20 marzo 2008

Jueves Santo


La sala está iluminada por el brillo dorado de la luz vespertina. Algunas velas dispersas por la estancia auguran la cercana hora de la oscuridad y semejan estrellas que titilan en el atardecer prematuramente. En el centro, hay una enorme mesa, son muchos los comensales y la fiesta es importante. No en vano celebran la vida y la libertad de un pueblo. Han sacado las mejores galas, el mantel nuevo, platos, copas, hay fuentes con cordero humeante y el pan en diversas fuentes sobre la mesa. El unas jarras de vino esperan junto a ellas. Hay verdura y salsas diversas.
Los comensales están cantando, recuerdan en las estrofas de sus cantos que un día fueron esclavos y ahora son libres, que estaban muertos y fueron llamados a la vida. Hay entre ellos miradas de fraternidad y compañerismo difíciles de hallar hoy.
Han terminado de cenar, están alegres y entonces, el que preside, ha tomado la palabra. Todos han guardado silencio inmediatamente. Lo miran extasiados y un poco extrañados. Esta cena es inusual, llevan tiempo preparándola, han hecho un largo camino para celebrarla en la ciudad y él ha estado un poco enigmático desde hace días con respecto a todo esto.
Ha tomado un pan en sus manos y lo ha partido, empieza ha repartirlo mientras dice: "Tomad, comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros". Se han quedado perplejos, más enigmas, pero han hecho lo que les decía. Después ha hecho algo parecido con una copa de vino, la ha llenado y la ha pasado diciendo: "Tomad, bebed todos de ella, esta es mi sangre que se derrama para el perdón de los pecados". Eso les ha chocado, ¿su sangre? Suena hasta blasfemo, beber la sangre, aunque sea en símbolo, está prohibido por la ley. Pero qué van a hacer, así es Jesús, extraño y desconcertante todo el tiempo.
Luego han intentado preguntarle que quería decir con todo eso, él ha explicado poco, pronto se ha marchado con unos pocos a un huerto cercano, la ciudad no es segura para él, toda Jerusalén sabe que ha venido y las autoridades se la tienen jurada. Los que se quedan recogen todo mientras dan vueltas a lo que acaba de pasar. Bueno, mañana será otro día y tal vez Jesús esté más locuaz y se lo explique a la luz del día. Tal vez los que se han marchado a pasar la noche con él tengan la oportunidad de preguntarle y se lo explique, quien sabe.
La primavera está al comenzar, hay luna llena y Jerusalén duerme...

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