29 enero 2008

La prensa.

Cae en mis manos uno de los ejemplares de "El País" que "gratuitamente" (¿quién paga esos ejemplares?) llegan a los institutos andaluces. En la sección "Andalucía" del 24 de enero leo la reseña que un tal Manuel Planelles hace de las orientaciones pastorales de los obispos andaluces de cara a la próxima campaña electoral. Bueno, más que reseña es un artículo rabiosamente crítico en el que no se dice lo que piensan los obispos sino lo que piensa el periodista sobre lo que han dicho. Es decir, no sabemos lo que han dicho pero sí que a Manuel Planelles le parece muy mal, muy feo y que sin decirlo invitan a votar al PP. Es decir, riza el rizo en análisis sectario y juicio de intenciones. Claro, es que ellos saben antes que los obispos lo digan, lo que los obispos quieren decir aunque no lo digan claramente. ¿Me explico?
El artículo lo podía haber escrito cualquier redactor de las consignas de campaña del PSOE y no notaríamos la diferencia, eso es ser periodista sin vergüenza, vamos sin vergüenza de tener una opinión política formada y evidente, transparente en todo momento. Viva el periodismo ecuánime y de información, aunque no conozcamos dónde vive.
Si el artículo apareciera en "Mundo Obrero" o "El Socialista", bueno, qué se puede esperar, pero cierta prensa con pretensiones, convertida en panfleto descarado da cierta grima.
Sobre el particular hay un párrafo que recuerdo y traigo a consideración, lo encontré en "La Huella Digital" y parece adecuado:
«Los periodistas, mala y diabólica ralea, nacida para extender por el mundo la ligereza, la vanidad y el falso saber, para agitar estérilmente y consumir y entontecer a los pueblos, para fomentar la pereza y privar a las gentes del racional y libre uso de sus facultades discursivas, para levantar polvo y servir de escabel a osadas medianías y espíritus de fango, dignos de remover tal cloaca».
Marcelino Menéndez Pelayo.

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