16 octubre 2006

Diario de un turista ocasional (I).

Viajo poco. Ya me gustaría viajar más, pero las veces que me lo puedo permitir no puedo hacerlo y viceversa. Así que cuando me salió la oportunidad de viajar este puente del Pilar, lo organicé para poder hacerlo. Este es el resultado de mi primer viaje a Italia.
Salimos temprano el primer día, a las 9:30 de la mañana del Aeropuerto de Sevilla en un vuelo de esos de "bajo coste" (low cost, que dirían algunos) de la compañía Ryanair. No estuvo mal, directo a Bérgamo sin complicaciones. Los asientos un poco estrechos para mi gusto, eso sí.
En el aeropuerto de Orio al Serio alquilamos un vehículo, una Fiat Ducato de nueve plazas, con la idea de movernos con cierta libertad, nuestro hotel estaba fuera de Milán y por tanto lejos de las estaciones de autobús o tren. Buscamos la compañía más económica "Localauto", eso se demostró ser un error posteriormente.
Cuando salimos del aeropuerto comienza la aventura. Lo primero es llegar a Milán en la creencia de que así llegaremos al hotel. Uff. No sé como serán otras ciudades similares en Italia, pero Milán está rodeada de un laberinto de carreteras que cruzan los pueblos del extrarradio llevándote de uno a otro a menos que te descuides. Ese fue el primer paso, una ruta de 45 minutos se convirtió en un periplo por los pueblos suburbanos. Al final llegamos a Milán y comenzó el segundo capítulo, dar vueltas y vueltas por la ciudad, todas las calles parecían o llevarnos fuera de nuevo o hacernos dar vueltas y más vueltas sin sacarnos en la dirección correcta. Ah, y sin saber italiano ninguno de nosotros.
Después de dos horas y media dando vueltas por Milán nos decidimos a parar a comer, otro paso más en nuestra aventura. Dados los horarios, a las cuatro o así de la tarde ya estaban los restaurantes cerrados y la cafetería que encontramos sólo tenía bocadillos. Teníamos tanta hambre que nos dio igual. Nos comimos los bocadillos con las generosas cervezas de media pinta que nos pusieron.
Una vez comidos, las cosa iba mejor, porque antes había algún viajero dispuesto a arañar al conductor (que era uno de nosotros, claro está). Después de preguntar a varias personas, fue una amable conductora la que nos condujo hasta la vía Ripamonti que nos permitió salir en la dirección correcta.
Aún nos quedaba tomar la desviación y llegar al hotel, pero antes nuestro conductor nos llevó hasta un enorme geriatrico que estaba en la misma dirección. Cualquier cosa con pinta de hotel ya nos atraía, ni que decir tiene que nos reímos un montón durante todo el trayecto, aunque el que conducía no siempre apreciaba la gracia. En definitiva, llegamos al hotel a las tantas de la tarde y perdimos gran parte del día dando vueltas por Milán inútilmente.
Ese día apenas nos quedó ya tiempo para dar una vuelta por los alrededores del hotel y volver a Milán a cenar. En realidad pensábamos dar una vuelta nocturna por el centro, pero como nos volvimos a perder en la entrada, no nos atrevimos a seguir dando vueltas y nos conformamos con cenar en un restaurante agradable que encontramos por el camino.
Y así terminó el primer día, con pizza y descansando del exceso de kilómetros que nos llevamos por delante.

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