01 abril 2011

La belleza del mundo (I)

Porque la hay, a pesar de todo, es cosa de educar la mirada y aprender el arte de reconocerla aún en los rincones más extraños.

"Zeus ha terminado todas las cosas –dice un verso órfico-, y Baco les ha dado remate. Este remate es la creación de la belleza".

La belleza es la única finalidad aquí abajo. Como Kant dijo muy bien, es una finalidad que no contiene ningún fin. Una cosa bella no contiene ningún bien que no sea ella misma, en su totalidad, tal como se nos aparece. Vamos hacia ella sin saber qué pedirle. Nos ofrece su propia existencia. No deseamos otra cosa, la poseemos, y sin embargo deseamos más aún. Ignoramos totalmente qué es eso que deseamos. Quisiéramos llegar hasta detrás de la belleza, pero no es más que superficie. Es como un espejo que nos devuelve nuestro propio deseo de bien. Es una esfinge, un enigma, un misterio dolorosamente irritante. Quisiéramos alimentarnos de ella, pero solo es objeto de la mirada, aparece a cierta distancia. El gran dolor de la vida humana es que comer y mirar sean dos operaciones diferentes.

Ya los niños cuando miran largamente un dulce y lo toman para comerlo –casi lamentándolo, pero sin poder evitarlo- sienten ese dolor. Quizá los vicios, las depravaciones y los crímenes sean casi siempre (o siempre, en esencia) tentativas de comer la belleza. Comer lo que solo hay que mirar." (...)
Simone Weil

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