31 marzo 2007

Educación ¿destructiva?

Tengo un problema. Me he vuelto adicto a los blogs. No puedo parar de leer blogs de aquí y de allá. A veces acabo mareado de saltar de uno a otro sin recordar dónde leí aquello que me gustaría citar en una conversación, un artículo o una entrada en mi blog. Y es que escribo poco en mi blog porque empleo demasiado tiempo leyendo los ajenos.
Bueno, exagero un poco, sí, no estoy todavía necesitado de terapia, pero tengo algunos blogs en mi lector de feeds que me sorprenden con frecuencia. Uno es Bienvenidos a la fiesta que se presenta como "blog y diccionario de literatura infantil y juvenil". En dicha bitácora he encontrado una reseña (¿cómo pueden leer tanto?) que viene a decir, citando, lo siguiente:
Unas citas del economista alemán de nacionalidad inglesa E. F. Schumacher:
«La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho de la clase de ideas que llenan nuestras mentes. Si son insignificantes, débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá insípida, aburrida, penosa y caótica».
«Una educación que no consiga clarificar nuestras convicciones centrales es meramente un entrenamiento o un juego. (...) La educación, lejos de ser el más grande recurso del hombre, será un agente de destrucción, de acuerdo con el principio corruptio optimi pessima».
Y claro, después de leer esto uno sólo puede aplaudir por haber conseguid expresar lo que uno piensa. Sobre todo si se dedica uno, de alguna manera, a la educación y convive con la destrucción de la actual generación de jóvenes. Dicho de otra manera, me siento impotente ante lo que describe la cita, niños y adolescentes que crecen sin madurar. Se hacen adultos sin superar sus conflictos de adolescentes, creyendo que todo es apariencia y superficie, cuestión de lo que gusta y lo que disgusta. Vidas insípidas y aburridas, penosas y caóticas que recurren a la autodestrucción o la destrucción de otro para ver si, al menos así, algo merece la pena. Hijos pródigos que nunca reconocerán su error y se consumirán en la autocomplacencia y el hambre de quienes no ven más allá de sí mismos y sus derechos sin dignidad.
Es eso lo que me hace afrontar las tareas educativas con cierta tristeza, la de quien lamenta el tiempo perdido, las vidas perdidas. Aun cuando, de tarde en tarde, alguien brilla con luz propia en medio de la mediocridad y el vacío, despierta la esperanza aunque sea por un instante. Aún cuando debes dejarlo marchar, piensas que quizá no todo está perdido y tu trabajo no es del todo inútil.
No quiero ser derrotista, pero a veces la realidad pesa como una inmensa losa y necesito desahogarme.
Salud.

1 comentario:

Ignacio dijo...

niños y adolescentes que crecen sin madurar. Se hacen adultos sin superar sus conflictos de adolescentes




Esa es la clave de lo que está pasando en España

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