21 agosto 2008

Relato: La piedra del pastor (y II)

No sé que capricho de la parca me hizo reaccionar como un tonto cuando rechacé acompañarla. Ella se había convertido en todo lo que deseaba mientras vivió en el pueblo, encargándose del negocio de su familia. Cada año habían venido a vender alfarería en el mercado de ganado. Pero sólo este año ella brilló para mi como si antes hubiera estado ciego y nunca hubiera visto el sol. Sus ojos color miel contienen para mi todo el color de la primavera, su cabello, como el oro viejo, es como la mies en su sazón. Su cuerpo todo, el breve momento que estuvo entre mis brazos, es lo único que deseo. Su corazón no puede tener sitio para otro y su voz, es la última música que deseo escuchar. Hubiera ido con ella, pero ¿quien cuidaría los ganados en mi ausencia? Mis padres insistieron tanto, mis hermanos menores querían hacerme ver que me necesitaban, que era una locura acompañarla de pueblo en pueblo, que no la conocía en realidad. ¡Qué saben ellos del amor! Decían que no podía amarla en tan breve tiempo como habíamos estado juntos. Pero sé todo lo que tengo que saber sobre ella y la amo como sólo se puede amar al destino que los dioses te han preparado.
Fui un cobarde y por eso la vida se volvió tan insulsa y tan vacía que a los dos días de marcharse (prometió volver por mi, lo prometió) lo dejé todo y me vine al cruce de caminos a esperarla. Esta es mi casa mientras ella no vuelva. No hay vida para mi si no es con ella... hace tanto calor hoy... pero la noche se acerca y me aliviará con su manto de oscuridad... el lucero vespertino brilla allá a lo lejos, y apenas se distingue el camino, todo se vuelven sombras... ¿alguien baja por el camino? Veo una sombra que viene hacia aquí, el pecho me estalla, debe ser ella... ¡si al menos pudiera ponerme en pie para correr a su encuentro! Pero no sé que me pasa, me pesa todo el cuerpo, mis piernas se han vuelto como de piedra y siento un gran vacío, como un abismo que se abre ante mi cuando me esfuerzo en levantarme... ¡ven amada mía!



...Abro los ojos, he tenido una ensoñación mientras estaba recostado sobre la piedra de Marco. Por un momento me pareció ser él, siempre esperando a su amada. Un adolescente de diecisiete años que ha conocido el amor por primera vez y éste le ha abrasado las entrañas. Cada mañana su familia se acercaba adonde estaba aguardando, siempre aguardando, esperando disuadirle para que les acompañara de regreso y, en todo caso, para traerle algo de comer y cuidar así de él. Pero una mañana cuando llegaron, le vieron arrebujado en su manto y con los ojos muy abiertos e inmóviles. Luego supieron que la mayor parte de la comida que le traían alimentaba a los animales que pasaban por allí. El sol, la intemperie y el hambre consumieron al muchacho que ahora espera a su amada en la eternidad. Dicen quienes viven por aquí, que cuando el viento sopla del norte en este paraje, se escucha un gemido que estremece los corazones, como un llanto apagado y continuo. Unos dicen que es debido al aire que pasa por las hendiduras de la piedra, otros afirman que es el llanto de Marco por su amada hasta que vuelva.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay amores que matan, ¿no?
Beatus Ille

Rafael B. dijo...

Pues sí.

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