21 febrero 2011

Lenguaje y propaganda

Leo en el Patente de Corso, el último de Pérez Reverte sobre cierto uso estúpido e ideológico del lenguaje, o ideológico y estúpido, que tanto da. Ya digo de antemano que estoy de acuerdo y añado que hace años me percaté de la tendencia a usar el término peor posible para etiquetar y criminalizar al contrario ideológico sin rubor moral ni rigor intelectual alguno. Ya mencioné al tendencia, por ejemplo, a utilizar el término "genocidio" para referirse a cualquier memez de moda hace un tiempo. O también cómo disentir de lo políticamente correcto te descubre como un facha de tomo y lomo, cosa que ignorabas hasta ese momento (aquí o aquí ya hablé de ello).
En el mecionado artículo Pérez Reverte condensa la tendencia expuesta con la claridad y contundencia a que nos tiene acostumbrados. Insisto, completamente de acuerdo. Un párrafo para que se animen a su lectura, igual alguno se entera de algo.
Sobre violaciones y fascistas
Si algo desvirtúa y ahueca las palabras, vaciándolas de significado, es la estupidez de quienes abusan de ellas. Me refiero a ésos que entran a saco en el diccionario -que encima no consultan jamás- y, con la ausencia de complejos del analfabeto o el capullo en flor, machacan un término al que convierten en perejil de todas las salsas, retorciendo su sentido original hasta que no puede reconocerlo ni la madre que lo parió. Y al cabo, cuando la gente seria necesita esa palabra para usarla en su sentido exacto, se encuentra con que la infeliz comparece tan ajada y maltrecha que no sirve para nada. Los que cada día trabajamos dándole a la tecla, eso lo notamos mucho. Como también lo aprecia cualquiera que tenga sentido común y se fije. (...)
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