23 octubre 2006

El domund...


El pasado 22 de octubre la Iglesia celebró la jornada del "domund" un año más. Pensando un poco en las cosas que uno escucha por ahí, no deja de sorprenderse por la escasez de luces que muestran algunos razonamientos con que la gente más "progre-guay" te asalta.
Yo suelo decir que si los negros de África no mueren de mil en mil, no son noticia. Un sólo norteamericano o europeo en dificultades supone mucho más tiempo en los informativos que los cientos de miles de sudaneses muertos, exiliados, vendidos como esclavos, violados, etc. (por citar sólo un país). Cuando la noticia salta, resulta que allí, en ese lugar remoto donde nadie elegiría trabajar y menos vivir, hay una comunidad misionera de algún tipo. Pues bien, hay gente de la antes mencionada que como crítica "compasiva" (esa que se hace para denostar aparentando equidistancia y buenismo del mejor) alude a que la Iglesia que le llama la atención o en la que "cree" es esa, la de los misioneros y misioneras que dan su vida en esos rincones perdidos del mundo.
Ustedes me van perdonar que me ponga bruto y algo maleducado, pero si me lío matar tontos me quedo solo. Lo digo porque en esos casos, si veo que merece la pena intentarlo, inicio el siguiente razonamiento: ¿Y de dónde han salido esos misioneros que son tan admirables? ¿Quién los educó, preparó y envió allí a realizar esas tareas? ¿Quién es la retaguardia que ayuda y apoya de mil maneras su trabajo? ¿De dónde va a salir el repuesto de su jubilación? Y es que estuvieron sentados en los bancos de mi parroquia, crecieron en mi pueblo, en mi barrio, en mi ciudad. Se educaron en mi colegio, aquí hicieron su primera comunión y aprendieron a orar. Fueron sus muy "tradicionales" familias las que les apoyaron en el esfuerzo por crecer como creyentes comprometidos. Incluso cuando se oponían, les estaban haciendo más fuertes en su vocación. En esta Iglesia, tan denostada hoy, conocieron al Dios de sus vidas, el que les llamó, les comprometió y les envió a ser testigos del amor y la esperanza, a sembrar la confianza que da solidez y sentido a la vida. Si estos templos se quedan vacíos, las misiones como hoy las conocemos desparecerían y todos perderíamos algo importante. Seríamos la nueva tierra de misión. Quizá África, América o Asia sean una inversión a largo plazo para la lanquideciente Europa, tan satisfecha de sí misma, tan buena, tan vacía y tan ciega de lo que le hacer ser y tener identidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No te pongas a quitar "tontos de enmedio" porque si te quedas solo ¿Qué vas a hacer en tu isla desierta?
La pena es qué es lo que no han descubierto de la vida para que no la tomen también como una misión. Cuando se piensa en los misioneros sólo se hace en las penurias que se pasan para llegar a los poblados, pero no se fijan en lo que significa TENER LA OPCIÓN POR ESTAR Y COMPARTIR LA VIDA CON LA GENTE para poder hacer un mundo más justo, más digno, más como se parece a lo que Dios pensó para el ser humano de todos los tiempos. Se han perdido el consagrar sus vidas con otros para hacer lo mismo en el lugar donde viven... se han perdido la misión en sus sitios, esa dimensión que nos hace más humanos, más nosotros, con la capacidad de donar la vida para hacer un pueblo, una ciudad, diferente... igual que los objetivos que tienen los misioneros en otros países.
En fin, querido misionero, no quites a nadie de enmedio... y animémonos unos a otros mientras dura este hoy, porque nuestra misión es quitarle el polvo a "la brillantez" que hemos estado viviendo para que salga de nosotros lo más puro y refleje el rostro de Dios, que hoy tanto necesita el mundo. Hay muchas cosas que ofrecer y espero que mucho tiempo para ofrecernos.
Te deseo toda la ilusión del mundo para ejercer nuestra misión como creyentes y hagamos más creíble ( como los misioneros de otros países) lo que nos mueve cada día....
feliz día y millones de felices mañanas.

Rafael B. dijo...

Quiero suponer que entiendes el cansancio que produce enfrentarse a los mismos tópicos cada día, todos los días, todos los años...
Más allá de todo eso seguiremos haciendo lo que hay que hacer, construyendo poquito a poquito, con debilidad pero con constancia, lo que se nos encargó. Y si erramos en la construcción, esperamos ser perdonados por el que puede perdonar.

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