22 noviembre 2006

Mirarse el propio ombligo.

Alguien en la radio decía un día de estos que a muchos hoy les falta madurez "espiritual", sentido de totalidad, que están encerrados en sí mismos, mirándose el propio ombligo.
En esas condiciones mal se puede "gestionar" nada que incluya al otro, a los otros, como sujetos idénticos a mí mismo, como "prójimo", otros que son yo de alguna manera. La tentación repetida es que sean "objeto", parte de mi mundo, del mundo que me debe algo, que está ahí para satisfacerme y llenarme de lo que ansío, de lo que deseo, de lo que creo que necesito. Se puede entender el fracaso de un proyecto de familia con estos cimientos, el fracaso de la política como arte de administrar lo de todos para todos, incluso los que no piensan, sienten, viven como yo. Se puede entender también que se haya llegado al consenso de que no hay más verdad que el hecho de que no hay verdad, sólo verdades relativas (relativas a lo que interese ver con el cristal que miramos), que la realidad no existe sino que hay que construirla con leyes y decretos, con opiniones políticamente correctas y acuerdos artificiosos e interesados.

No sé a ustedes, pero a mi me da miedo un mundo de gente así.

1 comentario:

Ignacio dijo...

No es así.
Es peor.

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