28 marzo 2008

Política y educación.

El silencio de una habitación en penumbra en medio de la noche, el vacío de la página en blanco. Un punto de luz sobre la mesa que parpadea levemente.
Al fondo, la televisión habla de las noticias del día. Los políticos, tan encantados de haberse conocido y vivir de todos nosotros, ejecutan su coreografía del comienzo de la legislatura. Pienso que una vez confié en todo eso, que creí que alguien se ocupaba de que todo funcionara y fuera bien, que alguien cuidaba de que hubiera justicia, que se construyeran las infraestructuras necesarias para nivelar las desigualdades, que todos tuviéramos cierta igualdad de oportunidades, y digo cierta porque sé que no es posible la igualdad absoluta ni en el mejor de los escenarios posible.
Ya hablé en otro momento del desencanto que me embarga, de la profunda frustración que me produce la liturgia inane de esta conjura de necios que se aferra al poder pisoteando todas las utopías y los sueños del pasado. El asco que me produce la hipocresía vestida de demagogia, la propaganda sin escrúpulos, la mentira descarnada, la construcción de la realidad que hacen para que les sigamos hasta el abismo que sea que quieran llevarnos. Ese estar por encima del bien y del mal y acusar de todo eso al otro mientras blindan sus sueldos, indemnizaciones y jubilaciones a costa de ciudadano de a pie.
Me gustaría escribir algo más positivo, pero hoy en la evaluación del instituto de ESO alguien puntuaba "por pena" y así permitía que aprobaran perfectos analfabetos que van pasando cursos sin aprender nada ni comprender nada. Los mismos que se quejan de lo mal que está todo luego puntúan "por compasión" a chicos y chicas que necesitan que alguien saque algo de ellos, no que los arropen y les den el biberón. Qué queréis que os diga, no estoy optimista de ver que han necesitado votar tres veces hasta conseguir aprobar ese soborno de la Junta para mejorar los resultados. Han reconocido que: no hacen todo lo que pueden, la culpa del fracaso estudiantil es suya, su honestidad profesional tiene un precio y su sentido de la democracia es repetir las votaciones hasta que salga el resultado correcto.
Pues sí, realmente no estoy muy optimista, hasta hoy no lo había pensado detenidamente y realmente da asco.

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