19 marzo 2008

Miércoles Santo.

Fuera llueve, iba a decir "a mares". Pero sería exagerado. El pronóstico parecía ser lluvia hoy, sol el resto de la semana. No sé, no soy meteorólogo y no voy a intentar comprender ni comentar los pronósticos. Ayer me encontraba con P.A. y me decía que sí, que hoy llovería con total seguridad, que luego aclararía y más a final de mes habría unos días de lluvia otra vez, adelantaba una cifra para esos días finales, entre veintiún y veinticinco litros por metro cuadrado. A mí, tal seguridad y concreción me deja sorprendido, es como una suerte de nueva cartomancia pero aplicada a las cartas meteorológicas.
El caso es que me ha recordado todo esto cierta frase de Jesús en el evangelio de Lucas:
"En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: "Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?" (Lc 12, 54-58)
Hoy es miércoles santo y, debido a la lluvia, más de un cofrade habrá visto frustrada su expectativa de salir en procesión con el paso de su imagen tras semanas de duro entrenamiento. Se verá lo de siempre, lágrimas y emoción a raudales, comentarios de todo tipo, etc. No sé, soy de los que piensan que hay algo profundamente equivocado en que las lágrimas las produzca no poder salir con el paso y, sin embargo, ante la contemplación de la pasión y muerte de Jesús sólo haya total indiferencia. Creo que hay algo erróneo en esa emotividad restringida al ámbito de la sensibilidad estética. Comprendo esa emoción que produce el esfuerzo compartido bajo las trabajaderas, la sincronía de voluntades y sudor, los gritos y expresiones de ánimo, pero no encuentro diferencia con lo que hay en cualquier partido de fútbol o de otro deporte de equipo.
Creo que vivir lo santo de esta semana viene de un encuentro "en espíritu y verdad" con el crucificado, el resucitado. Que el exceso de adorno distrae de lo importante, que hemos de buscar la perla preciosa, el tesoro enterrado y no entretenernos con lo accesorio, lo espectacular y lo brillante que envía un mensaje equivocado.
Quizá exagero, no lo sé, pero creo que hay un residuo de paganismo superviviente en adornarlo todo con signos y símbolos de majestad. Coronas, terciopelos, bordados, potencias, catafalcos, peanas, oropeles y palios presentan a imágenes dolientes revestidas de un poder ajeno al que emana de la entrega y la humillación, de la coherencia y el sufrimiento. Así el dolor queda oculto y el que se acerca sólo puede sentirse impresionado por la majestuosidad y el poderío con que están revestidos el dolor, la pasión y la muerte. Así desactivamos lo chocante y hasta revolucionario de la muerte de Jesús y sus circunstancias.
Sólo puedo coincidir con León Felipe cuando escribía:
Hazme una cruz sencilla,
carpintero...,
sin añadidos
ni ornamentos,
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos,
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
Sencilla, sencilla...
Hazme una cruz sencilla,
carpintero.

4 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

Estoy de acuerdo contigo en la primera parte. Viéndolo desde fuera del campo lo que le sugiere a uno es que esa clase de contradicciones son una magnífica ocasión para vivir el verdadero espíritu de la Semana Santa. Sugiero, por lo demás, que seamos cuidadosos a la hora de juzgar el corazón de los hombres y no asignemos imprudentemente sentimientos que bien podrían no ser tales y si fruto de algo mucho más profundo.

No estoy de acuerdo con lo que comentas en la segunda parte. No me parece pagano, sino bastante humano el querer revestir de gloria a la Gloria. Siempre que surgen estos temas recomiendo vivamente la lectura de este extraordinario artículo.

Y ya que estamos creo que también son bastante apropiadas las recientes palabras que Monseñor Asenjo obispo de Córdoba, dirigió a las Cofradías y Hermandades de su diócesis. Muy ponderadas, muy equilibradas y yendo al cogollo de la cuestión. Se pueden leer aqui

Rafael B. dijo...

Pues de eso se trata, de ir a "lo esencial", casi puedo decir que es mi lema. Yo soy de los que en ese esfuerzo agota toda la energía. Veo a mi alrededor demasiada gente que la gasta en el revestimiento, en el oropel y la fanfarria. Y no puedo estar de acuerdo. Horas de tiempo y cantidades de recursos humanos y monetarios empleados en el oropel mientras Cristo sigue disfrazado de mendigo a la puerta de sus corazones.
Si le dedicaran, al menos los que yo conozco, la mitad del entusiasmo, tiempo y recursos a ese encuentro con lo esencial, en espíritu y verdad, ¿quién podría detenerlos? ¿Qué podría abatirlos en el esfuerzo por construir el Reino y hacer de la Iglesia el hogar de todos y la casa de los que buscan y son buscados por el Señor? Me estremezco de pensarlo. Pero seguimos construyendo cosas majestuosas creyendo que eso es lo que gusta a Dios sin preguntarnos exactamente qué fue lo que nos pidió que hiciéramos.
Cuando Natán se encuentra con David le reprocha "¿Con que vas ha hacerme una casa -dice el Señor-? ¿Qué podrás darme que ya no sea mío?". ¿Quién necesita lo majestuoso sino cierta vanidad, muy humana, cierto, que nos impulsa a querer demostrar lo que queremos al que es el Amor de todo amor? Como si fuera posible competir con Él o Él quisiera que lo hiciéramos.
No sé, tal vez exagero y soy algo miope para estas cosas.

Embajador en el Infierno dijo...

Rafael- Yo, de verdad, no me atrevo a juzgar el corazón de los hombres. Y hay una cita en el Evangelio muy clara al respecto.

Mi experiencia, que sin duda no es ni la mitad de extensa que la tuya, es que en el corazón de los que se esfuerzan por revestir al Cristo y su Madre de oropeles hay auténtico espíritu cristiano y apostólico.

Claro que, de todo hay en la viña del Señor. Aunque en cualquier caso no creo que "volver a lo esencial" signifique necesariamente desnudar al Cristo. Si ves lo que quiero decir. A lo mejor si hacemos eso volveríamos a quedarnos en arramblar con lo accesorio.

Y en ese sentido me parecen muy sabias las palabras del Obispo Asenjo pues a lo que llama es a aprovechar lo que se tiene para ir a más, en vez de destruir lo hecho para llegar a ningún sitio.

Rafael B. dijo...

Si fuera posible ir a alguna parte. Pero encuentro algo difícil que quien concentra sus esfuerzos en "estrenar" algo y cuidar la tradición, se preocupe más y mejor por llegar al Cristo oculto tras todo ese ropaje y esteticismo. Nos quedamos en juegos de luces, colores, olores y músicas, y mientras tanto el "varón de dolores" pasa desapercibido. A mi me gustaría ver que la gente que está en hermandades y cofradías y piensa en flores, candelerías y terciopelos, se encuentra con Cristo y vive el evangelio, que usa todo eso para evangelizar. Pero no lo veo, la mayoría aparece, monta su espectáculo y se marcha cuando termina. Se enfada si algo le hace sentirse culpable y arremete contra la Iglesia por no elogiar su esfuerzos por pasear la imagen y cuidarla tanto. Tanto que no vacilan en machacar a quién no esté de acuerdo o les lleve la contraria, muy cristiano, sí.
Hay gente evangelizada, sí. Son los mismos, son los moderados, los que intentan aliviar las tensiones que surgen y se preocupan un poquito de algo más que la apariencia, una minoría que a veces se las tiene tiesas con el resto...
En fin.

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