro sólo importa por lo que te hace hacer, lo demás es simple e inútil buena voluntad
La segunda gran crisis es cuando esta persona intenta hacer algo y tropieza con sus propios límites, por una parte descubre que las cosas parecen mejores en el mundo de las ideas, pero que en la realidad las cosas son sutil o bruscamente diferentes, empezando por sus propias resistencias y debilidades que le ponen por delante el desafío de mejorar. Y resulta que todo dentro del individuo va a resistirse a cambiar. Lo otro es más cómodo, el egoísmo de vivir instalado en la zona de confort de la opinión prefabricada y los eslóganes de moda se resiste a dejar el sofá de una vida anodina y borreguil. Pero es lo que hay si quieres ser algo más que un estúpido depósito de ideas y opiniones ajenas, de conceptos políticamente correctos y a la moda. Y la gran pregunta para despedirme hoy, ¿están cómodos en su zona de confort?
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