17 enero 2008

El sacramento del cordero.

Hace años leí el libro de Heinrich Böll, Billar a las nueve y media. Tengo que decir que es un libro que deja un regusto amargo y triste, a pesar de mostrar como en medio de la brutalidad más deshumanizada siempre anidó un principio de esperanza y de resistencia al horror más descarnado. Años después de la segunda guerra mundial, tres generaciones de arquitectos se encuentran y sus recuerdos y heridas del pasado, recrean la historia reciente. En un momento de la historia se contrapone el sacramento del búfalo, de los fuertes y poderosos, de los violentos sin conciencia (el nazismo), con el sacramento del cordero, que representa la debilidad, las víctimas que se niegan a ser parte de la violencia institucionalizada del régimen. Los corderos eran arrasados sin piedad por los fuertes. Pero no es mi intención resumir la trama, sólo recomendarte la lectura del libro, es de los mejores y más profundos de su autor con una prosa densa (supongo que en alemán se leerá mejor, pero no sé alemán) y una capacidad de disección de la moralidad y los recuerdos que conmueve.
Todo esto viene a que he leído con cierto espanto: "La reunión ha sido francamente favorable, nos ha atendido de manera cordial y por primera vez un político nos ha dado las gracias por la labor que estamos realizando", publicado en El Mundo de hoy. Y el motivo es la reunión de los representantes de los centros abortistas con el ministro de sanidad.
¿Cuál es la labor que están realizando y que les agradece el ministro? En lo que llevamos desde la despenalización del aborto se han producido sobre el millón de abortos en España. La cifra da escalofríos. Centros para arrancar el feto de las entrañas de su madre. Y se les agradece, así las mujeres pueden decidir si quieren dejar nacer la vida que llevan dentro o destruirla antes que vea la luz. Tremendo, no sé por qué se me vinieron a la mente los campos de concentración donde se exterminaba en plan industrial a judíos y todo tipo de gente incómoda para el régimen nazi. Son los débiles, representados por el sacramento del cordero, de la indefensión frente a los fuertes y los violentos.
Nos tiene que parecer normal, moderno y avanzado. Quien se oponga debe ser un peligroso ultraconservador por ponerse de parte de los niños no nacidos y no querer que su madre sea la que elije entre su vida o su muerte. Tremendo engaño.
Es terrible también este párrafo: "los residuos los recoge una empresa funeraria, en lugar de una compañía incineradora, que acude a los centros abortistas con un furgón fúnebre. "Al menos hemos conseguido que no vengan con féretros [para recoger los residuos], sino con unas cajas pequeñas".
Dicho de otra forma, para acabar de cerrar el círculo de la indignidad, hay que mirar los restos de los abortos como residuos, no como restos humanos, así se les niega totalmente cualquier vestigio de humanidad y es menos dramático para la escasa conciencia que demuestra todo esto. El que vinieran a recogerlos con "féretros" les resultaba chocante...
No soy capaz de seguir, la nausea que da esta gente y su argumentario nublan la razón y el sentimiento.

P.D.: La reseña del libro puedes leerla aquí y más sobre el autor aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estos progres son así, no reciven a la asociación pro-vida pero sí a las chicas feministas abortistas. Pues eso, los católicos nos tenemos que poner un poco las pilas y "Botar" el día 9 de M a Z y la Sonso de la Moncloa, que ya está bien de tragar y callar como si no fuera con nosotros. Lo mismo para el impresentable D. Manué que quiere que paguemos los abortos en los hospitales públicos,con tanto capillita que hay en andalucía se puede echar semejante personaje de la casa rosa y así de paso a todos los adosados del régimen. JAVIER CASTAÑO

Anónimo dijo...

reciven con b, reciben. JAvier

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