16 febrero 2006

¡No tengo tiempo!

Pues me he puesto a intentar escribir algo en este blog y resulta que no tengo tiempo. Así que me he acordado de este texto que copie de alguna parte...

“La gente se queja de que no tiene tiempo para nada. Miran su vida con ojos tremendamente humanos, Señor, he salido esta mañana a la calle y fuera había gente; iban, venían, marchaban, corrían; los coches corrían, la calle corría, el pueblo corría; corrían para no perder tiempo; corrían en persecución del tiempo, para atrapar el tiempo, para ganar tiempo.

Hasta luego, Señor excúsame, no tengo tiempo. Volveré a pasar, no tengo tiempo, no puedo esperar. Termino esta carta porque no tengo tiempo. Me hubiera gustado ayudaros, pero no tengo tiempo. Imposible aceptar, no tengo tiempo. No puedo reflexionar, no puedo leer, no tengo tiempo. Me gustaría rezar, pero me falta tiempo.

Tú comprendes Señor, no tienen tiempo.

De niños tienen que jugar y no les sobra tiempo; luego... más tarde... de chiquillos tienen que hacer sus deberes, no tienen tiempo; luego en el bachillerato, tienen sus clases y tanto trabajo, los entrenamientos,... no tienen tiempo.

De jóvenes hacen deporte, no tienen tiempo; más tarde. De mayores se enferman y tiene que cuidarse, no tienen tiempo... más tarde. De recién casados, tienen su casa, tienen que arreglarla, no tienen tiempo... más tarde. Ya padres de familia, tienen sus hijos, los amigotes en el bar, no tienen tiempo... más tarde. Ya están agonizando. No tienen tiempo. Demasiado tarde. Ya nunca tendrán tiempo.

Así corremos todos persiguiendo el tiempo, pasamos por la tierra corriendo, apresurados, atropellados, sobrecargados, enloquecidos, desbordados y no llegamos a nada jamás; falta tiempo a pesar de todos los esfuerzos, falta tiempo.

Oh Señor, tú has debido equivocarte en tus cálculos, hay un error general, las horas resultan demasiado cortas, los días se hacen demasiado cortos, las vidas son demasiado cortas.

Y tú Señor, que estás fuera del tiempo, sonríes al vernos batallar con él. Tú sabes lo que haces, tú no te equivocas cuando distribuyes el tiempo a los hombres. Tú das a cada uno el tiempo justo para hacer lo que quieres que haga.

Pero no conviene perder el tiempo, matar el tiempo que es un regalo que tú nos das; pero un regalo fugitivo, que no se puede guardar.

Señor, sí, ¡tengo tiempo! Tengo todo el tiempo mío, todo el que tú me das: los años de mi vida, los días de mis años, las horas de mis días, todas enteras y más.

A mí me toca llenarlas tranquilamente, con calma, pero llenarlas bien hasta los bordes, para ofrecértelas y que de su agua desabrida tú hagas un vino generoso, como hiciste en las Bodas de Caná.

Por eso, hoy Señor, no te pido el tiempo de hacer esto y aquello y lo de más allá, te pido solamente la gracia de hacer bien a conciencia lo que tú quieres que haga, en el tiempo que tú me das.

¿Y qué es mi vida en este momento? ¿Tengo tiempo para darme cuenta del verdadero sentido de vivirla?”

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