05 enero 2008

Regreso a las aulas... "the movie".

A punto de regresar a las aulas tras el paréntesis de las navidades, empiezo a sentir estrés sólo de pensarlo. Bueno, ciertamente exagero. A veces gasto bromas a algún alumno que encuentro por la calle diciéndole: "¡Qué bien! Ya queda menos para volver a clase". El embromado me suele mirar con cara de espanto repentino sólo de pensarlo, luego sonríe al captar la broma, aunque siempre hay alguno que no lo pilla y explota en quejas sobre el particular, qué se le va a hacer. No sé si lo he dejado claro, pero creo que la actual situación de la educación es lamentable tirando a desastrosa y con tendencia al empeoramiento. Esto último dado que la educación se convierte también en arma electoral y caladero de votos. Da la impresión de que la reflexión de los pedagogos que asesoran a los ministros de educación y adláteres, hace tiempo que es inmune a la realidad. No voy a abundar en el fenómeno que aqueja a los planes educativos que muy bien podría resumirse con la siguiente frase: "La sabiduría me persigue, pero no importa, yo corro más". No importa cuanto se bajen los baremos, límites, exigencias, topes o lo que sea, la masa del alumnado tenderá en proporción directa o indirecta a aumentar su índice de fracaso, indigencia intelectual, etc. Cualquier medida tendente a apuntalar el sistema actual y, a la vez, aumentar los índices de éxito escolar provocará sucesivas caídas inesperadas (¿inesperadas?).

Corolario: pase lo que pase, no pasa nada y estamos mejor que nunca, los culpables son los otros y en otro tiempo y en otro lugar, están peor. Este es el lema oculto de ministros/as, consejeros/as, delegados/as de educación de todo pelo. Y les pagamos a precio de oro.
Corolario dos: si les parece que los "maestros" viven bien, deberían ver como viven los burócratas que el partido en el mando contrata para gestionar el desastre.
Corolario tres: visto lo visto, el principio de Peter se cumple de forma casi arrogante.

Y para terminar un decálogo de Gregorio Luri bastante atinado aún cuando algunas propuestas crean otro problema al solucionar el previo (en su blog hay más):
  1. Escuchar a los profesionales. Y escucharlos sabiendo que mienten, porque nadie está dispuesto a admitir que tiene problemas si sabe que será inmediatamente señalado como provocador de problemas.
  2. Dar estabilidad a las leyes. ¿Cuántas reformas y contrarreformas hemos conocido en estos últimos 30 años? ¿Y no parece evidente que cuanto más cambian las leyes más diáfano es el mensaje de que no tenemos confianza en la ley?
  3. Mandar a todos los profesionales que están haciendo tareas administrativas a las aulas, eliminando toda la burocracia sin sentido.
  4. Centralizar. Sí, ya sé que esto va contra las señales de los tiempos, y que los especialistas creen que la autonomía de los centros es el remedio para buena parte de los males. Centralizar quiere decir darles a todos los profesionales la programación que tienen que desarrollar, y asegurar que la cumplen. La libertad de cátedra no tiene sentido en la enseñanza no universitaria.
  5. Reducir la extensión de los conocimientos, especialmente en primaria y secundaria obligatoria, para aumentar su intensidad.
  6. Recuperar la seriedad en la escuela, comenzando por la tarima para el profesor y siguiendo por los hábitos imprescindibles en el vestir, comportamiento, etc.
  7. Ofrecer alternativas de educación no formal al alumno que, simplemente, detesta la institución.
  8. Garantizar que el profesor que se contrata está capacitado, como mínimo, para resistir la mirada de sus alumnos.
  9. Eliminar toda asignatura que pueda calificarse de “maría”: es un cáncer.
  10. La gestión de los centros debe ser responsabilidad exclusiva de la administración (que para eso ha sido elegida democráticamente) y los profesores.

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