19 septiembre 2010

Ya lo decía Lucas

Sí, Lucas el evangelista. Recoge esta narración en su Evangelio (Lc 16, 1-8):
Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes" Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Cuando este domingo he escuchado este texto no he podido evitar acordarme de cierto modo de proceder de nuestros políticos de todo pelo que toman el cargo no como un encargo de la ciudadanía en el que tienen que ser honestos, sino como si fuera un modo de vida, "su" modo de vida y pierden la perspectiva de dónde están y lo que deben hacer. ¿En qué sentido digo esto? No sé por qué, me he acordado de esa costumbre de crear empresas "semi-publicas" dónde ir colocando con buen sueldo a quien abandona la política activa. ¡Hombre! No va a volver a una vida y sueldo vulgar después de haber probado las mieles del poder, eso podía faltar, le ponemos un carguito en una empresa de esas creadas al efecto, o en una mancomunidad de dudosa necesidad y utilidad, o en una fundación de algún banco o caja. Eso sí, con un sueldo de los buenos, que cuando la gente se acostumbra a tener ya no puede volver a ser mileurista ni dosmileurista siquiera.
Amós, el profeta que era pastor de sicomoros, hubiera sido más bruto al decirlo, pero yo no soy Amós, así que sólo diré que se comportan como señoritos cortijeros que piensan que se lo debemos todo, que el poder es suyo y el dinero también. Qué pueden hacer lo que quieran y tenemos que estarles agradecidos, que no tienen que esforzarse por saber hacer, por ejercer bien el cargo; su soberbia y su orgullo les ciega. Han aprendido a controlar la información de forma que pase lo que pase y hagan lo que hagan, sean los demás los que parezcan culpables, llegando a un nivel de mendacidad obsceno.
Y aquí lo dejo que luego me miran mal.
Feliz semana.

2 comentarios:

Juanlu dijo...

Por los gobernantes de nuestra sociedad, para que descubran que el fin de sus cargos, no es adquirir votos, poder o riquezas, sino como un servicio a la humanidad para una mayor igualdad y dignidad. Roguemos al Señor.

Rafael B. dijo...

Te rogamos, oyenos. Pero, mientras tanto, vamos a ver con lupa a quién votamos...

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