05 junio 2008

¿La verdad? Como si le importara a alguien.

Encuentro el blog del sacerdote encargado de la programación religiosa de la COPE. He leído algunos de los artículos y me gusta su tono y su capacidad para ser justo y verdadero. El problema es que ser justo y verdadero no es políticamente correcto en el día a día de este burdel en que se han convertido los medios de comunicación en general, incluida la COPE. Aunque si quiero ser yo también justo y verdadero tengo que decir que no todos ocupan sus lechos de lenocinio con el mismo merecimiento. No voy a hacer clasificaciones porque no tengo estómago para escuchar a todos. Me hacen gracia los incondicionales de cada cadena o de cada locutor que los defienden a capa y espada, pero poco más voy a decir.
Hay un comentario de M.M. Bru en su blog sobre los obispos que me recuerda una anécdota vivida en el instituto. De aquí sale el título de este artículo, que no es sino un lamento a modo de desahogo porque yo creo que la verdad importa y que no es relativa aunque se ponga ese latiguillo como excusa para no buscarla ni informarse. La anécdota es como sigue: un profesor se ha casado recientemente, por supuesto por la Iglesia aunque no cree en nada, todo coherencia y sinceridad en palabras y acciones, por lo que se ve ha tenido charlas pre-sacramentales y en ellas le ha tocado algún ponente de lo más rancio que ha venido a dar una explicación sexista de la relación matrimonial, por supuesto en la que la mujer no queda bien. Probablemente el encuentro ha sido más largo y se ha hablado de bastantes más cosas, pero él ha cogido esa parte y la ha interpretado siguiendo el consabido método de generaliza que así aciertas. Para concluir: según él, el ponente ha justificado la infidelidad (no con sus palabras, sino que él deduce de ellas que se justifica así), lo ha hecho porque como el noventa por ciento de la gente se divorcia (sic) así la gente no se siente tan impulsada a divorciarse si aguanta cierto grado de infidelidad y no se alejan de la Iglesia, con lo que la Iglesia (nuevo salto a lo general) justifica la infidelidad masculina con la intención antes dicha. Y como a él no le parece absurdo su razonamiento, es que debe ser verdad.
El problema es que el ponente se perdió hablando de la sexualidad masculina y femenina explicando la diferente forma en que la experimentan uno y otro sexo. Como si fuera una moderna herejía las diferencias entre uno y otro en el nuevo tiempo de la igualdad. Con lo fácil que le hubiera resultado ser coherente y no tener que escuchar nada de eso. Pero supongo que con la crítica oculta el verdadero problema.
Vuelvo al título, qué importa la verdad, qué importa todo para nadie. Buscar la verdad supone una nueva forma de ascesis en el tiempo que vivimos.

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